Había una vez un hermoso jardín lleno de colores y risas, donde cinco amiguitos siempre jugaban juntos. Sus nombres eran Eliseo, Tiziano, Maiten, Camilo y Emily. Cada uno de ellos tenía algo especial que lo hacía único y maravilloso.
Eliseo era un niño con cabello castaño y siempre llevaba una camiseta roja. Le encantaba correr y saltar por todos lados. Tiziano tenía el cabello rubio y rizado, y solía usar una camiseta azul. Era muy bueno construyendo castillos de arena. Maiten, con su cabello corto y marrón y una camiseta verde, era muy valiente y le gustaba explorar. Camilo, con su cabello negro y una camiseta amarilla, amaba trepar a los árboles y siempre encontraba los mejores lugares para esconderse. Emily, con su cabello ondulado y un vestido rosa, tenía una risa contagiosa y amaba contar cuentos.
Un día soleado, los cinco amigos decidieron pasar la tarde en el jardín de juegos. El jardín era un lugar mágico, lleno de flores de todos los colores, columpios, toboganes y muchos juguetes. Desde el momento en que llegaron, sabían que sería un día lleno de diversión y juegos.
Eliseo fue el primero en correr hacia el gran tobogán rojo. —¡Miren esto! —gritó mientras se lanzaba por el tobogán con una gran sonrisa en su rostro. Tiziano lo siguió de cerca, riendo y gritando de emoción. Maiten, siempre el aventurero, decidió trepar a la estructura más alta del jardín y desde allí saludó a sus amigos.
Camilo y Emily se unieron a la diversión, explorando cada rincón del jardín. Encontraron una zona especial con arena donde comenzaron a construir un enorme castillo. Emily, con su creatividad, imaginaba que el castillo era el hogar de un rey y una reina, y comenzó a contarles una historia sobre cómo defendían su reino con la ayuda de valientes caballeros.
Mientras tanto, Eliseo, Tiziano y Maiten encontraron una cuerda para escalar y decidieron organizar una pequeña competencia para ver quién llegaba primero a la cima. Se rieron y animaron mutuamente mientras subían. Al llegar a la cima, se dieron cuenta de que, aunque uno hubiera llegado primero, lo más importante era que se habían divertido juntos.
Después de tanto jugar, los amigos decidieron tomar un descanso bajo la sombra de un gran árbol. Se sentaron en círculo y compartieron un pícnic que habían llevado. Había sándwiches, frutas y jugos de todos los sabores. Mientras comían, Emily comenzó a contar otro de sus maravillosos cuentos, esta vez sobre un grupo de amigos que viajaban por el mundo en busca de aventuras.
—Me encantaría que fuéramos esos amigos en la historia —dijo Maiten, soñadoramente—. Podríamos explorar lugares nuevos y vivir aventuras increíbles juntos.
—¡Sí! —exclamó Camilo—. Seríamos los mejores exploradores del mundo.
Los demás amigos estuvieron de acuerdo y empezaron a imaginar todas las aventuras que podrían vivir juntos. Hablaban de selvas misteriosas, montañas altísimas y mares llenos de criaturas fascinantes. Se dieron cuenta de que, aunque no viajaran a esos lugares, cada día en el jardín era una pequeña aventura llena de amistad y diversión.
Después del pícnic, los amigos decidieron jugar a las escondidas. Maiten, siendo el mejor en encontrar escondites, se escondió detrás de un gran arbusto. Eliseo encontró un escondite perfecto dentro de una pequeña cabaña de juegos, mientras que Tiziano se escondió detrás de un árbol cercano. Camilo se metió dentro de un túnel de colores y Emily se escondió en el columpio más alejado.
La risa y los gritos de emoción llenaron el jardín mientras se buscaban unos a otros. Cuando finalmente todos fueron encontrados, se abrazaron y rieron juntos, felices de tenerse unos a otros como amigos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.