Cuentos de Amistad

Emma y Lucas: Un Cuento de Amistad

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Había una vez, en una pequeña ciudad rodeada de colinas verdes y árboles altos, una niña llamada Emma. Emma tenía el cabello rubio y rizado, y sus ojos verdes brillaban como esmeraldas. Ella era muy alegre y le encantaba jugar con sus amigos en el patio de la escuela. Pero había algo que Emma no podía entender: su compañero de clase, Lucas, usaba lentes grandes y redondos. Lucas tenía el cabello castaño y pecas en su cara, y siempre sonreía a pesar de que algunos niños se burlaban de él por sus lentes.

Un día, mientras jugaban en el recreo, Emma y sus amigos vieron a Lucas sentado solo en un banco, leyendo un libro. Emma, con una mezcla de curiosidad y travesura, se acercó y le dijo: «Lucas, ¿por qué usas esos lentes tan grandes? Pareces un búho.» Los otros niños rieron, pero Lucas solo sonrió y siguió leyendo su libro.

A la hora de clase, la maestra, la señorita Clara, les pidió que se sentaran en círculo para una actividad especial. «Hoy hablaremos sobre la importancia de la amistad y el respeto,» dijo la señorita Clara. «Quiero que todos piensen en una cualidad especial que tienen sus amigos y la compartan con el grupo.»

Cuando llegó el turno de Lucas, él miró a sus compañeros y dijo: «Me gusta que todos ustedes sean únicos a su manera. Cada uno tiene algo especial que los hace ser quienes son.» Emma sintió un pequeño pinchazo en su corazón al escuchar esto. Se dio cuenta de que, aunque se había burlado de Lucas, él no guardaba rencor.

Esa noche, mientras Emma cenaba con su familia, le contó a su mamá lo que había sucedido en la escuela. «Mamá, ¿por qué Lucas siempre es tan amable aunque algunos niños se burlen de él?» Su mamá, una mujer sabia con una sonrisa cálida, le respondió: «Emma, las personas que son amables y respetuosas entienden que cada uno es diferente y especial a su manera. Los lentes de Lucas lo ayudan a ver mejor, y eso no lo hace menos importante. Al contrario, lo hace único.»

Las palabras de su mamá resonaron en la mente de Emma. Al día siguiente, cuando llegó a la escuela, decidió que quería conocer mejor a Lucas y ser su amiga. Durante el recreo, se acercó a él y le dijo: «Hola, Lucas. ¿Puedo sentarme contigo?» Lucas levantó la vista de su libro y sonrió. «Claro, Emma.»

Emma y Lucas comenzaron a pasar más tiempo juntos. Emma descubrió que Lucas sabía muchas cosas interesantes sobre animales y planetas, y le encantaba compartir sus conocimientos. También le gustaba dibujar y hacer figuras con plastilina. Emma se dio cuenta de que Lucas era una persona maravillosa y que sus lentes no importaban en absoluto.

Un día, mientras jugaban en el patio, un fuerte viento sopló y las gafas de Lucas cayeron al suelo y se rompieron. Lucas se quedó inmóvil, con lágrimas en los ojos. Emma, al ver esto, corrió hacia él y le dijo: «No te preocupes, Lucas. Vamos a buscar ayuda.» Juntos fueron a la oficina de la señorita Clara, quien llamó a los padres de Lucas para que trajeran un par de repuesto.

Mientras esperaban, Emma decidió animar a Lucas. Le contó un chiste y comenzaron a reírse juntos. Lucas se sintió mejor, y cuando sus padres llegaron con las gafas nuevas, se sintió agradecido por tener una amiga como Emma.

Desde ese día, Emma y Lucas fueron inseparables. Los otros niños de la clase comenzaron a notar la gran amistad que había entre ellos y dejaron de burlarse de Lucas. Se dieron cuenta de que Lucas era alguien muy especial y comenzaron a incluirlo en sus juegos.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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