Cuentos de Amistad

Paula y Pirata en el Valle de las Maravillas

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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En un rincón mágico del mundo, donde los prados bailan con el viento y las flores saludan al sol, vivía una niña llena de vida llamada Paula. Su corazón latía al ritmo de la naturaleza y su imaginación no conocía límites.

Paula tenía un amigo fiel, un caballo llamado Pirata, cuyo pelaje negro brillaba bajo la luz de las estrellas y cuya única mancha blanca en la frente era como un faro de pureza. Juntos, cada día era una nueva aventura, explorando el vasto valle que los rodeaba, siempre lleno de color y vida.

— ¡Buenos días, Pirata! ¿Qué aventuras nos esperan hoy? — saludó Paula con una sonrisa radiante.

— ¡Relincho! — respondió Pirata, sacudiendo su crin con entusiasmo. — ¡Las que tú quieras, Paula! El prado es nuestro lienzo.

Paula adoraba cuidar de Pirata. Cepillaba su pelaje hasta que relucía bajo el sol y le ofrecía zanahorias, que Pirata devoraba con gusto, aunque a veces, por la emoción, casi mordisqueaba los dedos de Paula por error.

— Aquí tienes, Pirata. ¡Tu zanahoria! — exclamó Paula, entregándole una.

— ¡Mmm, deliciosa! — masticaba felizmente Pirata. — Aunque… — intentaba coger el dedo de Paula— ¡Ups! Creí que era otra zanahoria.

Paula solo reía y le daba otra zanahoria, asegurándose de que sus dedos estuvieran lejos de su boca juguetona. Juntos, corrían por los prados, jugaban entre las flores y reían con el viento. La alegría de estar juntos llenaba el aire, tan fresco y claro como el agua de un manantial.

Un día, mientras exploraban un nuevo sendero en el bosque cercano, Paula notó algo brillante entre los arbustos. Con cuidado, se acercó y descubrió un objeto extraño, semienterrado bajo las hojas.

— Mira esto, Pirata. Parece un medallón antiguo. — Paula lo levantó con cuidado, admirando los intrincados grabados que decoraban su superficie dorada.

— ¡Relincho! — Pirata parecía tan intrigado como ella.

Decididos a descubrir más sobre el misterioso medallón, Paula y Pirata se aventuraron más profundamente en el bosque, guiados por la curiosidad y el deseo de aventura. El bosque les susurraba historias de antiguos tiempos, cada árbol y cada piedra parecían contener secretos esperando ser descubiertos.

Después de caminar un buen rato, llegaron a un claro donde una vieja torre se erguía, cubierta de hiedra y musgo. Era como si el tiempo se hubiera detenido allí, y el silencio solo fuera roto por el canto de los pájaros y el susurro del viento.

— ¿Crees que aquí podremos aprender más sobre este medallón, Pirata? — preguntó Paula, mirando hacia la torre con ojos llenos de expectación.

— ¡Relincho! — asintió Pirata, igual de emocionado.

Con cautela, se acercaron a la entrada de la torre. La puerta de madera, aunque vieja y desgastada, estaba adornada con imágenes de caballos y flores, lo que hizo que Paula se sintiera aún más convencida de que estaban en el camino correcto. Empujaron la puerta, que cedió con un crujido, revelando un interior oscuro y lleno de polvo.

— Parece que hace años que nadie entra aquí — murmuró Paula, mientras sus ojos se acostumbraban a la penumbra.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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