Cuentos de Amor

Dos Corazones de Peluche que se Encontraron por Casualidad y se Convirtieron en uno Solo

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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En un pequeño bosque lleno de árboles altos y flores de colores, vivían dos ositos que nunca antes se habían fijado el uno en el otro, aunque vivían muy cerca. Uno era César, un osito alegre y aventurero que siempre soñaba con recorrer el mundo en su vieja moto roja. La otra era Nancy, una osita dulce y cariñosa que amaba leer cuentos y cuidar de las flores que crecen cerca de su casa. Desde que nacieron, César y Nancy habían compartido el mismo lugar pero nunca habían tenido una charla profunda, ni siquiera una sonrisa más que las típicas que se daban cuando se cruzaban al pasar.

Un día soleado, cuando el cielo estaba tan azul que parecía un cuadro pintado a mano, César decidió que ya era momento de hacer algo diferente. Esa mañana él se puso a cuidar su moto roja, alistándola con mucho cariño y pensando en cómo sería si alguien lo acompañara para dar una vuelta. Al otro lado del bosque, Nancy se despertó con ganas de hacer algo especial. Había escuchado de una tienda cerca que vendía crepas deliciosas y pensó en ir caminando hasta allá. Lo que ninguno de los dos sabía era que ese día sus caminos cambiarían para siempre.

Mientras César terminaba de poner a punto su moto, vio a Nancy acercarse por el sendero y, sin saber cómo, la invitó a dar una vuelta. Nancy aceptó sonriente, sintiendo su corazón latir de una manera que nunca antes había sentido. La moto rugió suavemente cuando comenzaron a andar entre árboles y praderas, el viento acariciando sus pelajes suaves y despertando una emoción muy especial. Pero algo sucedía dentro de César: cada vez que quería mirar a Nancy, sentía que su corazón le saltaba de nervios. Ella era tan bonita que ni siquiera podía sostener la mirada en sus ojitos. Él pensaba que si la miraba detenidamente, se perdería en ellos para siempre. Por eso, muchas veces, César elegía mirar hacia el camino, sintiendo cómo el rojo brillante de la moto mezclaba su silencio con el roce de las hojas en el aire.

Cuando terminaron el paseo, ni Nancy ni César querían que el momento terminara. Por eso, unos días después, hicieron una segunda cita mucho más especial. Esta vez fueron a la tienda de crepas. El lugar estaba decorado con luces pequeñas que brillaban como estrellitas y el olor dulce de la masa calentándose llenaba el aire. Nancy pidió una crepa de fresas con crema, mientras que César eligió una de chocolate y plátano, que era su favorita. Pero lo más lindo de esa tarde no fueron las crepas, sino lo que sucedió después.

Mientras caminaban despacio por un sendero iluminado por el sol que caía, de repente sus miradas se encontraron. Los nervios invadieron a ambos, pero ninguno quería apartar la vista. Nancy, con sus ojos llenos de ternura, sonrió tímidamente, y César, con el corazón latiendo fuerte, se acercó un poquito más. Entonces, casi sin darse cuenta, sus labios se unieron en un primer beso dulce y tierno. Fue como si los dos supieran en ese instante que sus corazones ya no podrían separarse nunca más. El nerviosismo y la felicidad los envolvieron completamente y desde ese día, todo cambió.

Con el pasar de los meses, César y Nancy siguieron conociéndose y amándose. Al principio, no fue fácil para César seguir mirando a Nancy a los ojos sin sentir mariposas en el estómago, pero poco a poco su amor fue creciendo como las flores de primavera. Decidieron intentarlo con valentía, a pesar de las dudas o los momentos de miedo. Siempre encontraban la forma de hacer feliz al otro, porque sabían que su amor era verdadero.

Nancy se convirtió en la osita que le contaba cuentos mágicos a César antes de dormir. Con una voz suave y dulce, ella recitaba historias de bosques encantados, dragones amistosos y estrellas que viajaban por el cielo. A César le encantaba escucharla y, a veces, se dormía escuchando su voz, soñando con las aventuras que vivirían juntos. Por su parte, César cuidaba a Nancy con regalos especiales: muchas veces la sorprendía con chocolates, sabiendo que eran sus favoritos. También le traía flores que encontraba en sus paseos, y juntos las ponían en un jarrón que decoraba su pequeña casa en el bosque.

Los dos ositos comenzaron a soñar en voz alta con su futuro. Querían ser más que novios; querían ser una familia. Se imaginaban con un pequeño osito bebé al que le contarían cuentos y al que cuidarían con mucho amor. Deseaban que ese bebé tuviera el mismo amor que ellos sentían ahora, porque sabían que el cariño era lo más importante en la vida. También soñaban con construir un hogar donde cada rincón estuviera lleno de risas y abrazos. César, con su moto roja, y Nancy, con su dulce sonrisa, serían siempre lo más importante el uno para el otro.

Un día, mientras disfrutaban de una tarde tranquila, sentados en una manta bajo un árbol enorme, Nancy miró a César y le dijo: «¿Sabes, César? Nunca pensé que alguien tan especial pudiera llegar a mi vida, pero ahora sé que tú eres mi mejor amigo y mi amor al mismo tiempo. Quiero quedarme contigo toda la vida.» César la abrazó fuerte, sintiendo que su corazón latía lleno de alegría. “Y yo quiero cuidarte siempre, Nancy, ser tu compañía en las aventuras y en los días tranquilos, para que nunca te falte amor ni alegría.”

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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