En un pequeño pueblo rodeado de montañas y verdes praderas, vivían dos jóvenes que compartían una pasión desbordante por el mundo de los videojuegos. Mauricio, un chico de cabellos rizados y ojos brillantes, era conocido por su habilidad en los juegos de estrategia. Elizabeth, con su larga cabellera y una sonrisa encantadora, era una experta en juegos de aventuras. Ambos habían crecido en la misma calle, pero solo se conocían de vista, hasta que un día una inesperada aventura los llevaría a un viaje lleno de magia y amor.
Era un sábado por la mañana y la luz del sol entraba radiante por la ventana del cuarto de Mauricio. Él estaba emocionado porque ese día se celebraría un torneo de videojuegos en el centro comunitario del pueblo. Los participantes debían unirse en parejas, y al enterarse de que Elizabeth también asistiría, decidió que debía encontrar la manera de formar equipo con ella.
Con un corazón palpitante, Mauricio decidió acercarse a Elizabeth, quien estaba en la plaza, conversando animadamente con algunas amigas. Se acercó con un poco de nervios, pero su pasión por el juego lo llenaba de valor. «¡Hola, Elizabeth!» saludó, intentado sonar casual. Ella lo miró y respondió con una sonrisa.
«¡Hola, Mauricio! ¿Qué tal?»
«Estoy emocionado por el torneo de hoy. ¿Te gustaría ser mi compañera?» preguntó, sintiendo cómo sus mejillas se sonrojaban un poco.
Elizabeth se sorprendió, pero rápidamente una chispa de emoción iluminó su rostro. «¡Claro! Sería genial. He oído que eres un buen jugador en estrategia.»
Ambos sintieron que había una conexión especial, algo que no habían anticipado. A partir de ese momento, comenzaron a ensayar juntos. Pasaron horas en las pantallas, eligiendo los mejores personajes y estrategias. A medida que pasaba el tiempo, no solo mejoraban sus habilidades como jugadores, sino que también estaban descubriendo algo más profundo entre ellos.
Cuando llegó el día del torneo, una multitud se había reunido en el centro comunitario. Las risas y los gritos de ánimo llenaban el aire. Mauricio y Elizabeth estaban nerviosos pero emocionados. Se sentaron en una mesa junto con otros jugadores y comenzaron la competencia.
Los desafíos eran difíciles, pero la manera en que trabajaban juntos los hacía sobresalir. El trabajo en equipo en el juego se traducía en una compenetración que nunca antes habían experimentado. Cuando llegaron a la final, la tensión era palpable. Sin embargo, lograron ganar el torneo y el público aplaudió con entusiasmo. Con los trofeos en sus manos, se miraron y sonrieron. Era un momento mágico que selló su nueva amistad y algo más.
Después del torneo, Mauricio le dijo a Elizabeth: «¿Te gustaría seguir jugando juntos? Creo que realmente hacemos un buen equipo.»
Elizabeth, con sus ojos brillantes de felicidad, asintió. «Me encantaría. También me gustaría conocerte más allá de los videojuegos.»
Así comenzaron a pasar más tiempo juntos. Paseaban por el parque, compartían sus gustos musicales y hablaban de sus sueños. Mauricio se dio cuenta de que cada día que pasaba junto a Elizabeth, su cariño por ella crecía. La magia de la amistad se estaba transformando en una dulce emoción que no se podía ignorar.
Un día, mientras caminan bajo un gran árbol en el parque, Mauricio tomó valor y decidió abrir su corazón. “Elizabeth, tengo que decirte algo. No solo disfruto jugar contigo, sino que cada momento que pasamos juntos es especial para mí. Creo que me estoy enamorando de ti”.
Elizabeth se detuvo y, con una sonrisa tímida, respondió: “Yo también siento algo especial por ti, Mauricio. Me encanta nuestra conexión, y no solo en el juego, sino en la vida”.
Ese fue un momento mágico, un punto de inflexión en su relación. A partir de ese día, no solo eran compañeros de juego, sino también pareja. Disfrutaban de los fines de semana juntos, explorando nuevos juegos y creando recuerdos inolvidables. Su amor floreció entre risas, aventuras y muchas tardes de videojuegos.
Un día, Mauricio tuvo una idea brillante. “¿Y si creamos nuestro propio videojuego? Sería la manera perfecta de hacer algo juntos y compartir lo que hemos aprendido”, sugirió emocionado.
Elizabeth, siempre lista para una nueva aventura, aceptó de inmediato. Comenzaron a dibujar personajes y diseñar niveles en su computadora. Pasaron noches despiertos, compartiendo ideas y risas mientras el amor entre ellos se hacía aún más fuerte.
A medida que su proyecto avanzaba, decidieron que su videojuego tendría un mensaje importante: la amistad y el amor pueden superar obstáculos. Quisieron que su juego contara una historia donde los personajes tuvieran que trabajar juntos para salvar un reino mágico, reflejando su propio viaje juntos.
Sin embargo, durante el desarrollo del juego, se encontraron con un problema. Un misterioso error había aparecido en el código que no podían resolver. Frustrados, a punto de rendirse, se sentaron en el suelo de la habitación de Mauricio. “No sé qué más hacer”, suspiró el chico, mientras Elizabeth lo miraba con aliento.
“Tal vez debamos tomar un descanso, salir un rato y despejar nuestras mentes. A veces, las ideas aparecen cuando menos lo esperas,” sugirió Elizabeth.
Aceptó y decidieron dar un paseo. Caminaron hasta el lago cercano, donde el agua brillante reflejaba el cielo azul y las nubes suaves. Se sentaron en un banco, entrevistándose sobre su vida, sus sueños y sus pasiones. Fue entonces cuando Elizabeth, sin quererlo, dio un pequeño empujón a su seriedad inicial. “¿Sabes?”, comenzó ella, “no entiendo cómo un simple juego puede hacer que me sienta tan feliz. Creo que la verdadera magia está en lo que compartimos, más que en los gráficos o la programación”.
Mauricio la miró a los ojos, sintiendo que su corazón latía con fuerza. “Tienes razón. Sin ti, el juego no sería nada. Justo como en la vida, lo importante son las personas que nos rodean”.
Volvieron a casa, inspirados y rejuvenecidos. Con renovada energía, regresaron a su proyecto y, ahora con una visión clara de lo que querían crear, comenzaron a trabajar de nuevo. Juntos, lograron arreglar el problema que había atormentado sus noches y avanzaron en el desarrollo del juego.
Finalmente, después de semanas de arduo trabajo y risas, llegaron al fin. Habían creado una historia llena de aventuras, donde los personajes se apoyaban mutuamente en cada desafío. Decidieron compartirlo en línea. La respuesta fue abrumadora; muchos jugadores se sintieron identificados con el mensaje de amistad y amor que había en el juego.
A medida que su creación se volvía cada vez más popular, la relación entre Mauricio y Elizabeth se fortalecía. Cada pequeño logro compartido les unía más y descubrían que trabajar juntos era la clave de su felicidad.
Un día, mientras revisaban los comentarios de los jugadores en línea, Elizabeth recibió un mensaje que la hizo sonreír de oreja a oreja. “Me encanta su juego. Me hizo valorar más a mis amigos y a la gente que amo”, decía el mensaje, y Elizabeth no pudo evitar mirar a Mauricio con felicidad.
“Lo logramos, Mauricio. ¡Hicimos algo hermoso juntos!”, exclamó ella, abrazándolo con fuerza.
Mauricio sonrió. “Sí, y esto no sería posible sin ti. Cada día que pasa, me doy cuenta de que somos un gran equipo en todo, no solo en los videojuegos”.
Con el paso del tiempo, su relación continuó creciendo. Se apoyaban en todo, no solo en momentos de alegría, sino también en los momentos difíciles. A medida que llegaba el final del ciclo escolar, Elizabeth estaba bajo mucho estrés por los exámenes finales. Un día, decidió compartir sus preocupaciones.
“Me siento tan abrumada. Quiero hacerlo bien, pero a veces me parece que el tiempo no es suficiente”, dijo en voz baja.
Mauricio, al escucharla, se acercó y le abrazó. “Elizabeth, tú eres increíble. Has trabajado muy duro. Si necesitas ayuda, estoy aquí para estudiar contigo. No tienes que pasar por esto sola”.
Y así, pasaron días enteros revisando materiales, creando resúmenes y tomando descansos para jugar a su propio videojuego. Elizabeth se sintió feliz de tener a alguien que la apoyara y le dio más confianza. El día de los exámenes llegó, y aunque tuvo nerviososa, se sintió lista gracias a la ayuda y el amor de Mauricio.
Cuando recibieron los resultados, Elizabeth no podía creerlo. Había pasado todas sus asignaturas con excelentes notas, y la primera persona a la que fue a contarle fue a Mauricio.
“¡Lo hice! ¡Lo logramos!” gritó con alegría.
Mauricio la levantó en un abrazo, riendo. “¡Te lo dije! ¡Eres capaz de todo!”
Los meses pasaban y sus corazones estaban llenos de amor y aventuras. Pero un día, el viento sopló en una dirección diferente. Llamada por su familia, Elizabeth recibió una noticia emocionante: había sido aceptada en una prestigiosa academia de arte en otra ciudad. La oportunidad era increíble, pero también significaba que tendrían que estar separados.
“Esto es maravilloso, Elizabeth. Estoy tan orgulloso de ti”, dijo Mauricio, aunque en su corazón sentía la tristeza de la posible distancia.
Elizabeth sonrió, pero su mirada se tornó pensativa. “No sé qué haré sin ti. Te necesito aquí, a mi lado”.
Ambos se sentaron juntos en el parquecito donde todo había comenzado. “¿Y si nos turnamos para visitarnos? Yo puedo ir a verte los fines de semana y tú puedes regresar a ver a tu familia”, sugirió Mauricio, con la esperanza de encontrar una solución.
“Eso podría funcionar, pero… y si nos olvidamos el uno del otro, o nuestras vidas cambian demasiado. No quiero perder lo que tenemos”, respondió Elizabeth, sintiendo una tristeza profunda.
“Escucha, Elizabeth. Esto no cambiará lo que sentimos el uno por el otro. El amor verdadero supera cualquier distancia. Podemos seguir haciendo nuestro videojuego juntos, intercambiar ideas, incluso desde lejos”, explicó Mauricio, tomando su mano.
Ella asintió, aunque la incertidumbre seguía presente en sus corazones. Después de muchas conversaciones y lágrimas, decidieron que vivirían su amor de una manera diferente. Así fue como comenzaron a planear sus carreras en la distancia.
Al poco tiempo, Elizabeth hizo las maletas y se trasladó a la nueva ciudad. Lo que al principio parecía un gran vacío se fue llenando con cartas, llamadas y mensajes. Cada vez que se encontraban a través de la pantalla, sentían que la magia seguía viva. Su videojuego se volvía cada vez más popular, y su conexión se sentía más fuerte que nunca.
Desde lejos, Mauricio y Elizabeth encontraron nuevas formas de apoyarse y motivarse. Se compartían anécdotas, historias de sus días y, lejos de desvanecerse, su amor parecía florecer en cada rincón de su vida. Se inspiraron mutuamente para seguir creciendo y desarrollando sus habilidades tanto en el arte como en la programación.
Gracias a su esfuerzo, decidieron crear una segunda parte de su videojuego, que sería aún más ambiciosa. Planeaban contar la historia de dos mundos que, a pesar de la distancia, podían unirse siempre que hubiera amor y amistad. Cada uno se quedó dando lo mejor de sí, demostrando que ni la distancia ni el tiempo podrían separarlos.
Después de un año, Elizabeth regresó al pueblo por vacaciones. Se reunieron en el mismo parque, bajo el gran árbol donde todo había comenzado. “Mauricio”, comenzó ella, “ha sido un año maravilloso y, a pesar de la distancia, nuestro amor ha crecido de maneras inesperadas”.
“Siempre creí que si realmente nos queríamos, podríamos superar cualquier cosa. Y aquí estamos, juntos de nuevo”, respondió Mauricio, sonriendo al ver brillar los ojos de Elizabeth.
Un mes después, ambos tuvieron una idea brillante: organizar un gran evento en el centro comunitario para presentar su videojuego en la ciudad y celebrar la amistad. Se unieron para preparar todo, desde pequeños detalles hasta la decoración, llamando a todos sus amigos y a la comunidad para invitarlos.
El día del evento, numerosos amigos, familiares y nuevos jugadores llegaron. Mauricio y Elizabeth estaban nerviosos, pero también emocionados. Al final de la presentación, el aplauso resonó en el aire, llenando sus corazones de alegría. La conexión que ambos habían cultivado se sintió más fuerte que nunca, y hubo un compromiso en sus miradas mientras se tomaban de las manos.
Mientras los niños jugaban y los adultos disfrutaban de la atmósfera festiva, Elizabeth se sintió invadida por un impulso. Sabía que el momento había llegado. En un rincón tranquilo del escenario, se volvió hacia Mauricio. “Tengo que decirte algo”.
Mauricio la miró, ansioso. “¿Qué ocurre?”
“Desde que comenzamos este viaje juntos, has sido mi apoyo, mi compañero y el amor de mi vida. No importa la distancia, sé que siempre estarás conmigo. Quiero que lo sepan todos. Estoy lista para dar el siguiente paso. ¿Qué te parecería comprometernos, reunir a nuestras familias y amigos en una boda?” Mientras hablaba, sus ojos brillaban, y Mauricio no podía contener su felicidad.
Con una sonrisa enorme, él tomó sus manos, sintiendo un torrente de emoción. “Sí, sí y mil veces sí. Siempre he deseado construir un futuro contigo. ¡Eres mi todo, Elizabeth!”
La emoción se apoderó de ellos. Sus amigos, que habían estado al tanto de su historia, se unieron en un aplauso cálido y sonoro, mientras las risas y la alegría llenaban el ambiente.
Así, la historia de Mauricio y Elizabeth nos enseña que el amor verdadero no solo florece en la cercanía, sino también en la distancia. Su travesía, marcada por las pantallas de videojuegos y la verdadera magia que crearon juntos, se convirtió en un amor que acompañaría el resto de sus vidas.
Cada día, recordaban que en el amor, como en cualquier juego, lo importante es el esfuerzo mutuo, la colaboración y, sobre todo, el cariño sincero que siente cada uno por el otro. Habían aprendido que las pantallas podían ser puertas a nuevos mundos, pero fue en el corazón donde realmente se tejió su historia. Al final, el amor es el mejor juego de todos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.