Había una vez, en un pequeño pueblo lleno de flores y árboles altos, una niña muy feliz llamada Valentina. Valentina tenía dos personas muy especiales que siempre la acompañaban: Mamá y Papá. Valentina vivía en una casita con jardín, rodeada de mucho amor y risas. Su vida era muy alegre, porque siempre estaba con sus héroes, Mamá y Papá.
Cada mañana, cuando el sol comenzaba a brillar y las aves cantaban, Valentina se despertaba y veía a Mamá y Papá sonriendo a su lado. Mamá siempre la abrazaba fuerte, y Papá le daba un beso en la frente. “Buenos días, mi amor”, decía Mamá con voz suave. “¿Estás lista para un nuevo día de aventuras?” decía Papá, mientras le sonreía de una manera tan cálida que Valentina sentía su corazón lleno de felicidad.
Un día, después de desayunar, Mamá le dijo a Valentina: “Hoy vamos a hacer algo muy especial, vamos a ir al parque y jugar todos juntos.” Los ojos de Valentina brillaron de emoción. ¡El parque! Era su lugar favorito, lleno de flores, árboles y mariposas que volaban por todas partes. Se puso su vestido rosa y sus zapatos de charol, y salió corriendo al jardín, donde Mamá y Papá ya la esperaban con las manos abiertas.
“¡Vamos, mi amor, al parque!” dijo Papá, tomándola de la mano. Valentina, con una gran sonrisa, corrió hacia ellos y los abrazó fuerte. Juntos, caminaron por el camino del parque, donde las flores parecían bailar con la brisa y el sol se reflejaba en los charcos como un espejo. Todo era tan bonito, y Valentina no podía dejar de sonreír.
En el parque, Mamá y Papá le mostraron a Valentina cómo recoger flores de colores y cómo hacer pequeños ramos. Mientras Valentina recogía flores, Mamá le contaba historias sobre cada una de ellas. “Esta flor se llama margarita, y es un símbolo de amor y alegría”, dijo Mamá, mostrándole una flor blanca y amarilla. Valentina la miró con asombro, maravillada por su belleza.
Después de jugar en el parque, Papá sugirió que fueran a ver las mariposas que volaban cerca del lago. “Las mariposas siempre vuelan hacia donde hay amor”, dijo Papá. Valentina miró las mariposas que revoloteaban alegremente, y pensó que, tal vez, ellas también sentían el amor de Mamá y Papá.
Al final del día, cuando el sol comenzó a esconderse detrás de las montañas y el cielo se llenó de colores naranjas y rosados, Valentina, cansada pero feliz, miró a Mamá y Papá y les dio un abrazo muy fuerte. “Gracias, mamá, gracias, papá, por hacerme tan feliz”, dijo, con una gran sonrisa en su rostro.
Mamá la abrazó y le dijo: “Nosotros siempre estaremos contigo, mi amor, para que seas siempre feliz.” Papá añadió: “Porque tú eres nuestro tesoro más valioso, y te amamos con todo nuestro corazón.” Valentina sintió un calorcito muy bonito dentro de su pecho y, al mirar a Mamá y Papá, supo que no había nada mejor en el mundo que tenerlos a su lado.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.