Cuentos de Animales

Iván y su aventura en el reino de la naturaleza junto a su familia

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Era un día soleado en el reino de la naturaleza, donde los árboles verdes danzaban con la brisa y los colores del arcoíris llenaban el cielo. En esta mágica tierra, vivía una tortuga llamada Tula, que era muy sabia y siempre tenía buenas historias que contar. Un día, mientras paseaba lentamente por el bosque, Tula encontró a un cotorro llamado Lío. Lío era un pájaro encantador, lleno de energía y con plumas de todos los colores imaginable.

Tula saludó a Lío con una sonrisa. —¡Hola, Lío! ¿Qué haces hoy?

Lío le respondió emocionado: —¡Hola, Tula! Estoy buscando un lugar especial donde hacer un pícnic. ¿Te gustaría acompañarme?

—Claro —dijo la tortuga—, estoy segura de que encontraremos el lugar perfecto.

Mientras comenzaban a caminar, se encontraron con un lobo llamado Larry. A pesar de que los lobos a menudo eran considerados temibles, Larry era un amigo amable y siempre estaba listo para ayudar. —¡Hola, Tula y Lío! ¿A dónde van tan contentos? —preguntó con su voz profunda pero amistosa.

—Vamos a buscar un lugar especial para tener un pícnic —respondió Lío.

—¡Qué buena idea! —exclamó Larry—. Yo también quiero ir.

Así, los tres amigos continuaron su camino, hablando y riendo. Pronto se encontraron con un perro llamado Rufus. Rufus era un perro juguetón, siempre saltando y corriendo de un lado a otro.

—¡Hola, amigos! —ladró Rufus alegremente—. ¿Qué están haciendo?

—Estamos buscando un lugar para un pícnic —dijo Tula.

—¡Yo también quiero unirme! —gritó Rufus, moviendo su cola de alegría.

Así fue como los cuatro amigos decidieron hacer un pícnic juntos. Continuaron caminando hasta que llegaron a un claro lleno de flores silvestres, el lugar perfecto para su reunión. El aroma era delicioso, y los rayos del sol iluminaban los colores de las hojas y las flores. Tula, Lío, Larry y Rufus comenzaron a sacar la comida que cada uno había traído.

Tula había traído fresas brillantes, Lío tenía semillas de girasol, Larry había cazado unas sabrosas bayas y Rufus, con su energía desbordante, había traído croquetas de su dueño. Se sentaron en círculo y compartieron todo lo que habían traído.

Mientras disfrutaban de la deliciosa comida, comenzaron a contar historias. Tula contó cómo había visto a un enorme ciervo en el bosque y cómo su corazón se llenó de alegría al contemplar lo magnífico de la naturaleza. Lío, el cotorro, relató una historia sobre un día en que voló tan alto que tocó las nubes y hizo amistad con un grupo de patos.

Larry, el lobo, habló sobre cómo la luna llena iluminaba todo su camino cuando salía a pasear por la noche. Rufus, siempre lleno de energía, contó cómo había corrido detrás de una mariposa y se había perdido un poco, pero había encontrado su camino de regreso gracias a su buen sentido del olfato.

Después de contar sus historias, se sintieron felices y llenos de alegría. Pero de repente, vieron que las nubes comenzaban a juntarse, y el cielo se oscureció. —¡Oh, no! —dijo Tula—. Parece que va a llover.

—No hay problema —dijo Lío—. Podemos buscar un refugio bajo los árboles hasta que pase la tormenta.

Rufus se puso a saltar: —¡Vayamos! ¡Rápido!

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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