En un lugar lleno de luz y alegría, cerca de un estanque brillante y tranquilo, vivían cuatro amigos muy especiales. El primero era Ernesto, un elefante grande y amable con unas orejas enormes que movía cuando estaba feliz. La segunda era Elena, una abeja pequeña y muy veloz que siempre zumbaba contenta alrededor de las flores. Luego estaba Pepe, un pez alegre y brillante que nadaba rápido entre las hojas del estanque. Por último, Eva, una oveja blanca y suave, con una sonrisa dulce que encantaba a todos.
Un día, mientras jugaban juntos cerca del agua, Ernesto levantó su trompa y dijo:
—¡Vamos a encontrar algo especial! Algo que nunca hayamos visto antes.
Elena voló emocionada alrededor de sus amigos y dijo:
—¡Sí! ¡Busquemos algo elegante, espléndido y emocionante!
Pepe saltó en el agua y burbujeó feliz:
—¡Estaré listo para explorar esos lugares maravillosos!
Eva, con su voz dulce, confirmó:
—Estaremos felices cuidando lo que encontremos, porque todo en equipo es mejor.
Y así empezó la gran aventura de los cuatro amigos. Primero, caminaron alrededor del estanque, buscando bajo las piedras y en las flores que crecían cerca. Ernesto levantaba las ramas y miraba con atención, mientras Elena zumbaba preguntando:
—¿Encontramos algo especial, equipo?
Pepe nadaba contento y gritaba:
—¡Todavía no, pero seguimos explorando!
Eva, moviendo su lana, respondió:
—No hay prisa, porque juntos siempre aprendemos y disfrutamos.
De pronto, Elena vio algo brillante entre las hojas de un árbol cercano. Voló rápido y dijo:
—¡Esperen! ¡Encontré algo que parece una estrella pequeña!
Ernesto se acercó lentamente y dijo:
—¿Será una estrella de verdad? Está reluciendo mucho.
Pepe salió un poco del agua y observó con sus ojos grandes:
—¿De dónde vendrá eso? ¡Es muy especial!
Eva se acercó al árbol y agregó:
—Si es una estrella, debemos cuidarla y descubrir qué es.
Los cuatro amigos se miraron emocionados y decidieron llevar la estrella al estanque para que estuviera a salvo. Ernesto usó su trompa para sostenerla con cuidado y Elena voló alrededor vigilando que todo estuviera bien. Pepe nadaba cerca para protegerla y Eva caminaba al lado, asegurándose de que nada les estropeara el camino.
Mientras caminaban, comenzaron a hablar y a repetir juntos la letra “E” porque les encantaba aprender mientras jugaban.
—Ernesto, ¿eres un elefante elegante? —preguntó Eva con una sonrisa.
—¡Sí, estoy emocionado! —respondió Ernesto contento.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.