Cuentos de Animales

Luna y Estrella

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

Puntuación:

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Había una vez, en lo profundo de un vasto y salvaje bosque, una loba blanca y solitaria llamada Luna. Luna no era una loba común; su pelaje plateado brillaba bajo la luz de la luna, y su presencia imponía respeto y admiración entre los habitantes del bosque. Era una loba sabia y valiente, que había aprendido a vivir en armonía con los misterios y los peligros que la rodeaban.

Luna vivía en una guarida oculta entre los densos pinos y abetos, donde cuidaba de sus cachorros con amor y dedicación. El bosque, con sus altos árboles y sombras siempre cambiantes, era su hogar, un lugar lleno de vida y secretos por descubrir. A pesar de ser una cazadora feroz, Luna también era una madre tierna que se aseguraba de que sus cachorros estuvieran siempre protegidos y bien alimentados.

Un día, mientras cazaba para llevar comida a sus cachorros, Luna escuchó un débil gemido proveniente de un arbusto cercano. Curiosa, se acercó con cautela, moviéndose en silencio a través de la maleza. Cuando apartó las ramas con su hocico, encontró algo que la dejó sorprendida: una pequeña bebé humana, recién nacida, yacía envuelta en una manta desgastada. La bebé lloraba suavemente, con su carita arrugada por el frío y el hambre.

Luna, que conocía bien el lenguaje del bosque, supo que aquella criatura estaba sola y abandonada. Sin dudarlo, decidió llevarla a su guarida y presentarla a sus cachorros. Con mucho cuidado, Luna tomó a la bebé entre sus fauces y la llevó de regreso a su hogar, donde la acomodó en un lecho de hojas y musgo. Los cachorros, curiosos, rodearon a la pequeña humana, olfateándola y dándole suaves lametones.

Luna observaba la escena con atención. Aunque sabía que aquella criatura no era como ellos, sentía una conexión especial con la bebé, como si una fuerza invisible las uniera. Decidió llamarla Estrella, porque había encontrado a la pequeña bajo el cielo nocturno, iluminado por millones de estrellas brillantes. Desde ese momento, Estrella se convirtió en una más de la familia de Luna, y la loba se encargó de cuidarla y protegerla como si fuera su propia hija.

El tiempo pasó, y Estrella creció fuerte y saludable bajo el cuidado de Luna y sus hermanos cachorros. La niña aprendió a moverse por el bosque con agilidad, a cazar pequeños animales y a comunicarse con los demás habitantes del lugar. Su vida era simple pero llena de aventuras, y aunque no conocía a otros humanos, nunca se sintió sola.

A los 12 años, Estrella era una joven valiente y decidida, que amaba el bosque tanto como Luna. Había heredado la sabiduría y la valentía de su madre loba, y pasaba sus días explorando cada rincón del vasto territorio en el que vivían. Sin embargo, en el fondo de su corazón, Estrella sentía curiosidad por el mundo más allá del bosque. A veces, desde lo alto de una colina, veía las luces de una aldea cercana y se preguntaba cómo sería la vida allí, entre otros como ella.

Una noche, mientras descansaban bajo la luz de la luna, Estrella se acercó a Luna y le habló de sus pensamientos.

—Madre, a veces me pregunto cómo sería conocer a otros humanos, como yo. He vivido toda mi vida aquí, en el bosque, y lo amo, pero algo dentro de mí me dice que debo descubrir quién soy realmente.

Luna, que siempre había comprendido los sentimientos de Estrella, la miró con ojos llenos de amor y comprensión. Sabía que este día llegaría, y aunque le dolía pensar en separarse de su hija, entendía que Estrella debía encontrar su propio camino.

—Estrella —dijo Luna con su voz suave y tranquila—, te he criado como una de mis hijas, y siempre serás parte de esta familia. Pero sé que hay un mundo más allá del bosque que necesitas conocer. Si sientes que es el momento de descubrirlo, debes seguir tu corazón. El bosque siempre será tu hogar, y aquí estaré para ti, siempre.

Con lágrimas en los ojos, Estrella abrazó a Luna. Sabía que su madre loba tenía razón, pero también le asustaba la idea de dejar todo lo que conocía. Sin embargo, decidió que debía ser valiente y enfrentar su destino.

Al día siguiente, con el apoyo de Luna y sus hermanos lobos, Estrella emprendió su viaje hacia la aldea que había visto desde la distancia. El camino no fue fácil, pero su amor por el bosque y las enseñanzas de Luna la guiaron. A medida que se acercaba a la aldea, sentía una mezcla de emoción y nerviosismo. ¿Cómo la recibirían? ¿Encajaría en un mundo tan diferente al que conocía?

Al llegar a la aldea, los habitantes la miraron con curiosidad. No estaban acostumbrados a ver a una niña tan salvaje, con ropas hechas de pieles y una mirada tan intensa. Pero Estrella, con su carisma natural, pronto se ganó la confianza de los aldeanos. Descubrió que la vida en la aldea era muy diferente a la del bosque. Había escuelas donde los niños aprendían a leer y escribir, mercados llenos de colores y olores, y juegos que nunca había visto antes.

Estrella comenzó a hacer amigos entre los niños de la aldea. Uno de ellos, un niño llamado Marcos, se convirtió en su mejor amigo. Marcos estaba fascinado por las historias que Estrella le contaba sobre el bosque y su vida con los lobos. A cambio, él le enseñó sobre la vida en la aldea, las tradiciones humanas y cómo leer y escribir.

Sin embargo, a pesar de que disfrutaba de su tiempo en la aldea, Estrella no podía olvidar a Luna y sus hermanos lobos. A menudo, después de la escuela, se escabullía de regreso al bosque para pasar tiempo con su familia loba. Luna siempre la recibía con alegría, y juntos compartían historias de sus días separados. Estrella sentía que tenía dos hogares, y aunque eran diferentes, ambos la hacían sentir completa.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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