Había una vez en una ciudad muy grande y llena de rascacielos, un superhéroe que todos conocían como Spiderman. Este personaje famoso por sus telarañas, su agilidad y su fuerza, tenía también otra faceta que muy pocos conocían: ¡Spiderman también quería aprender cosas nuevas y hacer amigos como cualquier niño!
Un día soleado, Spiderman decidió que era hora de aprender a sumar. Entonces, tomó una decisión muy valiente, se dirigió al colegio más cercano con su mochila al hombro y una gran sonrisa debajo de su máscara. Quería unirse a los niños de primero en su clase de matemáticas para aprender y hacer rincones de mates.
Cuando llegó al colegio, todos los niños se sorprendieron al verlo. Se habían imaginado que los superhéroes sabían absolutamente todo, pero Spiderman les explicó que todos, sin importar la edad o si eran superhéroes, siempre tienen algo nuevo que aprender.
La maestra le dio una cálida bienvenida y le mostró su lugar en el aula. El rincón de mates estaba lleno de bloques de números, rompecabezas y objetos para contar. Spiderman se sentía tan emocionado que casi no podía contener sus ganas de lanzar telarañas al techo.
Le encantaban las sumas. Contaba las manzanas, sumaba los carros en las calles mientras se balanceaba entre los edificios y, por supuesto, nunca perdía la cuenta de los malos a los que había atrapado. Pero hacerlo en clase, junto a los niños, era totalmente diferente y emocionante.
La maestra comenzó explicando cómo hacían las sumas con los bloques. Spiderman, con sus dedos ágiles, rápidamente empezó a armar torres con los números, sumando y sumando mientras los niños lo miraban asombrados. «¡Es fácil!» dijo Spiderman con una sonrisa. Los niños se reían y aprendían junto con él.
Al terminar la clase, todos los niños estaban contentos por haber tenido a un superhéroe como compañero de aprendizaje, pero Spiderman tenía otra inquietud: el patio. Había visto desde la ventana esos enormes espacios abiertos y se preguntaba dónde debería ir para encontrar a sus nuevos amigos y jugar con ellos.
La campana sonó para el recreo y, siguiendo a los niños, Spiderman llegó al patio. No estaba muy seguro de qué hacer o a dónde ir, pero no pasó mucho tiempo antes de que un grupo de niños de primero lo invitaran a jugar fútbol.
A Spiderman le encantaba el fútbol, aunque nunca había jugado con un balón de verdad, siempre imaginaba cómo sería mientras perseguía a los villanos por la ciudad. Cuando empezó el juego, se dio cuenta de que no era tan fácil como parecía; tener reflejos rápidos no bastaba para ser un buen futbolista. Y entonces, ocurrió lo inevitable: le metieron un gol a la primera.
Spiderman se quedó sorprendido y un poco avergonzado, pero los niños comenzaron a enojarse. Algunos pensaban que por ser Spiderman, debería ser el mejor en todo, inclusive en fútbol. El superhéroe se sentía triste, no quería decepcionar a sus nuevos amigos.
Entonces, uno de los niños, llamado Lucas, se acercó a él y le dijo: «Spiderman, está bien que te hayan metido un gol. Todos estamos aquí para aprender y jugar. Lo más importante es divertirse y ser un buen amigo». Las palabras de Lucas hicieron eco en el corazón de Spiderman. Se dio cuenta de que no tenía que ser perfecto para ser aceptado y que la amistad era más valiosa que cualquier habilidad especial.
Los niños y Spiderman continuaron jugando felices. A veces le metían un gol y a veces él los sorprendía con fantásticas atajadas. La risa y la alegría llenaban el patio mientras aprendían juntos el verdadero valor del compañerismo y la diversión.
Al final del día, cuando la campana sonó para señalar el final de las clases, los niños se despidieron de Spiderman con un gran abrazo grupal. Habían aprendido mucho más que sumas y a jugar al fútbol; habían aprendido que incluso los superhéroes tienen sus desafíos y que con amigos y apoyo, cualquier obstáculo se podía superar.
Spiderman dejó el colegio ese día no solo sabiendo sumar un poco mejor, sino también con un montón de nuevos amigos y una lección inolvidable: que está bien ser uno mismo, compartir con otros y aprender de los errores.
Y así, cada vez que Spiderman pasaba volando sobre aquel colegio, recordaba con cariño aquel día y saludaba desde las alturas, sabiendo que en ese patio de juegos había dejado una parte de su corazón y que siempre sería bienvenido para jugar y aprender una nueva suma.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.