Había una vez en la pequeña aldea de Oliete, dos amigos inseparables llamados Guille y Ares.
Guille, un niño curioso de cabellos rubios y ojos brillantes, siempre llevaba consigo un pequeño cuaderno donde anotaba todo lo que le llamaba la atención.
Ares, por otro lado, era un poco mayor que Guille, con cabellos oscuros y una mirada llena de determinación, siempre listo para embarcarse en nuevas aventuras.
Un día soleado, mientras paseaban por la chopera de Oliete, algo brillante y colorido llamó la atención de Guille. «¡Mira, Ares! ¿Qué será eso?» Exclamó Guille, señalando hacia un objeto que brillaba entre los árboles. Corrieron hacia él y descubrieron que era un enorme globo aerostático, con colores tan vivos que parecían sacados de un arcoíris.
Ares, con su característica valentía, propuso: «¿Qué te parece si nos subimos y viajamos a donde el viento nos lleve?» Guille, aunque un poco nervioso, no pudo resistir la idea de una aventura tan emocionante. Así, los dos amigos se subieron al globo y, con un fuerte soplido del viento, comenzaron a elevarse hacia el cielo.
El paisaje desde el aire era asombroso. Campos verdes, ríos serpenteantes y pequeñas casas se veían como parte de un gran tapiz. Guille sacó su cuaderno y comenzó a dibujar todo lo que veía, mientras Ares manejaba el globo con habilidad. «¡Esto es increíble!» Gritaba Guille con emoción.
Mientras viajaban, se encontraron con aves que parecían saludarlos en su camino y nubes que formaban figuras divertidas. Ares y Guille reían y jugaban a adivinar qué formas veían en el cielo. Pero entonces, el viento comenzó a soplar más fuerte, llevándolos en una dirección que no esperaban.
Después de varias horas, el globo comenzó a descender lentamente. Los dos amigos miraron hacia abajo y vieron una ciudad que no reconocían. «Creo que hemos llegado a Jaca,» dijo Ares, mirando un mapa que había en el globo. Guille, emocionado por la nueva ubicación, cerró su cuaderno y se preparó para aterrizar.
El globo tocó tierra en un campo abierto cerca de la ciudad. Los niños, llenos de alegría y asombro, salieron del globo y miraron a su alrededor. Estaban emocionados por explorar este nuevo lugar y las aventuras que les esperaban.
Descubrimiento en Jaca
Al pisar tierra en las afueras de Jaca, Guille y Ares no podían creer lo lejos que habían viajado. La ciudad, con sus edificios antiguos y calles empedradas, parecía sacada de una historia de caballeros y princesas. Los niños, llenos de curiosidad, comenzaron a explorar.
En su caminata, llegaron a una plaza antigua donde un grupo de niños jugaba. Ares, siempre sociable, se acercó para hablar con ellos. «¡Hola! Somos Guille y Ares, venimos de Oliete en ese globo,» dijo señalando hacia el campo donde habían aterrizado. Los niños de Jaca se sorprendieron al escuchar la aventura de Guille y Ares y pronto se hicieron amigos, compartiendo historias y juegos.
Uno de los niños, llamado Marco, les habló sobre una leyenda local. «Dicen que en las montañas cercanas hay un castillo antiguo donde un caballero escondió un gran tesoro,» contó con emoción. Ares y Guille, amantes de las aventuras, se miraron con una chispa en los ojos. «¿Y si vamos a buscar ese tesoro?» propuso Guille.
Después de despedirse de sus nuevos amigos, Guille y Ares se dirigieron hacia las montañas. El camino era empinado y rocoso, pero la emoción de la aventura les daba energía. Subieron y subieron, hasta que finalmente, después de varias horas, llegaron a una antigua fortaleza en ruinas.
El castillo era majestuoso, con torres que parecían tocar el cielo y muros cubiertos de hiedra. Los niños entraron con cautela, explorando los pasillos y habitaciones en ruinas. Guille tomaba notas y dibujaba el castillo en su cuaderno, mientras Ares buscaba pistas sobre el tesoro.
Finalmente, en una habitación oculta detrás de una pared derrumbada, encontraron un cofre. Estaba cubierto de polvo y telarañas, pero intacto. Con manos temblorosas, lo abrieron y encontraron dentro… ¡Un montón de monedas antiguas y joyas brillantes! Los ojos de los niños brillaron ante el descubrimiento. Habían encontrado el tesoro del que hablaba la leyenda.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.