Cuentos de Aventura

Jardín de Secretos en el Estanque de las Rosas Blancas y las Sombras Negras

Lectura para 10 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas y valles verdes, un jardín secreto que se decía tenía propiedades mágicas. Este jardín estaba situado al borde de un estanque lleno de rosas blancas, y nadie sabía de su existencia a excepción de dos amigos muy especiales: Curvo, un niño curioso con una gran imaginación, y Elia, una niña valiente con un corazón lleno de sueños.

Curvo y Elia eran inseparables. Desde que eran pequeños, habían explorado cada rincón del pueblo, pero el jardín del estanque de las rosas blancas siempre había sido un misterio para ellos. Una tarde, después de un día lleno de aventuras, decidieron que era hora de descubrir la verdad sobre ese jardín del que todos hablaban en susurros.

—¿Te imaginas lo que podríamos encontrar allí? —preguntó Curvo con sus ojos brillantes de emoción.

—¡Sí! Tal vez haya tesoros escondidos o criaturas mágicas —respondió Elia, llenando su voz de entusiasmo.

Los dos amigos se dirigieron hacia el estanque, que se encontraba al final de un sendero cubierto de flores silvestres. La brisa suave movía las ramas de los árboles, y el canto de los pájaros servía como música de fondo a su travesía. Al llegar, se encontraron con un espectáculo impresionante: el estanque estaba rodeado de magníficas rosas blancas que se reflejaban en el agua cristalina, y en el centro, flotaban elegantemente dos cisnes, que parecían ser los guardianes del lugar.

—¡Mira, Elia! —gritó Curvo—. ¡Los cisnes son preciosos!

Sin embargo, los cisnes no eran simples aves; tenían plumas tan blancas que brillaban al sol, y sus ojos parecían transmitir un profundo conocimiento del mundo. Cuando Curvo y Elia se acercaron, los cisnes los miraron fijamente, como si pudieran entender sus pensamientos.

De repente, un suave murmullo salió de las aguas del estanque.

—¡Bienvenidos, viajeros! —dijo uno de los cisnes, su voz melodiosa llenando el aire—. Soy Selene, la guardiana de este jardín.

Curvo y Elia se miraron, asombrados. Habían leído sobre criaturas mágicas, pero nunca habían tenido un encuentro tan extraordinario.

—Este jardín es un lugar sagrado. Aquí se esconden secretos que solo aquellos con corazones puros pueden descubrir —continuó Selene, mientras el otro cisne, llamado Nilo, asintió con la cabeza.

—¿Qué secretos hay aquí? —preguntó Elia, su curiosidad ahora insaciable.

—Hay una flor mágica en este jardín que florece una vez cada mil años —dijo Nilo—. Quien logre encontrarla podrá pedir un deseo. Pero cuidado, hay sombras que intentarán impedir que la encontréis.

Curvo y Elia sintieron un escalofrío de emoción, y una pequeña chispa de desafío encendió su espíritu aventurero.

—¡Debemos encontrarla! —exclamó Curvo decidido.

Selene y Nilo los miraron con una mezcla de orgullo y preocupación.

—Antes de que partáis, debéis recordar que la valentía y la amistad son las claves para atravesar las dificultades que encontraréis.

Con esas palabras, los dos amigos se adentraron en el jardín. Era un lugar lleno de maravillas: árboles de colores brillantes, flores que iluminaban el camino y sonidos de criaturas que nunca habían oído antes. Pero, a medida que se adentraban, comenzaron a notar unas sombras oscureciendo el sendero.

—¿Qué son esas sombras? —preguntó Elia, algo asustada.

—No lo sé —respondió Curvo—, pero debemos seguir adelante.

Las sombras empezaron a moverse, tomando formas que parecían personas, pero sus rostros eran indistintos y oscuros. Aparecieron en el camino delante de ellos, bloqueando su progreso.

—¿Quiénes sois? —dijo una sombra, con una voz profunda y resonante.

—Nosotros solo buscamos la flor mágica —respondió Curvo, tratando de mostrarse valiente.

—¿Y por qué deberíamos dejaros pasar? —replicó otra sombra, riendo burlonamente.

Elia, viendo que sus amigos necesitaban apoyo, recordó lo que Selene y Nilo les dijeron sobre la amistad y la valentía.

—¡Porque somos amigos y siempre lucharemos juntos! —gritó con fuerza.

Curvo sintió que la determinación de Elia lo llenaba de valor. Juntos, tomaron las manos y se concentraron en su deseo: querían encontrar la flor mágica y proteger el jardín.

De repente, un resplandor iluminó el área, y las sombras comenzaron a retroceder, como si se desvanecieran ante la luz de su amistad. Las sombras perdieron su poder, y Curvo y Elia pudieron continuar su camino.

Poco después, lograron llegar a un claro donde una hermosa flor brillante se erguía en el centro. Sus pétalos eran de un blanco puro y parecían hechos de luz. Ellos supieron en ese instante que habían encontrado lo que buscaban.

—Es… es maravillosa —susurró Elia.

Curvo se acercó, sintiendo el poder de la flor.

—¿Qué deseas, valientes aventureros? —preguntó Selene, quien había aparecido en ese momento.

Después de reflexionar, Curvo hizo su deseo:

—Deseamos que este jardín siempre esté protegido, para que otros niños puedan disfrutar de su belleza y magia como nosotros.

Con esas palabras, un aire cálido llenó el jardín, y la flor brilló, desatando una luz que rodeó a Curvo y Elia. Selene y Nilo sonrieron, y supieron que habían hecho la elección correcta.

A partir de ese día, el jardín del estanque de las rosas blancas se convirtió en un lugar de encuentro para todos los niños del pueblo. Curvo y Elia compartieron su historia, y cada vez que alguien visitaba el jardín, una parte de la magia perduraba, recordando a todos que la valentía y la amistad siempre triunfan sobre la oscuridad.

Así, Curvo y Elia aprendieron que el verdadero tesoro radica no solo en encontrar algo mágico, sino en compartirlo con aquellos que amas, asegurando que todos tengan la oportunidad de vivir aventuras increíbles. Y así, el jardín de secretos se mantuvo vivo, lleno de risas y sueños, a la espera de la próxima generación de soñadores.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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