En una pequeña ciudad rodeada por montañas y vastos campos verdes, vivía un niño llamado Gabriel con su papá, un fotógrafo de naturaleza. Gabriel, con sus ocho años, compartía con su papá la pasión por las aventuras y la fotografía, especialmente de los fenómenos naturales.
Un día soleado, decidieron emprender una aventura que habían planeado durante semanas: irían a tomar fotos del volcán Cerro Lumbre, que se alzaba imponente cerca de su ciudad. Aunque el volcán había estado dormido durante muchos años, recientes informes sugerían que algo estaba cambiando en su interior, lo que lo convertía en el sujeto perfecto para su colección de fotografías.
Cargados con sus cámaras, trípodes y una mochila llena de provisiones, Gabriel y su papá partieron al amanecer. Mientras ascendían por el sendero que serpenteaba hasta la base del volcán, Gabriel no podía dejar de admirar las formaciones rocosas y la fauna que se escondía entre las sombras del bosque.
Al llegar a un mirador natural, montaron su equipo. Gabriel, emocionado, tomó la primera fotografía justo cuando el sol iluminaba la cima del volcán. Pero, justo en ese momento, el suelo tembló ligeramente bajo sus pies.
«Papá, ¿sentiste eso?» preguntó Gabriel, con una mezcla de nerviosismo y emoción.
«Lo sentí, Gabriel. Parece que el volcán está más activo de lo que pensábamos», respondió su padre, mirando hacia la cima humeante.
Decidieron mantenerse en el lugar, observando y documentando. Gabriel tomaba notas en su pequeño cuaderno, describiendo cada detalle que sus ojos podían captar y cada sonido que sus oídos podían escuchar.
De repente, un ruido sordo como un trueno retumbó por el aire, y una columna de humo y ceniza se disparó hacia el cielo desde la cima del volcán. Gabriel y su papá, asombrados, capturaron el momento con sus cámaras mientras aseguraban estar a una distancia segura.
«¡Esto es increíble, papá! ¿Crees que el volcán va a erupcionar?» preguntó Gabriel, su corazón latiendo con fuerza por la adrenalina.
«No lo sé, hijo. Pero estaremos preparados para lo que sea y mantendremos la seguridad como nuestra prioridad», aseguró su papá, siempre vigilante.
La actividad volcánica aumentó, y pequeñas erupciones comenzaron a sucederse. Gabriel y su papá decidieron que era momento de regresar, pero no antes de que un anciano del lugar se les acercara. El hombre, conocido como Don Ernesto, les habló de una leyenda antigua.
«Dicen que dentro de ese volcán habita un espíritu de fuego, un guardián de la montaña. Cuando despierta, es para proteger algo muy valioso», contó Don Ernesto, con una mirada enigmática.
Intrigados por la historia, Gabriel y su papá prometieron volver para descubrir más sobre esa leyenda, pero esa noche, mientras revisaban las fotos, notaron algo peculiar en una de ellas: una figura brillante cerca de la cima, justo antes de la erupción.
Cuentos cortos que te pueden gustar
La Princesa que Rompió el Hechizo del Castillo
El Hongo de la Isla: La Batalla de la Salud y el Conocimiento contra la Oscuridad y la Ignorancia
Carrusel de Aventuras
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.