Era un hermoso día de verano, perfecto para una aventura. Ikher, Rosita y Mari estaban emocionados porque iban a visitar el zoológico. Ikher era un chico curioso con el cabello castaño y gafas que siempre llevaba consigo un libro de animales. Rosita, una niña alegre con el cabello largo y rizado de color rojo, no podía esperar para ver a los leones. Mari, con su cabello negro y liso recogido en una coleta, era muy inteligente y siempre tenía grandes ideas.
Llegaron al zoológico a media mañana, justo cuando el sol comenzaba a brillar con más fuerza. La primera parada en su recorrido era la Sabana Africana, donde vivían los majestuosos leones. Al llegar, vieron a un león durmiendo a la sombra de un árbol, mientras otro león caminaba lentamente por el recinto. De repente, el león que caminaba soltó un rugido poderoso que resonó por todo el zoológico.
Rosita y Mari aplaudieron emocionadas por el rugido del león, pero Ikher se estremeció un poco. Aunque le fascinaban los animales, el rugido del león era más fuerte de lo que esperaba. Después de observar a los leones un rato más, decidieron continuar su recorrido hacia el Bosque Tropical.
En el Bosque Tropical, todo era muy diferente. El aire era húmedo y fresco, y los sonidos de las aves llenaban el ambiente. Rosita, Ikher y Mari se pusieron muy felices al ver a los loros parloteando. Los loros tenían plumas de colores brillantes: rojas, verdes, azules y amarillas. Sus voces eran fuertes y claras, y parecía que estaban teniendo una conversación muy interesante.
De pronto, un tucán con su gran pico curvado voló sobre sus cabezas. «¡Miren, un tucán!» exclamó Mari, apuntando hacia el ave. El tucán se posó en una rama alta y observó a los niños con curiosidad. Ikher sacó su libro y comenzó a leer en voz alta sobre los tucanes, mientras Rosita intentaba imitar el canto de los loros.
Mientras exploraban el bosque, notaron que un mono travieso estaba jugando cerca de su jaula. El mono saltaba de una rama a otra, haciendo todo tipo de acrobacias. Pero de repente, el mono se dio cuenta de que la puerta de su jaula estaba abierta y sin pensarlo dos veces, se escapó.
«¡Oh no! ¡Un mono travieso se ha escapado!» exclamó Mari, sorprendida.
«¡Tenemos que hacer algo!» dijo Ikher, preocupado.
Los tres amigos decidieron seguir las huellas del mono para llevarlo de vuelta a su jaula. Comenzaron a buscar pistas y pronto encontraron plátanos mordidos, ramas rotas y pequeñas huellas en el suelo. Las huellas los llevaron hasta el área de los elefantes.
Los elefantes eran enormes y majestuosos. Había uno que jugaba con el agua en un estanque, mientras otro comía tranquilamente hojas de un árbol alto. Pero los niños estaban más interesados en encontrar al mono travieso. Siguieron buscando hasta que finalmente vieron al mono subido en un árbol cercano.
Mari tuvo una gran idea. Sacó el plátano que tenía en su almuerzo y lo mostró al mono. «¡Ven, amiguito, aquí tienes tu plátano favorito!» dijo con voz dulce.
El mono, atraído por el plátano, bajó del árbol y comenzó a seguir a Mari. Los tres niños caminaron lentamente de regreso a la jaula del mono, asegurándose de que no se asustara y escapara de nuevo. Finalmente, el mono entró en su jaula y todos aplaudieron cuando la puerta se cerró con seguridad.
«¡Lo logramos!» exclamó Ikher, feliz.
«Sí, y todo gracias a Mari y su gran idea del plátano,» agregó Rosita, sonriendo.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.