Cuentos de Aventura

Un Día en la Playa con Valerion

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Era un día soleado de verano cuando Juan y Jesús, dos hermanos que siempre se divertían juntos, decidieron ir a la playa con su familia. La emoción se veía en sus rostros, ya que hacía tiempo que no disfrutaban de un día de sol y mar. Mientras se preparaban para salir, su gato Valerion, un felino con pelaje gris y ojos verdes brillantes, no parecía tan entusiasmado con la idea.

«Vamos a la playa, Valerion», dijo Juan, mientras acariciaba suavemente la cabeza del gato. «¿No te encanta el mar?»

Valerion, como siempre, no mostró mucho interés en la playa. A pesar de que era un gato curioso, el sonido de las olas y el viento fuerte no eran de su agrado. «Miau», protestó el gato, moviendo la cola con desdén.

Jesús, su hermano, se rió de la actitud de Valerion. «No te preocupes, Valerion, el mar no te va a comer», bromeó mientras preparaba su sombrero de playa y sus sandalias.

La familia subió al coche y, con música alegre de fondo, se dirigieron hacia la playa. Mientras viajaban, Juan y Jesús charlaban emocionados sobre lo que harían una vez llegaran: nadar, hacer castillos de arena, y tal vez hasta buscar conchas y piedras en la orilla. Valerion, por su parte, se acomodó en una caja de transporte, mirando por la ventana con cara de aburrimiento.

Al llegar, la vista del mar azul y el cielo despejado hizo que todos se sintieran aún más emocionados. La familia descargó las toallas, sombrillas, y una nevera llena de refrescos y bocadillos. Jesús y Juan corrían hacia el agua, dejando atrás a Valerion, que se quedó observando la escena desde la distancia.

«¡Mira, Juan! ¡Las olas son enormes!» dijo Jesús, mientras saltaba de un lado a otro en el agua.

Juan, que siempre había sido un buen nadador, se lanzó con confianza al mar. «¡Vamos a construir el castillo más grande que jamás hayamos hecho!» exclamó.

Mientras tanto, Valerion, que había quedado en la toalla, decidió que lo mejor sería esconderse bajo la sombrilla, alejándose de las olas ruidosas. «Miau», volvió a quejarse, mientras sus ojos se fijaban en sus dueños jugando felices en el agua.

«Vamos, Valerion», dijo Juan, al ver que el gato parecía incómodo. «Ven al agua, te aseguro que es divertido. ¡Puedes ver las olas y jugar con nosotros!» Pero Valerion no parecía muy convencido.

A pesar de la invitación, Valerion prefería la calma de la arena seca, así que se recostó en su lugar, mirando atentamente a sus dueños. Sin embargo, algo interesante comenzó a llamar su atención. Cerca de la orilla, un grupo de cangrejos se movía rápidamente de un lado a otro, y Valerion, curioso por naturaleza, no pudo evitar seguirlos con la mirada.

«¿Ves eso, Valerion?», dijo Jesús, que ahora había salido del agua. «¡Están en todas partes!»

Valerion observó los cangrejos, moviéndose entre las rocas. Su instinto felino comenzó a activarse, y con una pequeña carrera, intentó acercarse sigilosamente a uno de ellos. Pero los cangrejos, al ver al gato, se escondieron rápidamente entre las piedras. Valerion los miró por un momento, desconcertado, y luego se tumbó nuevamente en la arena, resignado.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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