Cuentos de Aventura

Un Viaje Mágico de Nieve y Amor

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En un pueblo mágico, donde la nieve caía suave y brillante, la noche de Navidad llegó con un cielo lleno de estrellas y luces de colores que se reflejaban en cada copo de nieve. En medio de ese mundo de brillo y alegría, había una feria navideña llena de adornos relucientes, juguetes de madera, dulces de todos los colores y aromas deliciosos que invitaban a todos a sonreír y cantar.

Ariadna era una niña elfa, pequeñita y alegre, con orejas puntiagudas y ojos que brillaban como las luces de la feria. Con ella siempre estaba su cachorro Zeus, un perrito blanco y esponjoso, con una cola que movía sin parar y una nariz que olía todo a su alrededor con mucha curiosidad. Juntos disfrutaban corriendo y jugando entre los colores y las luces, felices de compartir esa noche mágica.

La feria estaba llena de elfos, pequeños amigos de Ariadna que trabajaban felices decorando y ayudando a los visitantes. Había elfos que vendían juguetes, otros que ofrecían dulces y algunos que cantaban villancicos. La música navideña llenaba el aire y las risas de los niños se mezclaban con el sonido de las campanas. Pero, entre tanto ritmo y brillo, de repente Ariadna se dio cuenta de que no sabía dónde estaba su casita. La nieve seguía cayendo y la feria parecía más grande, con muchas luces y caminos que parecían salir de cuentos de hadas.

Zeus miró a su amiga con ojos brillantes y lamió su mano para darle ánimos. Entonces, con un movimiento alegre de la cola, empezó a caminar hacia adelante, olfateando la nieve. Ariadna sabía que su cachorro podía ayudarla a encontrar el camino, porque Zeus tenía un corazón muy especial y un sentido del olfato que ningún otro cachorro tenía. Ella tomó su manita y juntos siguieron a Zeus, que parecía encontrar pistas en cada huella, en cada aroma del viento frío.

Mientras caminaban, llegaron a un árbol gigante decorado con luces doradas y estrellas plateadas. Allí apareció un nuevo personaje: Lila, una elfa que cuidaba los adornos más especiales. Lila les sonrió y les dijo con voz dulce: «¿Buscan su hogar en esta noche tan fría? Yo sé que el camino puede ser difícil, pero dejen que Zeus tome la delantera. Él tiene un don muy grande para seguir los aromas de la nieve mágica».

Ariadna agradeció a Lila y continuaron, con Zeus olfateando el suelo y Ariadna tomándole la cola para no perderlo. A su paso, la nieve hacía sonidos suaves y brillaba en la luz de las estrellas. Cada árbol y cada casa de la feria les parecía un lugar nuevo y maravilloso, pero nada igual a su casita donde el calor del hogar siempre los esperaba.

Pasaron por una casita de jengibre, donde un elfo llamado Tomás les ofreció un dulce de miel y canela, que calentó un poquito más sus manos. Tomás les dijo: «Cuando la nieve es mucha, solo el amor y la amistad pueden guiar el camino de regreso. Confíen en Zeus, porque él los llevará a donde deben estar».

Zeus meneó la cola con fuerza, como si entendiera todas las palabras y prometiera que no se rendiría. Siguieron caminando por el pueblo mágico, cruzando un puente de luces que parecía brillar con magia pura. En el otro lado del puente, apareció la señora Elvina, una elfa mayor, sabia y de cabello plateado, que les preguntó: «¿Van hacia su hogar? Este camino también puede ser peligroso en la nieve profunda. Tomen mi manta mágica para que no sientan frío».

Ariadna tomó la manta con cuidado y la envolvió alrededor de Zeus y de ella. Así, más calientitos, siguieron su aventura.

Caminaron y caminaron, escuchando el sonido suave de la brisa que movía las copas de los árboles cubiertos de escarcha. Bajo la luz de la luna, Zeus se detuvo y comenzó a olfatear con mucha fuerza en un lugar donde la nieve estaba apenas pisada. Luego volteó hacia Ariadna y ladró suavemente, haciendo un pequeño salto. Ella comprendió que estaban cerca. Con emoción, tomaron un último paso más y, entre un grupo de árboles nevados, apareció su casita.

La casita estaba decorada con guirnaldas y luces de colores, justo como la recordaban. La chimenea resplandecía con una luz cálida y el aroma a galletas recién horneadas llenaba el aire. Ariadna y Zeus corrieron hacia la puerta, felices de estar finalmente en casa después de la aventura mágica.

Entraron abrazados, y Ariadna le agradeció a Zeus con un beso en su dulce naricita. Zeus movió la cola con alegría, contento de haber encontrado el camino. En la ventana, las estrellas parecían sonreírles, como si también celebraran la unión del hogar y la amistad.

Esa noche, mientras Ariadna y Zeus se acurrucaban junto al fuego, pensaron en todos los nuevos amigos elfos que habían conocido y en cómo la magia de la Navidad no solo estaba en las luces ni en los juguetes, sino en el amor, la ayuda y la confianza que tenían los unos en los otros.

Ariadna sabía que, aunque la nieve caiga y el camino parezca largo, siempre es posible encontrar el camino de regreso con un corazón valiente y un amigo fiel como Zeus. Y así, en un pueblo mágico, bajo un cielo lleno de luces y sueños, la niña elfa y su cachorro aprendieron que las aventuras están llenas de amor y que el verdadero hogar siempre está en los brazos de quienes te quieren.

Y colorín colorado, esta mágica aventura de nieve, elfos y un cachorro ha terminado.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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