Cuentos de Ciencia Ficción

El Gato Volador, El Perro Astronauta y El Ratón Invisible

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

Puntuación:

5
(1)
 

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico
5
(1)

Había una vez, en un futuro no muy lejano, una estación espacial llamada Cosmos-1, flotando serenamente en la inmensidad del universo. Esta estación era el hogar de tres peculiares y valientes amigos: El Gato Volador, El Perro Astronauta y El Ratón Invisible. Juntos, vivían emocionantes aventuras en su misión de explorar el cosmos y proteger la paz en el universo.

El Gato Volador era un felino con alas, con un pelaje liso y gafas que usaba para proteger sus ojos de la luz estelar. Sus habilidades para volar le permitían moverse con agilidad por la estación espacial y en el espacio exterior. El Perro Astronauta, por su parte, era un can valiente que siempre llevaba puesto un traje espacial con casco y un jetpack que le permitía desplazarse rápidamente por el vacío del espacio. El Ratón Invisible era el más pequeño del grupo, pero no menos importante. Era un ratón translúcido, con una expresión traviesa, capaz de volverse completamente invisible, lo que le permitía infiltrarse en lugares y resolver problemas de manera discreta.

Una mañana, mientras los tres amigos desayunaban en la sala de control de la estación, la computadora central emitió una alerta. En la pantalla, apareció un mensaje urgente: «Detectada anomalía en el sector X-42. Posible amenaza a la seguridad de la galaxia.»

El Gato Volador se ajustó las gafas y dijo: «Amigos, parece que tenemos una misión. Debemos investigar esta anomalía y asegurarnos de que no represente un peligro para nuestro universo.»

El Perro Astronauta asintió con determinación. «Estoy listo para cualquier cosa. Vamos a prepararnos.»

El Ratón Invisible, con su sonrisa traviesa, simplemente dijo: «¡A la aventura!»

Después de equiparse con todos sus dispositivos y herramientas, los tres amigos se dirigieron a la bahía de lanzamiento de la estación. Abordaron su nave espacial, el «Estrella Veloz», y pusieron rumbo al sector X-42. Durante el viaje, El Perro Astronauta revisó los datos de la computadora y descubrió que la anomalía parecía provenir de un planeta desconocido.

«Este planeta no aparece en nuestros mapas», dijo preocupado. «Debemos tener mucho cuidado.»

Cuando llegaron al planeta, encontraron un paisaje desolado y rocoso, con grandes formaciones de cristal que emitían una extraña luz verde. Aterrizaron su nave cerca de una de estas formaciones y salieron a investigar.

El Gato Volador extendió sus alas y sobrevoló el área para obtener una mejor vista. Desde el aire, pudo ver lo que parecía ser una antigua estructura oculta entre las rocas. «Allí hay algo», dijo al aterrizar junto a sus amigos. «Parece una especie de templo.»

El Ratón Invisible se adelantó, volviéndose completamente invisible para explorar el templo sin ser visto. Dentro, encontró inscripciones en una lengua desconocida y artefactos brillantes que parecían antiguos. Regresó con sus amigos para informarles.

«Este lugar es muy antiguo», dijo. «Creo que estos artefactos son la fuente de la anomalía. Debemos descubrir qué significan estas inscripciones.»

El Perro Astronauta, que tenía un dispositivo de traducción, se acercó a las inscripciones y comenzó a descifrarlas. «Hablan de una energía poderosa oculta en el templo, una energía que puede ser utilizada para el bien o para el mal. Debemos tener cuidado.»

Mientras investigaban, el suelo bajo ellos comenzó a temblar. Una puerta secreta se abrió, revelando un pasaje subterráneo. Sin dudarlo, los tres amigos decidieron seguir el pasaje para descubrir la fuente de la energía.

El pasaje los llevó a una gran cámara subterránea llena de cristales brillantes y una enorme máquina en el centro. La máquina parecía estar activándose, emanando pulsos de energía que hacían vibrar los cristales.

«Esta máquina debe ser la causa de la anomalía», dijo El Gato Volador. «Tenemos que desactivarla antes de que cause más daño.»

El Ratón Invisible, usando su habilidad para volverse invisible, se deslizó entre los cristales y llegó a la máquina. Con destreza, comenzó a manipular los controles, intentando encontrar la manera de apagarla.

Mientras tanto, El Perro Astronauta y El Gato Volador se mantenían alerta, vigilando cualquier posible peligro. De repente, un grupo de drones de defensa apareció, activados por la máquina. Los drones se acercaron rápidamente, listos para atacar.

«¡Cuidado!» gritó El Gato Volador, extendiendo sus alas y lanzándose al aire para enfrentarse a los drones.

El Perro Astronauta, utilizando su jetpack, se unió a la batalla. Con movimientos ágiles y precisos, los dos amigos combatieron a los drones, protegiendo a El Ratón Invisible mientras trabajaba en desactivar la máquina.

Después de una intensa batalla, El Ratón Invisible finalmente logró apagar la máquina. Los drones se detuvieron de inmediato y los cristales dejaron de brillar. La cámara quedó en silencio.

«Lo logré», dijo El Ratón Invisible, volviendo a ser visible. «La máquina está desactivada.»

El Gato Volador y El Perro Astronauta se acercaron, aliviados. «Buen trabajo, Ratón,» dijo El Perro Astronauta. «Hemos detenido la anomalía.»

«Pero, ¿quién activó esta máquina en primer lugar?» preguntó El Gato Volador. «Debemos investigar más.»

Encontraron un panel oculto en la base de la máquina con más inscripciones. Estas hablaban de una antigua civilización que había construido la máquina para proteger un poderoso artefacto, conocido como el «Corazón de la Galaxia». Este artefacto tenía el poder de dar vida o destruir mundos enteros.

«Debemos asegurarnos de que este artefacto no caiga en manos equivocadas,» dijo El Perro Astronauta. «Llevémoslo de vuelta a la estación para mantenerlo seguro.»

Con cuidado, removieron el Corazón de la Galaxia de la máquina y lo llevaron a su nave. Regresaron a Cosmos-1, donde lo colocaron en una cámara de seguridad protegida por múltiples capas de defensas y códigos de acceso.

De vuelta en la estación, los tres amigos se sentaron en la sala de control, reflexionando sobre su aventura. «Hemos aprendido que debemos estar siempre vigilantes y proteger el universo de cualquier amenaza,» dijo El Gato Volador.

«Y que, trabajando juntos, podemos superar cualquier desafío,» añadió El Perro Astronauta.

«Sí,» coincidió El Ratón Invisible. «Nuestra amistad y valentía nos guiarán siempre.»

Con el Corazón de la Galaxia a salvo y la anomalía resuelta, la estación espacial Cosmos-1 volvió a la normalidad. Los tres amigos continuaron explorando el universo, listos para enfrentar cualquier nueva aventura que se les presentara.

Y así, El Gato Volador, El Perro Astronauta y El Ratón Invisible siguieron viviendo emocionantes aventuras, protegiendo la paz en el cosmos y demostrando que, con valor y trabajo en equipo, cualquier misión es posible.

En una noche estrellada, mientras observaban el vasto universo desde la ventana de la estación espacial, El Gato Volador se volvió hacia sus amigos y dijo: «Nuestro trabajo nunca termina, pero estoy agradecido de tenerlos a mi lado.»

«Siempre estaremos juntos, enfrentando lo que venga,» respondió El Perro Astronauta.

«Y explorando nuevos mundos,» agregó El Ratón Invisible con una sonrisa traviesa.

Así, los tres amigos siguieron su misión, con el universo entero como su campo de juego y su hogar. Sabían que, sin importar los desafíos, su amistad y determinación les permitirían superar cualquier obstáculo y proteger el cosmos para todos.

Y colorín colorado, este cuento de ciencia ficción ha terminado.

image_pdfDescargar Cuentoimage_printImprimir Cuento

¿Te ha gustado?

¡Haz clic para puntuarlo!

Comparte tu historia personalizada con tu familia o amigos

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico

Cuentos cortos que te pueden gustar

autor crea cuentos e1697060767625
logo creacuento negro

Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

Deja un comentario