En el corazón de un vasto y antiguo bosque, donde los árboles rozan el cielo y el viento canta melodías olvidadas, vivía una valiente niña llamada Valentina. Junto a ella estaban Nico, su astuto amigo; el Señor Plumas, un sabio búho; Capitán, su leal perro; y la Señora Brisavoz, una elegante cierva. Todos compartían un vínculo único, forjado por innumerables aventuras y secretos compartidos.
Una tarde, mientras el sol comenzaba a ocultarse tras los árboles teñidos de otoño, Valentina encontró un mapa antiguo en el tronco hueco de un roble. El mapa mostraba un sendero que atravesaba el Bosque Susurrante, llevando a un lugar legendario conocido como «El Valle de la Luz Eterna». Según las leyendas, aquel valle era un paraíso de calma y prosperidad, donde no existía la tristeza.
Emocionados por la idea de descubrir este lugar mágico, el grupo decidió emprender el viaje al amanecer. Sabían que el camino sería largo y posiblemente peligroso, pero juntos sentían que podían enfrentar cualquier desafío.
El primer día de viaje, mientras atravesaban un espeso matorral, el Señor Plumas usó su sabiduría para guiar al grupo a través de rutas seguras, evitando las zonas donde los lobos salvajes merodeaban. Capitán, con su instinto infalible, alertaba sobre cualquier peligro, mientras que la Señora Brisavoz ayudaba a encontrar alimentos frescos y agua limpia.
Durante una noche particularmente fría, Nico, quien siempre había sido ingenioso, construyó un refugio improvisado con ramas y hojas. Valentina, por su parte, contaba historias que habían aprendido de los ancianos del bosque, historias que hablaban de valor y amistad, mientras todos se acurrucaban juntos para compartir calor.
Al tercer día, mientras cruzaban un antiguo puente colgante, una ráfaga de viento amenazó con derribar a Valentina. Sin embargo, en un acto de valentía, Capitán saltó hacia adelante, agarrando la capa de Valentina con sus dientes y tirando de ella hacia la seguridad. Todos respiraron aliviados y continuaron su camino, ahora con renovada precaución.
El viaje los llevó a través de prados dorados y sobre colinas cubiertas de bruma, hasta que finalmente llegaron a un río caudaloso. El mapa indicaba que debían cruzarlo, pero el río estaba crecido y parecía peligroso. Fue entonces cuando la Señora Brisavoz, usando su agilidad, encontró un lugar donde el río se estrechaba. Con cuidado, guió a todos a cruzar por las piedras semisumergidas.
Después de varios días de viaje, finalmente alcanzaron el borde del Valle de la Luz Eterna. Al entrar, fueron recibidos por una luz suave y cálida que parecía envolver todo el valle. El aire estaba lleno de fragancias dulces, y pequeñas luces danzaban entre los árboles como si les dieran la bienvenida.
El grupo decidió establecerse allí, construyendo un pequeño hogar con la madera de los árboles caídos y las fibras de las plantas del valle. Día tras día, exploraron cada rincón de su nuevo hogar, encontrando paz y contento en la simple armonía de la naturaleza.
Cuentos cortos que te pueden gustar
Las Aventuras de A, E, I, O y U
El aniversario de Luis y Petra
El Misterio de la Tormenta
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.