Cuentos de Fantasía

Fiesta de Colores y Alegría: Un Día de Muertos Mágico para Pequeños Corazones

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

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En un rincón muy colorido y especial del mundo, donde las flores de cempasúchil bailaban al ritmo del viento y las calaveras sonreían de alegría, vivía una hermosa y dulce Catrina llamada Doña Calaca. Doña Calaca no era una Catrina cualquiera, ella tenía un vestido lleno de colores brillantes, flores, y su sombrero estaba decorado con mariposas que parecían querer volar en cualquier momento. Todos los niños del pueblo la querían mucho porque ella contaba las historias más bonitas del Día de Muertos, una celebración muy mágica y especial.

Una tarde, cuando el sol comenzaba a esconderse y el cielo se teñía de rojo y naranja, Doña Calaca decidió invitar a sus amigos para preparar una fiesta mágica. Los personajes que la acompañaban eran Xolo, un perro negro con ojos sabios y cola juguetona; Mundo, un niño curioso que amaba aprender cosas nuevas; y Esqueleto, un muñeco de huesitos que siempre estaba muy alegre y sabía bailar como nadie. Juntos, querían preparar una celebración que recordara a todos la magia del Día de Muertos.

“¡Venid amigos! Hoy vamos a hacer una gran ofrenda para recordar a nuestros seres queridos que ya no están con nosotros, pero que viven en nuestro corazón”, dijo Doña Calaca con su voz dulce y cariñosa. Xolo movió su cola emocionado, Mundo saltó feliz y Esqueleto aplaudió con sus huesitos, listo para comenzar la aventura.

“¿Pero qué es una ofrenda?”, preguntó Mundo con los ojos muy abiertos y llenos de curiosidad.

Doña Calaca se agachó para estar a la altura de Mundo y explicó, “Una ofrenda es como una cajita mágica donde ponemos muchas cosas bonitas para recordar a las personas que queremos mucho, pero que ya no están aquí con nosotros. Ponemos flores, comida rica, fotos, y cosas que les gustaban a esas personas.”

Xolo ladró suave, como si entendiera la importancia de esa cajita mágica. “¡Guau, guau!”, pareció decir, “Eso suena como un pequeño regalo para el corazón”.

Doña Calaca sonrió y les mostró una gran mesa donde comenzarían a decorar la ofrenda. “Primero, tenemos que poner las flores de cempasúchil, que son amarillas y de un color muy brillante. Ellas guían a las almas para que puedan encontrar el camino a casa.”

Mundo tomó una flor con cuidado y la olió. “¡Huele delicioso y se ve muy bonita!”, dijo entusiasmado.

La pequeña Catrina les contó que también pondrían fotografías para recordar las caras felices de los abuelitos, tías, y amigos que ya no podían estar con ellos en persona, pero que vivían siempre en su corazón. “Así podemos hablarles y contarles que los queremos mucho.”

Esqueleto saltó y propuso algo divertido. “¡Vamos a poner calaveritas de azúcar! Son dulces y con colores muy divertidos. Son para celebrar la vida y para que la fiesta sea alegre.”

Doña Calaca asintió. “Sí, y también vamos a poner papel picado, que es un papel muy especial con muchos colores y dibujitos que vuelan con el viento. Es como si las palabras bonitas y los recuerdos bailaran en el aire.”

Los cuatro amigos trabajaron con mucha alegría y cantaron canciones mientras decoraban la ofrenda. Xolo ayudaba llevando pequeñas flores en su boca, Mundo pintaba papel picado con sus dedos, Esqueleto hacía piruetas para animar a todos, y Doña Calaca, con su sombrero lleno de mariposas de colores, les contó cómo las mariposas significan que las almas vienen a visitarnos en esos días especiales.

De repente, mientras decoraban, una suave brisa iluminada pasó entre ellos y las flores comenzaron a brillaren con destellos dorados. Entonces, apareció un pequeño espíritu juguetón que se presentó con una voz dulce, “¡Hola! Soy Luz, una alma que viene a celebrar con ustedes.”

Mundo se sorprendió, pero rápidamente sonrió y le dijo “¡Hola Luz! Ven con nosotros, te vamos a enseñar todo sobre esta hermosa tradición.”

Luz brincó feliz y juntos siguieron colocando en la ofrenda fruta fresca, pan de muerto que olía delicioso, y unas pequeñas velitas que Doña Calaca les dijo que eran para iluminar el camino de los espíritus.

“¿Por qué hay velitas?”, preguntó Luz maravillada.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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