En un bosque encantado, lleno de árboles altos y flores que brillaban con luz propia, vivía una pequeña hada llamada Majo. Majo tenía unas alas traslúcidas que reflejaban los colores del arcoíris cuando volaba bajo el sol. Siempre llevaba consigo una varita mágica, hecha de la rama más antigua del bosque y adornada con una piedra luminosa en la punta.
Un día, mientras Majo volaba entre los árboles, descubrió un nido de pájaro caído en el suelo. Dentro del nido había un pajarito asustado, de plumas multicolores y ojos grandes y brillantes. Majo, con su corazón bondadoso, decidió ayudar al pequeño pájaro.
—No te preocupes, pequeño amigo —dijo Majo suavemente—. Te llevaré a un lugar seguro.
Con un suave batir de alas, Majo levantó el nido y lo llevó hasta la rama más alta de un roble majestuoso. Allí, el pajarito comenzó a cantar una melodía tan dulce que parecía llenar todo el bosque de alegría.
Mientras Majo disfrutaba de la música, escuchó un susurro entre las hojas. Era un mensaje de una antigua amiga, la princesa Aleia, que necesitaba ayuda. Aleia vivía en un castillo al borde del bosque y era conocida por su valentía y amabilidad. Sin perder tiempo, Majo y el pajarito volaron hacia el castillo.
Al llegar, la princesa Aleia los recibió con una sonrisa, aunque en sus ojos había preocupación.
—Gracias por venir, Majo —dijo Aleia—. Necesito tu ayuda. Una sombra oscura ha empezado a cubrir el bosque y temo que algo terrible esté por suceder.
Majo asintió, decidida a ayudar a su amiga. Juntas, emprendieron el viaje hacia el corazón del bosque, donde se decía que vivía el origen de la oscuridad. El pajarito, ahora llamado Lumi por su luz interior, volaba junto a ellas, iluminando el camino con su canto brillante.
A medida que avanzaban, el bosque se volvía más oscuro y misterioso. Los árboles parecían susurrar secretos antiguos y las sombras se movían con vida propia. Sin embargo, la presencia de Lumi y el coraje de la princesa Aleia mantenían a raya el miedo.
Finalmente, llegaron a un claro donde encontraron una cueva de la que emanaba una oscuridad densa. Majo agitó su varita mágica y murmuró un hechizo. Un haz de luz salió de la piedra luminosa de su varita, iluminando la entrada de la cueva.
—Debemos entrar —dijo Majo con firmeza—. La oscuridad debe ser enfrentada.
Dentro de la cueva, se encontraron con una criatura enorme, un dragón de sombras, cuyas escamas parecían absorber toda la luz. Sus ojos rojos brillaban con malicia y su aliento era un viento helado.
—¿Quién se atreve a entrar en mi dominio? —rugió el dragón.
—Somos Majo, Lumi y la princesa Aleia —respondió Majo con valentía—. Hemos venido a detener tu oscuridad y devolver la luz al bosque.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.