Era una tarde tranquila en el pequeño pueblo de Valverde, donde vivían cinco primas: Alejandra, Triana, Marina, Sofía y Elena. A pesar de que cada una tenía su propia personalidad, compartían un fuerte lazo que las unía. Alejandra era aventurera y siempre estaba en busca de nuevas experiencias. Triana, la más creativa del grupo, pasaba horas dibujando y pintando. Marina era una fanática de la lectura, siempre con un libro bajo el brazo. Sofía, la más alegre y risueña, siempre sabía cómo hacer reír a todos. Finalmente, estaba Elena, la más curiosa, que se interesaba por todo lo que las rodeaba.
Un día, mientras todos jugaban en el jardín de la abuela, Elena encontró un extraño objeto entre las flores. Era una esfera brillante y colorida que emitía una luz tenue pero cautivadora. «¡Miren esto!», exclamó Elena con emoción, mostrándoles la esfera.
Las otras primas se acercaron rápidamente. «¿Qué es?», preguntó Marina, inclinándose para observar más de cerca. «No lo sé, pero se siente mágico», respondió Elena, vibrando de emoción.
Triana, siempre con su mente creativa, sugirió: «¡Podría ser una bola de cristal! Quizás nos puede mostrar algo especial». Con esa idea en mente, dieron un paso atrás, formando un círculo en torno a la esfera. La luz comenzó a parpadear y, de repente, una imagen se formó en su superficie. Se trataba de un hermoso paisaje; flores de colores brillantes y árboles de formas extrañas. En el fondo, había un enorme arco iris que se extendía hasta el cielo.
«¡Wow! ¿Dónde es eso?», preguntó Sofía, los ojos brillando de asombro. «Parece un lugar de cuento de hadas», añadió Alejandra con una sonrisa entusiasta.
Marina, sintiendo la urgencia de la aventura, dijo: «Deberíamos ir a ver si podemos encontrar ese lugar. Podría ser una aventura fantástica». Las otras primas asintieron, sintiendo el mismo deseo de explorar.
Decidieron que debían descubrir cómo viajar hasta el lugar que la esfera mostraba. «Quizás la esfera nos dará una pista», sugirió Triana. Así que, comenzaron a tocar la esfera con diferentes combinaciones de dedos, intentando descubrir su secreto. De repente, la esfera emitió un suave zumbido y las luces comenzaron a girar.
«¡Sujétense fuerte!», gritó Elena, mientras todos se tomaban de las manos. En un abrir y cerrar de ojos, sintieron como si el suelo se desvaneciera bajo sus pies y fueron envueltas en una luz brillante. De pronto, ya no estaban en el jardín de su abuela, sino en un lugar maravillosamente vibrante.
El cielo era de un azul intenso, lleno de nubes esponjosas que parecían algodón. Las flores a su alrededor eran de colores que nunca habían visto antes, y los pájaros cantaban melodías encantadoras. «¡Lo logramos!», exclamó Alejandra, mirando a su alrededor con deslumbramiento. «¡Estamos en un mundo mágico!»
Mientras caminaban, descubrieron que cada planta y criatura era única. De pronto, un pequeño duende apareció, flotando sobre una cama de flores. «¡Hola, visitantes!», dijo el duende con una risa melodiosa. «Soy Lumis, el guardián de este reino. ¿Qué les trae por aquí?»
Las primas, emocionadas y un poco nerviosas, le explicaron cómo habían encontrado la esfera y cómo habían llegado hasta allí. Lumis sonrió, mostrando unos dientes diminutos y afilados. «¡Qué maravillosa aventura! Ustedes han despertado el poder de la esfera mágica. Cada cien años, se abre un portal para que los elegidos exploren el reino de Luminaria. ¿Están listas para conocer sus secretos?»
«¡Sí!», respondieron todas al unísono, llenas de energía.
Lumis las guió por un camino de piedras brillantes que las llevó a un claro rodeado de árboles altos que parecían tocar el cielo. En el centro del claro había una fuente hecha de cristal que arroja agua dorada. «Esta es la Fuente de los Sueños», explicó Lumis. «Beber de ella les otorgará un deseo, pero solo uno, así que piensen con cuidado».
Las primas se miraron entre sí, pensativas. «¿Qué deseamos?», preguntó Marina. «Quiero que nuestro viaje nunca termine», dijo Sofía mientras contemplaba la hermosa fuente. «Yo quiero conocer más sobre este lugar», agregó Elena, su curiosidad desbordante. “Me encantaría poder hablar con los animales”, sugirió Triana. Todos deseaban algo diferente, pero sabían que tenía que haber una manera de que todos se sintieran felices.
«Si nos unimos y hacemos un solo deseo, podríamos lograrlo», propuso Alejandra. «¿Qué tal si deseamos la posibilidad de regresar aquí siempre que queramos?». Las demás suscribieron la idea con entusiasmo. De esta manera, podrían explorar siempre aquellos lugares mágicos que revelaba la esfera, formando un puente entre su mundo y Luminaria.
Con esa idea en mente, se acercaron a la fuente, llenas de esperanza. «Queremos tener la capacidad de regresar a Luminaria una y otra vez», dijeron juntas. Al hacerlo, la fuente emitió un destello brillante y el agua dorada se transformó en un arco iris que iluminó todo a su alrededor. Las primas se sintieron envueltas de una energía cálida y acogedora.
«¡El deseo ha sido concedido!», anunció Lumis, riendo con alegría. “Siempre que tengan la esfera, podrán regresar aquí. Pero recuerden, solo pueden venir un máximo de tres días a la vez. ¡El mundo necesita equilibrio!”
Todas se sintieron emocionadas, sabiendo que estaban a punto de vivir muchas aventuras a lo largo de los años. Sin embargo, Lumis continuó: “Recuerden, también es importante no solo la aventura, sino lo que aprenden al compartirlas entre ustedes. Hay poderes más grandes que el deseo, como la amistad y la unión”.
Mientras hablaban y reían, decidieron explorar más del reino de Luminaria. Lumis las guió a través de bosques encantados, donde los árboles susurraban secretos y los animales parecían entender el lenguaje de las primas. Ellas jugaron contigo, corrieron bajo las cascadas que brillaban como diamantes, y conocieron a criaturas mágicas que les contaron historias de tiempos antiguos.
Marina se sintió maravillada al ver a una familia de unicornios que pastaba tranquilamente en un prado lleno de flores. «¡Miren!», gritó, «son tan hermosos. Nunca había visto algo así». Las primas se acercaron en silencio, asombradas, mientras los unicornios levantaban la cabeza, mirándolas con curiosidad.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.