Había una vez, en un pequeño y acogedor pueblo, una niña llamada Ona. Ona tenía seis años y una pasión enorme por los animales. Le encantaban todos: desde los pequeños pajaritos que cantaban en su ventana hasta los grandes elefantes que había visto en libros.
Una noche, justo antes de irse a la cama, la mamá de Ona le contaba un cuento sobre un reino animal mágico. Mientras escuchaba fascinada, Ona cerró los ojos y, de repente, algo increíble sucedió. Al abrirlos, ya no estaba en su habitación, sino en medio de un inmenso y hermoso bosque.
El bosque estaba lleno de árboles altísimos y flores de colores que brillaban bajo la luz del sol. Ona no podía creer lo que veía. Se pellizcó suavemente para asegurarse de que no estaba soñando. “¡Estoy en el cuento de mamá!”, pensó emocionada.
De pronto, un conejo blanco con manchas negras se acercó a ella. “Hola, Ona. Soy Luno, el guía del bosque. ¿Estás lista para una aventura?”, dijo el conejo con una voz amigable. Ona asintió con entusiasmo.
Luno llevó a Ona por un sendero rodeado de árboles que parecían hablar entre ellos. Pronto llegaron a un claro donde un grupo de animales esperaba. Había un ciervo majestuoso, un zorro astuto, un oso amigable y muchos más.
“Ona, cada uno de nosotros te enseñará algo importante”, dijo el ciervo con voz serena. El zorro agregó: “Y al final de tu viaje, descubrirás un gran secreto del bosque.”
La primera lección fue con el oso, quien le enseñó a Ona la importancia de compartir y ser amable. Juntos recogieron bayas y las compartieron con los demás animales. Luego, el zorro le mostró cómo ser astuta y resolver problemas difíciles.
Así, cada animal le enseñó algo valioso: el ciervo la importancia de ser gentil, las aves cómo apreciar la belleza de cada día, y el conejo Luno la alegría de explorar lo desconocido.
Finalmente, después de un día lleno de aventuras y aprendizajes, Luno dijo: “Ona, es hora de revelar el gran secreto del bosque.” La llevó a un lago cristalino, donde la superficie del agua comenzó a brillar.
En el reflejo del agua, Ona vio imágenes de ella misma ayudando a los animales, riendo y aprendiendo. “El secreto del bosque eres tú, Ona. Tu bondad, tu curiosidad y tu amor por los animales hacen este lugar mágico”, explicó Luno.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.