Cuentos de Hadas

Los Duendes y el Secreto de las Sombras Luminosas

Lectura para 10 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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En un rincón olvidado de la Escuela 81, donde los árboles susurran secretos antiguos y las sombras juegan a las escondidas, cinco inusuales guardianes velan por el equilibrio entre el mundo humano y el reino de las hadas. Estos no son guardianes ordinarios; son duendes, seres de 10 cm de altura, con rasgos marcados por el tiempo, ojos azules como zafiros, y un andar tan sigiloso que ni la hoja más delgada podría percibir su paso. Igor, Odín, Flora, Aurora y Aldo son sus nombres, y esta es su historia.

La vida en la Escuela 81 transcurría como en cualquier otro lugar, con el bullicio de niños jugando y aprendiendo, sin saber que, justo bajo sus pies, se desarrollaba una saga de magia y misterio. Los duendes, con sus capuchas estilo monje y sus ponchos grises, eran los custodios de secretos milenarios, protectores de las raíces de los árboles que sostenían no solo la tierra, sino también el velo entre los mundos.

Cada día, mientras los niños dejaban sus meriendas descuidadas, los duendes, ágiles y escurridizos, las recogían no por travesura, sino por necesidad. No obstante, su relación con los niños no se basaba únicamente en el hurto de alimentos; los duendes compartían con ellos los secretos de los mejores escondites, enseñanzas de la naturaleza y, ocasionalmente, los llevaban de la mano a explorar la tierra de las hadas, un lugar donde la imaginación de los niños cobraba vida, y los sueños se entrelazaban con la realidad.

Aurora, la más valiente entre los duendes, con su mirada penetrante y su espíritu indomable, fue la primera en notar el cambio. Un oscuro presagio se cernía sobre la Escuela 81; algo o alguien estaba perturbando el equilibrio entre los mundos. Los niños comenzaron a soñar con sombras que robaban colores y esperanzas, y los árboles susurraban con urgencia de un peligro inminente.

Unidos por un propósito común, los duendes decidieron actuar. Igor, con su sabiduría ancestral, propuso un plan: crearían una poción de luz, capaz de disipar las sombras y restaurar el equilibrio. Sin embargo, para completar la poción, necesitaban ingredientes que solo los niños podrían proporcionar: la risa pura de un corazón contento, el coraje encontrado en la aventura, y la promesa de amistad inquebrantable.

El desafío era grande, pero los lazos entre los duendes y los niños eran fuertes. Odín, maestro de las trampas y las estrategias, diseñó un juego que no solo pondría a prueba el valor de los niños, sino que también los llevaría a través de una aventura que fortalecería su amistad y les enseñaría el valor de la risa y la alegría.

El juego comenzó al atardecer, cuando las sombras son más largas y los secretos se sienten más cerca. Los niños, guiados por Flora y Aldo, se adentraron en el bosque cercano, superando obstáculos y desentrañando misterios que los duendes habían preparado cuidadosamente. Cada risa, cada gesto de valentía y cada promesa de estar juntos, sin importar lo que viniera, se convirtió en el ingrediente esencial para la poción.

Mientras tanto, en las profundidades de la escuela, bajo el manto protector de las raíces de los árboles, los duendes preparaban el caldero mágico. La poción burbujeaba, emitiendo destellos de luz pura, esperando ser completada.

Al final de la noche, cuando los niños, exhaustos pero llenos de felicidad, regresaron con los duendes, llevaron consigo más que recuerdos de una aventura. Llevaban la esencia misma de la infancia: risa, coraje y amistad. Igor, con una sonrisa sabia, mezcló los ingredientes finales en la poción, y juntos, niños y duendes, observaron cómo la luz de la poción se elevaba hacia el cielo, disipando las sombras y restaurando el color y la esperanza al mundo.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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