Había una vez, en un reino lejano, dos princesas que vivían en un hermoso castillo rodeado de jardines llenos de flores coloridas y árboles frutales que daban el más dulce de los sabores. Estas princesas se llamaban Martina y Vicky, y aunque eran muy diferentes, compartían un lazo especial que las hacía inseparables.
Martina era una princesa aventurera. Le encantaba explorar los bosques que rodeaban el castillo, correr entre los árboles y observar a los animales que habitaban en ellos. Siempre llevaba en su cinturón un pequeño cuaderno donde anotaba cada cosa nueva que descubría. A su lado, Vicky era más tranquila y soñadora. Pasaba horas dibujando en su habitación o leyendo cuentos de hadas y valientes caballeros. Aunque a veces se asustaba con las historias de dragones, siempre soñaba con conocer uno y hacerse amiga de él.
Un día, mientras jugaban en el jardín, Martina oyó un curioso sonido proveniente del bosque. Era un suave murmullo, como el de alguien que llamaba su atención. Con su corazón lleno de emoción, decidió investigar. Vicky, un poco temerosa, se quedó un poco atrás, pero la curiosidad pudo más que sus miedos, y decidió seguir a su hermana.
Las dos princesas se adentraron en el bosque, donde los árboles eran altos y las hojas susurraban secretos. Pronto llegaron a un claro donde encontraron algo sorprendente: un pequeño dragón de escamas brillantes. Sus ojos eran de un azul profundo como el cielo, y su cuerpo relucía con un tono verde esmeralda. El dragón parecía triste y estaba sentando sobre una roca.
“¡Hola, pequeño dragón!” saludó Martina con su voz alegre. “¿Por qué estás tan triste?”
El dragón levantó la mirada y, para sorpresa de las princesas, habló. “Hola, soy Draco. Estoy triste porque he perdido mi riñonera mágica, que me ayuda a volar alto y a sentirme seguro. Sin ella, no puedo hacer que mis alas brillen.”
“¿Por qué no nos dejas ayudarnos a encontrarla?” sugirió Vicky, acercándose con una sonrisa. “Quizás podamos buscar juntos.”
Draco sonrió, y sus ojos se llenaron de esperanza. “¡Eso sería maravilloso! La última vez que la vi, estaba cerca de un lago brilloso al otro lado del bosque. Pero no sé cómo llegar allí.”
Martina, llena de energía, dijo: “¡No te preocupes! Nosotras hemos explorado mucho este bosque. ¡Te llevaremos en un vuelo de diversión y aventura!”
Las tres criaturas, incluyendo a las dos princesas y su nuevo amigo dragón, se adentraron más en el bosque. Mientras caminaban, Martina pensaba en cómo podrían llegar al lago brillante. “Tal vez debamos seguir el sonido de las aguas. Cuando el agua brilla, significa que hay algo mágico cerca”, sugirió.
Vicky se unió a la idea y, al mirar hacia el cielo, notó que el sol comenzaba a bajar. “¡Mira, hay luces entrando entre las hojas! Si seguimos esas luces, quizás lleguemos al lago más rápido”.
Mientras caminaban, Vicky comenzó a dibujar en su cuaderno cosas que veían: mariposas danzando, flores que brillaban con los rayos del sol y hasta un árbol con forma de corazón. Martina, por su parte, contaba historias sobre los valientes dragones que conocía de sus libros y cómo siempre encontraban el camino a casa.
Draco, emocionado por sus cuentos, a veces dejaba escapar un pequeño humo de su nariz. “Soñar contigo, Vicky, me hace sentir que todo será posible. Gracias por ayudarme, aunque sólo seamos un dragoncito y dos princesas”.
Finalmente, después de dar muchas vueltas y reírse mucho, llegaron a una pequeña colina. Desde allí, pudieron ver el lago que reflejaba el atardecer, cubierto de luces centelleantes. Las princesas, emocionadas, empezaron a correr hacia el lago.
Cuando llegaron, pudieron ver que el agua brillaba realmente, como si estuviera llena de estrellas. En la orilla del lago, había hojas que parecían estar hechas de oro. Sin embargo, después de un rato de mirar, Vicky se detuvo repentinamente. “¡Mira, Martina! ¡Allí detrás de esa roca! Parece que hay algo!”
Las tres criaturas se acercaron a la roca. Y ahí estaba, ¡la riñonera mágica de Draco! Era pequeña y brillante, decorada con gemas de todos los colores del arcoíris.
“¡La encontrasteis!” gritó Draco, llenándose de alegría. Saltando de felicidad, se apresuró a recogerla. “¡Ahora podré volar otra vez y mostrarles el mundo desde el cielo!”
“¿Quieres que lo hagamos ahora?” preguntó Martina, con los ojos brillando de emoción.
“¡Sí, por favor!” respondió Draco.
“Vicky, yo subiré primero. Luego tú puedes hacer lo mismo”, dijo Martina, mientras se preparaba para volar sobre el dragón.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.