En un mundo donde la magia y la tecnología coexistían en perfecta armonía, la gran ciudad de Tokio se alzaba como un coloso de acero y luz. Era el año 4386, y los rascacielos tocaban las nubes mientras que las calles vibraban con el ir y venir de millones de personas. La humanidad había alcanzado una paz que parecía eterna, un refugio donde los conflictos se habían desvanecido gracias a la aparición de seres llamados los superhéroes tremendos. Eran una figura peculiar: enormes máscaras y trajes de colores estrafalarios que a muchos les inspiraban risa, pero que guardaban un poder que mantenía el equilibrio en el mundo.
La leyenda contaba que, en momentos oscuros, cuando los demonios emergían de las profundidades de la oscuridad para convertir el mundo en un infierno, la diosa del destino elegía a siete héroes para enfrentarlos. A cada uno le otorgaba el poder de una de las siete esmeraldas del destino, piedras mágicas que contenían la fuerza para salvar la Tierra. Nunca eran menos de siete, ni más… siempre siete, y desde tiempos inmemoriales, estos héroes habían protegido el mundo, aunque pocos conocían sus nombres verdaderos.
Entre ellos, para muchos habitantes de Tokio, una figura destacaba: Shinju Daisuke Momijiyama, conocida por todos simplemente como SúperEternal, la súper heroína de Japón. A sus 25 años, además de ser estudiante universitaria, Shinju llevaba sobre sus hombros la responsabilidad de proteger su ciudad y su mundo. A diferencia de otros superhéroes tremendos, su traje no solo era vistoso, sino que llevaba grabados antiguos símbolos que parecían brillar con luz propia. Detrás de su máscara, sus ojos mostraban una determinación inquebrantable.
Esa misma mañana, mientras el sol despertaba reflejándose en las torres de cristal y metal, una sombra comenzó a agitare bajo la superficie de Tokio. No era una sombra común, sino una oscura energía que comenzó a infiltrarse en los rincones olvidados, una señal de que los demonios de la leyenda estaban despertando.
Shinju sintió un escalofrío recorrer su espalda. Ese presentimiento la puso en alerta. Sabía que la paz alcanzada durante el siglo XXI estaba a punto de ser puesta a prueba una vez más. Desde niña, había entrenado para enfrentar aquello que la gente común solo podía imaginar en pesadillas. La diosa del destino nunca había fallado antes: cuando los demonios surgían, los elegidos aparecían. Pero ahora, algo era diferente.
Su comunicador vibró con una alerta urgente. Un mensaje que la llamaba a la estación central. Mientras corría por las calles tecnológicas, sorteando vehículos flotantes y turistas, recordó que últimamente, el poder de las siete esmeraldas se había debilitado. Se sospechaba que uno de los héroes no había sido encontrado todavía. Esto significaba que la amenaza sería realmente peligrosa si los siete no se reunían a tiempo.
Al llegar a la estación, un hombre alto y delgado, con ojos brillantes y cabello plateado la esperaba. Se presentó como Daiki Hayama, un científico que parecía entender los secretos antiguos y modernos a la vez. «SúperEternal, el despertar de los demonios es inminente —dijo con gravedad—. La diosa del destino nos ha informado a través de visiones que solo los siete elegidos podrán detenerlo. Pero hay un problema: solo tú y yo hemos sido elegidos hasta ahora. Los otros cinco están dispersos y desconocidos. Debemos encontrarlos y unirnos antes de que sea demasiado tarde».
Shinju asintió. Sabía que el reloj no se detendría, y que cada segundo contaba. Con la ayuda de Daiki, comenzaron una carrera contra el tiempo para encontrar a los otros héroes.
El primero en aparecer fue Kaito, un joven maestro en artes marciales que residía en las montañas de Hokkaido. Al recibir la llamada, dejó su dojo y no dudó en emprender el viaje a Tokio. Su poder provenía de la segunda esmeralda: la Esmeralda del Viento, que le permitía moverse con una velocidad increíble y manipular la brisa y las tormentas. Era un joven serio, pero con un corazón valiente.
El segundo en unirse fue Hana, una mujer de cabello rojo y sonrisa brillante, que dominaba la magia del fuego gracias a la tercera esmeralda. Hana había vivido en Okinawa y trabajaba como profesora de ciencias, pero cuando el mundo la necesitó, no dudó en transformarse en la heroína de las llamas.
El tercer elegido se hallaba en Osaka. Se llamaba Renji, un inventor y piloto de vehículos mágicos. Su esmeralda controlaba la tierra, haciendo temblar el suelo al golpearlo, levantando muros y manipulando rocas y metales a su antojo. Su ingenio y energía juvenil lo hacían un aliado valioso.
A ellos se sumó Ayaka, una científica que había descubierto cómo combinar la magia y la tecnología para sanar a otros. Su esmeralda, la Quinta, era la Esmeralda de la Vida, el don de devolver la salud y revivir la esperanza. Trabajaba en un hospital y su dulzura cautivaba a todos, pero en la batalla se convertía en una guerrera implacable.
El sexto héroe estaba oculto en las profundidades de Kyushu, un hombre llamado Toma, guardián de las sombras y maestro de la invisibilidad gracias a la Sexta Esmeralda. Era callado y misterioso, con pocos amigos, pero su lealtad era indestructible.
Finalmente, el séptimo elegido era la joven Emi, una experta en control mental que había escapado de una vida difícil. La Séptima Esmeralda le otorgaba la capacidad de controlar los pensamientos y emociones de aquellos que la rodeaban, siempre con un corazón bueno y decidido a proteger a los inocentes.
Los siete se reunieron en Tokio, en un templo antiguo dedicado a la diosa del destino. Allí, las esmeraldas comenzaron a brillar con una luz intensa, mostrando que la unión de sus poderes podría detener la oscuridad que se avecinaba.
La noticia del despertar de los demonios había provocado miedo en la ciudad. Estos seres emergían de grietas invisibles en la tierra, llenando el aire con una carcajada maligna y provocando caos por donde pasaban. Las personas, aunque acostumbradas a los superhéroes tremendos, dudaban si esta vez la paz podría mantenerse.
Shinju, como SúperEternal, fue la primera en enfrentarse a la oleada de criaturas infernales que atacaban la ciudad. Usando la fuerza combinada de su traje y su esmeralda, logró contener a varias sombras, pero pronto se dio cuenta de que necesitaba la ayuda de sus compañeros.




La superheroina.