Cuentos de Terror

La Noche en la Casa Abandonada

Lectura para 8 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Era una noche oscura y tenebrosa, cuando el viento aullaba y las sombras danzaban en la calle. Tomi, un niño aventurero de ocho años, estaba en su casa, pero no podía dejar de pensar en la misteriosa casa abandonada que se encontraba al final de su calle. La casa, cubierta de hiedra y con ventanas rotas, siempre había despertado su curiosidad. Nadie se atrevía a acercarse, ya que todos decían que estaba encantada.

Esa noche, Tomi decidió que era el momento perfecto para explorarla. Se puso su sudadera oscura y agarró una linterna de su habitación. “No puede ser tan aterradora”, se decía a sí mismo mientras bajaba las escaleras. Su corazón latía rápido, pero la emoción de la aventura lo mantenía en movimiento.

Al salir de su casa, el aire frío le hizo erizar la piel. Miró hacia la casa abandonada, que parecía aún más aterradora con la luz de la luna iluminando su fachada desgastada. Tomi respiró hondo y comenzó a caminar. A medida que se acercaba, el silencio era tan profundo que podía escuchar su propio aliento.

Al llegar a la entrada, Tomi vio la puerta principal, que estaba entreabierta. Con un pequeño empujón, la puerta chirrió, resonando en la oscuridad como un lamento. “Esto es solo una casa vieja”, se dijo, tratando de calmarse. Al cruzar el umbral, sintió un escalofrío recorrer su espalda.

El interior de la casa estaba cubierto de polvo y telarañas. Las paredes estaban desgastadas y había muebles cubiertos por sábanas blancas. La linterna de Tomi iluminó un viejo espejo que colgaba en la pared. Al mirarse, su reflejo parecía distorsionado, como si algo estuviera mal. “Es solo el polvo”, pensó, pero no pudo evitar sentir un pequeño escalofrío.

Tomi se adentró más en la casa. En la sala, encontró una antigua guitarra. “Quizás pueda tocar algo”, dijo en voz alta, tratando de hacer sonar la voz en el silencio. Pero cuando tocó una cuerda, el sonido resonó de manera extraña, como si la guitarra estuviera quejándose. Tomi se rió nerviosamente y decidió seguir explorando.

Al entrar en la cocina, encontró platos rotos y una mesa cubierta de polvo. De repente, escuchó un crujido detrás de él. Se dio la vuelta rápidamente, apuntando con su linterna hacia la fuente del ruido. “¿Hay alguien ahí?” preguntó, su voz temblando. No había respuesta. El silencio volvió a reinar en la casa.

Tomi decidió que no podía rendirse. “Soy valiente”, se dijo a sí mismo. “Solo es una casa vieja”. Así que siguió su camino, subiendo las escaleras que crujían bajo sus pies. Al llegar al segundo piso, se encontró con un pasillo largo. Las puertas estaban cerradas, pero había una que estaba entreabierta al final del corredor.

Con pasos cuidadosos, se acercó. La puerta estaba cubierta de polvo y una telaraña colgaba de la manija. Tomi tomó aire y empujó la puerta. Dentro, encontró una habitación llena de juguetes viejos y una cuna vacía. “¿Qué extraño lugar es este?” murmuró. Se acercó a una caja de juguetes y, al abrirla, descubrió un oso de peluche desgastado. “¡Pobre oso!”, dijo Tomi, alzando al peluche. “¿Quién te dejó aquí?”

De repente, un sonido suave y melódico llenó la habitación. Tomi miró a su alrededor, tratando de encontrar de dónde venía. “¿Es música?” pensó, asustado y curioso al mismo tiempo. Siguiendo el sonido, encontró un viejo gramófono en la esquina de la habitación. La música sonaba, pero no había nadie más allí.

Mientras observaba el gramófono, el sonido se detuvo repentinamente. Un frío helado recorrió la habitación. Tomi sintió que algo no estaba bien. “Quizás debería irme”, pensó. Sin embargo, una fuerza misteriosa lo mantenía allí, como si la casa no quisiera que se fuera.

Justo cuando Tomi decidió que era hora de marcharse, escuchó una risa suave y tenue que resonaba a su alrededor. “¿Quién está ahí?” gritó, pero solo recibió el eco de su propia voz. Su corazón latía con fuerza mientras comenzaba a caminar hacia la puerta. Sin embargo, antes de que pudiera salir, la puerta se cerró de golpe, atrapándolo en la habitación.

“¡Esto no es divertido!” gritó Tomi, aterrorizado. Comenzó a golpear la puerta, pero no se movía. La música comenzó de nuevo, y la risa se hizo más fuerte. Miró hacia el gramófono y, para su sorpresa, vio que una sombra empezaba a formarse en la pared. Era una figura oscura, con ojos brillantes que lo miraban fijamente.

Tomi sintió que se le helaba la sangre. “¡Déjame salir!” suplicó, pero la figura solo sonrió, una sonrisa amplia y aterradora. Entonces, la sombra comenzó a acercarse a él. Tomi, movido por el instinto, corrió hacia la ventana. “¡Ayuda! ¡Alguien, por favor!” gritó con todas sus fuerzas.

En ese momento, el gramófono se detuvo de nuevo, y la figura se desvaneció en el aire. La puerta se abrió lentamente, como si la casa le permitiera salir. Sin pensarlo dos veces, Tomi corrió hacia la salida, bajando las escaleras a toda velocidad. El aire frío lo golpeó al salir, y no se detuvo hasta estar fuera de la casa.

Una vez en el jardín, se giró para mirar la casa. Las ventanas parecían mirarlo, y el viento aullaba, como si la casa estuviera molesta por su salida. “Nunca más entraré allí”, prometió Tomi, sintiendo que su corazón regresaba a la normalidad.

Esa noche, mientras se acurrucaba en su cama, pensó en lo que había vivido. “Quizás la casa no está encantada, pero hay cosas que no deberían ser tocadas”, reflexionó. Aunque había sido una experiencia aterradora, también había aprendido que a veces, la curiosidad puede llevarnos a lugares oscuros.

Y así, Tomi se quedó dormido, sabiendo que siempre recordaría su aventura en la casa abandonada. La próxima vez, elegiría una aventura menos aterradora, pero siempre llevaría consigo la lección aprendida esa noche.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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