Citlali siempre había sentido que la vida en su hogar estaba envuelta en una sombra. Desde que tenía uso de razón, la violencia había sido una constante en su día a día. Su padre, Pascual, luchaba contra el alcoholismo, y sus noches estaban llenas de gritos y golpes. Aunque Citlali intentaba mantener la esperanza, cada día se hacía más difícil vivir con ese miedo latente que se instalaba en su corazón.
Su madre, Mélanie, era una mujer dulce y cariñosa, pero el sufrimiento la había cambiado. Citlali a menudo la veía con los ojos llenos de tristeza, y eso le partía el alma. La pequeña Fernanda, su hermana menor, no tenía idea de lo que sucedía realmente. A veces, Citlali deseaba poder protegerla de la verdad, pero la realidad siempre se hacía presente. Las noches de violencia eran aterradoras, y el recuerdo de su padre gritándole a su madre se volvía más vívido con cada episodio.
Una tarde, después de una discusión particularmente intensa, Citlali se sentó en el suelo de su habitación, con la cabeza entre las manos. No quería seguir viviendo así. Miró hacia la puerta y vio a su madre entrar con Fernanda de la mano. La pequeña sonreía inocentemente, sin darse cuenta del peso que cargaban sus padres.
—¿Puedo jugar con mis muñecas, Citlali? —preguntó Fernanda, interrumpiendo sus pensamientos.
—Claro, pequeña —respondió Citlali, intentando sonreír para no preocuparla.
Pero en el fondo, el miedo crecía. Esa noche, Pascual había llegado a casa después de una larga jornada de trabajo, y Citlali podía sentir que algo no estaba bien. Su padre había tomado más de lo habitual y, como siempre, las cosas empezaron a salir mal.
Cuando la discusión comenzó, Citlali se sintió como si el suelo se desmoronara bajo sus pies. Pasaron los minutos y los gritos se intensificaron. En un momento, Fernanda, al escuchar la pelea, salió de su habitación con lágrimas en los ojos.
—¿Por qué gritan, mamá? —preguntó la pequeña, aterrorizada.
—Todo estará bien, cariño —dijo Mélanie, abrazando a Fernanda—. Solo es un pequeño desacuerdo.
Pero Citlali sabía que no era un desacuerdo. Era una batalla que se libraba a gritos y golpes. Cuando Pascual levantó la mano, dispuesto a golpear a Mélanie, algo dentro de Citlali se rompió. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia su padre.
—¡No! ¡No le hagas daño! —gritó Citlali, interponiéndose entre ellos.
En ese momento, Pascual, sorprendido por la intervención de su hija, retrocedió un paso. Pero en su furia, intentó empujarla. Citlali sintió un dolor punzante en su mano mientras se defendía, tratando de proteger a su madre. El golpe no fue intencionado, pero Pascual se detuvo, la mirada fija en su hija, y un destello de confusión cruzó su rostro.
En lugar de continuar con la violencia, la realidad lo golpeó con fuerza. Allí estaba su hija, con la mano herida, tratando de proteger a su madre y a su hermana. El alcohol, que había sido su escape, se convirtió en un veneno que envenenaba a su familia.
—¿Qué estoy haciendo? —murmuró Pascual, sintiendo la verdad de sus acciones. La mirada de Citlali lo atravesó, y por primera vez, se dio cuenta del daño que había causado.
Después de ese día, Pascual empezó a cambiar. Al mirar a Citlali, entendió que no podía seguir siendo el monstruo que había sido. Comenzó a asistir a grupos de apoyo, y aunque fue un camino difícil, se aferró a la idea de que podía ser un mejor padre.
—Perdóname, Citlali —le dijo un día, con la voz entrecortada—. No quise asustarte. No sé cómo dejar de hacerte daño.
Citlali lo miró, y aunque había mucho dolor en su corazón, algo en ella se suavizó. —Solo necesitamos que dejes de beber y que intentes ser mejor —respondió, con lágrimas en los ojos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.