Cuentos de Valores

La Mentira que Cuesta la Vida

Lectura para 2 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Había una vez un pequeño pueblo donde vivían cuatro amigos muy especiales: Ananias, Safira, Pedro y un joven llamado Lucas. Ananias y Safira eran un matrimonio que siempre estaban inseparables, mientras que Pedro y Lucas eran muy buenos amigos que disfrutaban de pasar tiempo juntos. En este pueblo, la amistad era muy importante, y todos los vecinos se ayudaban entre sí.

Un día soleado, Ananias y Safira decidieron hacer una gran venta de garaje para deshacerse de las cosas que ya no necesitaban. Tenían juguetes, libros y ropa que habían acumulado con el paso del tiempo. Pensaron que sería una buena oportunidad para ganar un poco de dinero y limpiar su hogar al mismo tiempo.

Pedro y Lucas, al enterarse de la venta de garaje de Ananias y Safira, decidieron ir a ayudarles. Cuando llegaron a la casa, los amigos estaban muy contentos de verlos.

—¡Hola, amigos! —saludó Ananias, con una sonrisa en su rostro—. ¡Gracias por venir a ayudarnos!

—Claro que sí, estamos aquí para lo que necesiten —respondió Pedro, mientras Lucas asentía con entusiasmo.

Comenzaron a organizar los objetos en la entrada de la casa. Pedro se encargó de los juguetes, mientras que Lucas ayudaba a clasificar la ropa. Ananias y Safira estaban felices de tener la ayuda de sus amigos, y todo transcurría maravillosamente bien. Pero en el medio de la organización, Ananias tuvo una idea que podría cambiar todo.

—¿Sabes qué, Safira? —dijo Ananias en voz baja—. Podríamos guardar un poco del dinero que ganemos y decirle a todos que hemos vendido todo, sin contar que guardamos algunas cosas para nosotros.

Safira se quedó pensando en esto. Al principio, le pareció una buena idea, pero luego se sintió un poco inquieta.

—No sé, Ananias. ¿No sería mejor ser honestos con nuestros amigos y vecinos? Recuerda que siempre nos han ayudado.

—Pero si decimos que vendimos todo, los demás se emocionarán. Tal vez podamos comprar algo especial con el dinero que guardemos —contestó Ananias, todavía convencido.

A pesar de las dudas de Safira, Ananias logró convencerla de que era lo correcto. Además, pensaron que a nadie le haría daño, ya que era solo un pequeño secreto.

Cuando la venta de garaje comenzó, muchas personas del pueblo vinieron a comprar. El ambiente estaba lleno de risas y cuentos. Todos estaban felices de poder comprar cosas a buen precio y disfrutar del día soleado. Pedro y Lucas ayudaban a los clientes, y todo parecía un gran éxito.

Sin embargo, mientras la gente compraba, Pedro, que siempre había sido un observador atento, notó que Ananias y Safira estaban un poco nerviosos. Decidió acercarse a ellos.

—¿Están bien, amigos? Se ven un poco extraños —preguntó Pedro, preocupado.

—Todo está perfecto, Pedro —contestó Safira, un poco insegura—. Solo estamos un poco cansados.

Pero Pedro no se convenció. Sabía que era importante ser honestos en todo momento, especialmente con sus amigos. Así que decidió no pensar más en ello y seguir ayudando.

La venta de garaje resultó ser un gran éxito. Todos estaban encantados con lo que compraron, y al final del día, Ananias, Safira, Pedro y Lucas contaron todo el dinero que habían hecho.

—¡Mira, tenemos mucho! —dijo Ananias, mientras contaba los billetes—. Ahora podremos comprar ese juego de mesa que tanto queremos.

Pedro no pudo evitar mostrar su preocupación. Solo sabía que algo no estaba bien, así que decidió hablar con Lucas en privado.

—Lucas, creo que hay algo raro con Ananias y Safira. Creo que están guardando dinero y no nos lo están diciendo —comentó Pedro, susurrando.

—¿Por qué piensas eso? —preguntó Lucas, sorprendido.

—Los vi un poco nerviosos cuando empezamos a hablar sobre el dinero. No creo que todo esté bien —respondió Pedro, algo angustiado.

Mientras tanto, Ananias y Safira, sintiéndose aliviados de que la venta había sido un éxito, estaban entusiasmados pensando en el juego de mesa. Sin embargo, una nube oscura comenzó a sobrevolar sus corazones.

Esa noche, antes de dormir, Ananias y Safira estaban en su habitación, reflexionando sobre el día.

—Safira, ¿crees que hicimos lo correcto? Tal vez debimos ser honestos con nuestros amigos —dijo Ananias, sintiéndose un poco culpable.

—Lo que hicimos no se siente bien, Ananias. Deberíamos haber sido sinceros —respondió Safira con tristeza—. Pero también quiero ese juego de mesa.

La preocupación de la pareja creció, y se durmieron con el corazón pesado, preguntándose qué harían al día siguiente.

Al día siguiente, la noticia de la venta de garaje milagrosamente exitosa se había esparcido por todo el pueblo. Todos hablaban de ello, y muchos estaban felices de haber encontrado grandes cosas. Sin embargo, pronto se corrió un rumor: algunos vecinos comenzaron a hablar sobre cómo Ananias y Safira tenían cosas extra en su casa.

Pedro, al enterarse, decidió confrontarles. Así que se acercó a la casa de Ananias y Safira con Lucas al lado.

—Queridos amigos —comenzó Pedro—, hemos escuchado rumores sobre que quizá no han sido completamente sinceros sobre su venta. ¿Es cierto que han guardado algunas cosas?

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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