Cuentos de Valores

Sueños en el campo de estrellas, con el toque de un ídolo

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

Puntuación:

0
(0)
 

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico
0
(0)

En un pequeño pueblo rodeado de montañas y árboles frondosos, vivían dos amigos inseparables: José y su mejor amigo, un perro llamado Cristiano Ronaldp. José era un niño soñador, siempre con una sonrisa dibujada en su rostro y una gran pasión por el fútbol, mientras que Cristiano Ronaldp, a pesar de su nombre peculiar, era un perro de lo más leal y juguetón, con un espíritu tan alegre como el de su amigo.

Cada tarde, después de terminar sus tareas escolares, José y Cristiano se aventuraban al campo, un vasto espacio donde el césped era verde y suave, ideal para correr, jugar y, por supuesto, jugar al fútbol. Era un lugar mágico donde dejaban volar su imaginación. José soñaba con convertirse en un gran futbolista, tal como su ídolo, el famoso Cristiano Ronaldo. Desde que era pequeño, admiraba sus habilidades en el campo, sus goles espectaculares y su dedicación. Sin embargo, José no solo quería emularlo en el deporte, sino que aspiraba a ser como él en valores, como la humildad, la perseverancia y la generosidad.

Un día, mientras José y Cristiano jugaban alegremente, conocieron a una nueva vecina que se había mudado al pueblo. Se llamaba Lucía. Era una niña un poco más grande que José, tímida y un poco insegura. Cuando José y Cristiano la vieron, decidieron invitarla a jugar con ellos. Al principio, Lucía se mostró renuente. No tenía mucha confianza en sí misma, especialmente cuando se trataba de practicar deportes. Sin embargo, la alegría de José y el entusiasmo de Cristiano eran contagiosos.

—¿Quieres jugar al fútbol con nosotros? —preguntó José, sonriendo.

Lucía dudó un momento. La idea de jugar al fútbol la llenaba de nervios. Pero al ver la sinceridad en los ojos de José y la alegría de Cristiano, decidió aceptar la invitación.

A medida que jugaban, José se dio cuenta de que Lucía no solo no tenía mucha experiencia en el fútbol, sino que también se sentía un poco desanimada cuando fallaba. Cada vez que la pelota se le escapaba o no lograba hacer un buen pase, se le veía una sombra de tristeza en el rostro. José, recordando su propia historia, decidió que era el momento de animarla. Se acercó a ella, le dio una palmada en la espalda y le dijo:

—¡No te preocupes, Lucía! Todos cometemos errores. Lo más importante es seguir intentándolo. Será más divertido hacer esto juntos.

Cristiano, al ver la interacción, movió su cola en señal de apoyo, y lucía empezó a sonreír. Poco a poco, la confianza de Lucía creció y comenzó a disfrutar del juego. Aprendió a correr tras la pelota y de vez en cuando logró hacer un par de buenos pasees. Al final de la tarde, tras varias risas y juegos, los tres se sentaron en la hierba y disfrutaron de un merecido descanso.

—Eres muy buena jugando, Lucía —dijo José, mientras se secaba el sudor de la frente—. Deberías unirte al equipo del pueblo.

Lucía sonrió tímidamente, pero con un brillo en sus ojos. Nunca había pensado que alguien la animara a unirse a un equipo de fútbol. Decidió que valdría la pena intentarlo.

En los días siguientes, José, Cristiano y Lucía continuaron pasando tiempo juntos. José les enseñaba trucos y habilidades que había aprendido, y Lucía cada vez se volvía mejor. A veces, los tres se sentaban a hablar de sus sueños y aspiraciones. Lucía reveló que siempre había querido ser artista y que su mayor sueño era realizar una exposición de sus pinturas algún día. A medida que compartían sus sueños, crearon un lazo cada vez más fuerte.

Sin embargo, no todo era perfecto. Con el tiempo, José se dio cuenta de que a Lucía le costaba mucho aceptar sus errores y fracasos, ya que en ocasiones se frustraba si no lograba hacer una jugada. Un día, después de un juego particularmente desafiante, Lucía se sentó sola en un rincón del campo. José, preocupado, se acercó.

—Lucía, ¿qué sucede? —preguntó, notando la tristeza en su mirada.

—No soy buena jugando al fútbol. Tal vez debería dejar de intentarlo —respondió con un susurro.

José se sentó a su lado y la miró fijamente a los ojos.

—Escucha —comenzó—. Todos tenemos habilidades diferentes. Lo que importa no es ganar, sino disfrutar y aprender. Mira a Cristiano: él no se preocupa si falla un truco, sigue intentando una y otra vez. Si te desanimas, nunca aprenderás. Cada error es una oportunidad para mejorar.

Lucía reflexionó sobre sus palabras, sintiéndose un poco más aliviada. Sin embargo, no podía dejar de pensar en lo que pasaba si no lograba ser buena en el fútbol. ¿Qué pensarían los demás si no era lo suficientemente buena para unirse al equipo?

Con el tiempo, José decidió que el próximo paso sería organizar un pequeño torneo en su pueblo, invitando a otros niños a participar. La idea era no solo fomentar el fútbol, sino también la amistad y el trabajo en equipo. Cuando se lo contó a Lucía, su emoción la llenó de energía nuevamente, y juntos empezaron a planearlo.

El día del torneo llegó. El campo estaba decorado con globos y pancartas. Los niños del pueblo llegaron con sus camisetas y pelotas, ansiosos por jugar. José y Lucía, junto a Cristiano, organizaron todo con entusiasmo. A medida que los juegos comenzaban, José pudo ver cómo Lucía comenzó a sentirse más segura en el campo. Se reía, animaba a sus compañeros y disfrutaba cada momento.

Comparte tu historia personalizada con tu familia o amigos

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico

Cuentos cortos que te pueden gustar

autor crea cuentos e1697060767625
logo creacuento negro

Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

Deja un comentario