Cuentos de Amistad

El Aro Perdido

Lectura para 6 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

Puntuación:

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En una hermosa playa bañada por el sol, tres amigos disfrutaban de un día perfecto. Jhoan, un niño de cabello corto y castaño, e Iker, un poco más alto y con el cabello negro, estaban recostados sobre sus toallas después de nadar un rato en el mar. A su lado, Hellen, una niña con largo cabello rubio y vestida con un colorido traje de playa, se unió a ellos con una expresión preocupada.

—¡Jhoan, Iker! —exclamó Hellen con urgencia—. ¡He perdido uno de mis aretes! Son únicos y tienen un gran valor para mí.

Jhoan e Iker se incorporaron rápidamente. Sabían cuánto significaban esos aretes para Hellen, así que sin dudarlo, se ofrecieron a ayudarla a buscarlos.

—No te preocupes, Hellen —dijo Iker con una sonrisa confiada—. Encontraremos tu arete. Vamos a usar detectores de metales para buscarlo.

Hellen se sintió un poco aliviada al escuchar eso. Los tres amigos se dirigieron a la tienda de la playa, donde alquilaron tres detectores de metales. Equipados y listos para la búsqueda, comenzaron a recorrer la playa, moviendo los detectores sobre la arena en busca de señales.

Pasaron la tarde entera buscando el arete. Cada vez que el detector emitía un pitido, se agachaban emocionados, pero solo encontraban conchas, monedas antiguas y otros objetos perdidos. A pesar de no encontrar el arete, no se dieron por vencidos. La amistad y la determinación de los tres amigos los mantenía unidos y optimistas.

Mientras el sol comenzaba a ponerse, Hellen se sentó en la arena, un poco desanimada. Jhoan e Iker se acercaron a ella y se sentaron a su lado.

—Lo siento, Hellen —dijo Jhoan—. Hemos buscado por todas partes.

—Sí, pero no hemos terminado aún —añadió Iker—. Mañana podemos seguir buscando.

Hellen sonrió, agradecida por el apoyo de sus amigos. Sabía que, aunque no encontraran el arete, su amistad era lo más valioso que tenía.

Al día siguiente, los tres amigos regresaron a la playa con renovada energía. Decidieron dividirse para cubrir más terreno. Jhoan se dirigió hacia las rocas, Iker hacia la orilla del mar y Hellen se quedó en la zona donde había estado jugando el día anterior.

Después de un rato, Jhoan escuchó un pitido fuerte y constante. Emocionado, comenzó a cavar en la arena. Para su sorpresa, encontró una pequeña caja de madera. La abrió con cuidado y descubrió que contenía un mapa antiguo.

—¡Chicos, vengan aquí! —gritó Jhoan.

Iker y Hellen corrieron hacia él y miraron el mapa con curiosidad. Mostraba la playa y un camino que conducía a un punto marcado con una “X”.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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