En el tranquilo pueblo de Valle Soleado, vivían cuatro amigos inseparables: Jhoan, Mateo, Santiago y Hellen. Todos asistían a la misma escuela y, aunque parecían niños normales a los ojos de los demás, ellos guardaban un secreto muy especial: ¡eran superhéroes! Cada uno tenía un poder único y juntos formaban un equipo imbatible.
Jhoan, el líder del grupo, tenía el poder de controlar el tiempo. Podía detenerlo, adelantarlo o incluso retrocederlo por unos minutos, lo que le permitía anticiparse a los problemas y encontrar soluciones rápidas. Mateo, por otro lado, era un maestro del fuego. Podía crear llamas con solo mover las manos, lo que lo convertía en el más impulsivo del grupo, siempre listo para la acción. Santiago, el más tranquilo y reflexivo, tenía el poder de la tierra. Podía mover rocas y plantas con su mente, y era quien siempre mantenía a todos en calma. Finalmente, estaba Hellen, quien poseía la habilidad de volar y crear campos de fuerza. Era la protectora del grupo y siempre se aseguraba de que todos estuvieran a salvo.
Un día, mientras estaban en clase de ciencias, algo fuera de lo común ocurrió. Un estruendo sacudió el edificio, y la tierra tembló bajo sus pies. Los niños se miraron entre sí, y Jhoan fue el primero en reaccionar. Se levantó rápidamente y miró por la ventana. Allí, en medio del patio de la escuela, estaba un supervillano que conocían bien: El Cronomante. Era un ser oscuro y poderoso que tenía la habilidad de manipular el tiempo a su antojo. Lo habían enfrentado antes, pero nunca en su propia escuela.
—¡Es el Cronomante! —dijo Jhoan, con una mezcla de preocupación y determinación.
El Cronomante estaba utilizando su poder para alterar la historia de Valle Soleado, cambiando los eventos y creando caos en el presente. Los árboles en el patio de la escuela crecían y se marchitaban en cuestión de segundos, y las sombras del pasado parecían envolver todo lo que tocaban.
Sin perder tiempo, Jhoan asintió a sus amigos, quienes sabían exactamente lo que debían hacer. Era hora de transformarse y salvar el día. Con un parpadeo mágico, los cuatro amigos adoptaron sus trajes de superhéroes: Jhoan con su traje azul, Mateo en rojo, Santiago en verde y Hellen en púrpura. Estaban listos para enfrentarse al villano.
Cuando salieron al patio, se encontraron cara a cara con el Cronomante, quien sonrió maliciosamente.
—Veo que han venido a detenerme, pequeños héroes —dijo el villano con una voz profunda—. Pero esta vez no podrán vencerme. He viajado a través del tiempo y he visto cómo termina todo. ¡Este es el fin de Valle Soleado!
Pero antes de que Jhoan pudiera responder, algo inesperado ocurrió. Un portal temporal se abrió frente a ellos, y de él emergieron cuatro figuras misteriosas. Al principio, no podían distinguir quiénes eran, pero a medida que las figuras se acercaban, los amigos quedaron asombrados. Las cuatro figuras eran versiones adultas de ellos mismos. Los adultos llevaban trajes de superhéroes más avanzados y parecían mucho más experimentados.
—¿Quiénes son ustedes? —preguntó Mateo, con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
—Somos ustedes, pero del futuro —respondió el Jhoan adulto, con una voz firme—. Hemos venido para ayudarlos a detener al Cronomante. Sabemos cómo derrotarlo, pero necesitarán trabajar juntos, más que nunca.
Los niños se miraron, emocionados pero también un poco preocupados. Sabían que la amenaza del Cronomante era grande, pero tener a sus versiones futuras a su lado les daba más confianza.
—¿Qué debemos hacer? —preguntó Hellen, mientras flotaba ligeramente sobre el suelo.
—El Cronomante está alterando el flujo del tiempo —explicó el Santiago del futuro—. Si no lo detenemos pronto, cambiará toda la historia de Valle Soleado. Deben usar sus poderes de manera sincronizada para restaurar el equilibrio.
El Cronomante, viendo que sus planes corrían peligro, lanzó un ataque. Unas ondas de energía temporal se extendieron por el patio, haciendo que todo lo que tocaba envejeciera o retrocediera en el tiempo. Los amigos sabían que debían actuar rápido.
—¡Jhoan, detén el tiempo! —gritó el Mateo adulto.
Jhoan, el joven, cerró los ojos y extendió las manos. En un instante, todo a su alrededor se detuvo. Las hojas en los árboles quedaron suspendidas en el aire, las ondas del Cronomante se congelaron, y el mundo se quedó quieto.
—¡Ahora es tu turno, Mateo! —dijo el Mateo del futuro.
Mateo, con su control sobre el fuego, creó un anillo de llamas alrededor del Cronomante. Las llamas no lo dañaban directamente, pero lo mantenían confinado en un espacio reducido, evitando que escapara.
—¡Santiago, necesitamos más! —gritó el Santiago adulto.
Santiago, con el poder de la tierra, levantó grandes rocas del suelo y las colocó alrededor del Cronomante, formando una prisión de piedra que lo mantenía atrapado.
Finalmente, Hellen, con su habilidad para crear campos de fuerza, envolvió al Cronomante en una burbuja mágica, bloqueando completamente su capacidad de usar sus poderes.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.