En el pequeño pueblo costero de Mar Azul, la vida se desenvolvía entre las olas del mar y el vaivén de los días soleados. Liz, una chica joven que vivía con sus padres en una casita pintoresca adornada con conchas y caracoles, recuerdos de incontables paseos por la playa. Liz era conocida por su espíritu inquieto y su amor por el mar, pero había llegado el momento de tomar una decisión que delinearía el curso de su vida futura: elegir una carrera.
Una mañana, mientras desayunaban panqueques bajo la sombra de su vieja higuera, la madre de Liz tocó el tema delicadamente.
«Liz, ¿has pensado en lo que te gustaría estudiar?» preguntó su madre con una mezcla de curiosidad y preocupación.
Liz miró hacia el mar visible desde su ventana, sintiendo la brisa que jugaba con sus rizos castaños. «Mamá, aún no lo tengo claro. Me encanta el arte, pero también me preocupa el medio ambiente… y luego está mi amor por el mar,» respondió con una voz llena de dudas.
Su padre, un biólogo marino, sonrió con comprensión. «¿Y si intentas combinar tus pasiones? Puedes estudiar ciencias ambientales y especializarte en conservación marina,» sugirió.
La propuesta de su padre resonó en Liz, pero aún había algo que no la dejaba decidirse. Para encontrar claridad, decidió consultar a su mejor amiga, Alana, quien siempre tenía una perspectiva fresca y enriquecedora.
Ese mismo día, Liz y Alana se encontraron en su lugar secreto, una pequeña cueva en la playa donde solían compartir sus sueños y temores. Alana escuchó atentamente mientras Liz expresaba sus pensamientos.
«Liz, lo importante es que elijas algo que te haga feliz y te permita marcar una diferencia,» aconsejó Alana, siempre sabia y comprensiva. «¿Por qué no haces una lista de pros y contras de cada opción?»
Siguiendo el consejo de Alana, Liz pasó varios días reflexionando y escribiendo sus pensamientos. Durante una caminata solitaria por la playa, encontró una botella con un mensaje en su interior. Curiosa, descorchó la botella y leyó el mensaje: «Sigue tu corazón y las olas te llevarán a tu destino.»
Ese mensaje fortuito fue el empujón que Liz necesitaba. Se dio cuenta de que su corazón siempre había estado ligado al mar, y que quería dedicar su vida a protegerlo.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.