Había una vez, en una ciudad tranquila y llena de colores, dos amigos inseparables llamados Jhoan y Santiago. Ambos tenían diez años y compartían una pasión por la aventura y la diversión. Santiago era un chico con cabello liso y siempre vestía una cómoda sudadera azul, mientras que Jhoan, con su pelo rizado y su camiseta roja, destacaba por su espíritu curioso y entusiasta.
Santiago tenía un canal en línea de videos «Let’s Play», donde compartía sus experiencias y habilidades con los videojuegos. Era conocido por su destreza y conocimiento en una amplia variedad de juegos. Un día, Santiago decidió invitar a Jhoan a su casa para introducirlo al emocionante mundo de los videojuegos. Jhoan, que no tenía mucha experiencia con los juegos, aceptó la invitación con entusiasmo y un poco de nerviosismo.
Al llegar a la casa de Santiago, Jhoan se sorprendió al ver la habitación de su amigo. Las paredes estaban decoradas con coloridos pósteres de videojuegos, y en una esquina, una gran pantalla de computadora brillaba con luces vibrantes. Santiago sonrió y dijo: «Bienvenido a mi mundo, Jhoan. Hoy vamos a jugar un juego especial que creo que te va a gustar mucho».
Santiago encendió la computadora y eligió un juego sencillo pero divertido, donde los jugadores controlaban a ardillas que trataban de recolectar nueces y ponerlas en una canasta en la cima de un árbol. «Este juego es perfecto para empezar», explicó Santiago. «Es fácil de jugar y muy divertido».
Jhoan se sentó junto a Santiago, tomando el control del juego con manos temblorosas. La pantalla se llenó de coloridas ardillas corriendo y saltando de rama en rama, recogiendo nueces y evitando obstáculos. Santiago comenzó a jugar con confianza, demostrando su experiencia al moverse rápidamente por el escenario del juego.
Para sorpresa de ambos, Jhoan rápidamente demostró tener un talento natural para el juego. Sus reflejos eran rápidos y su capacidad para planificar sus movimientos era impresionante. Mientras que Santiago se frustraba cada vez más al encontrarse con obstáculos, Jhoan mantenía la calma y continuaba recolectando nueces con una precisión asombrosa.
A medida que avanzaban en el juego, Jhoan se volvía cada vez mejor, mientras que Santiago, aunque impresionado, no podía evitar sentirse un poco celoso. «¡Eres increíble en esto, Jhoan!» exclamó Santiago después de que su amigo lograra superar un nivel particularmente difícil. «¿Cómo lo haces?».
Jhoan se encogió de hombros y sonrió. «Creo que solo estoy disfrutando del juego», respondió humildemente. «Es divertido ver cómo las ardillas recogen las nueces y esquivan los obstáculos. Me hace sentir como si estuviera en una verdadera aventura».
Santiago, impresionado por la habilidad de su amigo, decidió tomarse un descanso y observar a Jhoan jugar. Se dio cuenta de que, aunque él tenía más experiencia con los videojuegos, Jhoan tenía una habilidad especial para mantenerse enfocado y disfrutar del proceso, sin dejarse llevar por la frustración.
Mientras Jhoan continuaba jugando, Santiago comenzó a apreciar la alegría y la emoción que su amigo sentía. «Tal vez lo importante no es siempre ser el mejor, sino disfrutar del tiempo que pasamos jugando y aprendiendo juntos», pensó Santiago.
Al final del día, Jhoan había alcanzado un puntaje impresionante, mucho más alto que cualquier otro que Santiago hubiera logrado antes. Santiago sonrió y dijo: «Jhoan, has demostrado ser un verdadero campeón. Estoy muy orgulloso de ti y me has enseñado algo muy valioso hoy».
Jhoan, con una sonrisa amplia, respondió: «Gracias, Santiago. Ha sido muy divertido jugar contigo y aprender sobre este mundo de los videojuegos. Creo que lo más importante es que nos divertimos juntos».
Desde ese día, Jhoan y Santiago se volvieron aún más unidos. Santiago continuó compartiendo nuevos juegos con Jhoan, y juntos exploraron diferentes aventuras en el mundo virtual. Ambos aprendieron que la verdadera amistad y el disfrute de las actividades compartidas eran mucho más valiosas que cualquier competencia.
Y así, Jhoan y Santiago siguieron jugando, riendo y aprendiendo juntos, demostrando que la verdadera amistad puede florecer en cualquier lugar, incluso en el mundo de los videojuegos. Con el paso del tiempo, se volvieron un dúo inseparable en el mundo virtual, donde sus aventuras se volvieron cada vez más emocionantes.
Un fin de semana, Santiago decidió que era hora de llevar su amistad y sus habilidades al siguiente nivel. «Jhoan, ¿qué te parecería si participamos en un torneo de videojuegos juntos?» preguntó Santiago, con los ojos brillantes de emoción.
Jhoan, aunque un poco sorprendido, no dudó en aceptar. «¡Claro, Santiago! Suena muy divertido. ¿De qué se trata el torneo?»
«Es un torneo local de videojuegos para niños de nuestra edad», explicó Santiago. «Hay diferentes juegos, y uno de ellos es el de las ardillas recolectando nueces. Estoy seguro de que lo harás genial.»
Con la fecha del torneo marcada en sus calendarios, ambos amigos comenzaron a practicar con más dedicación. Pasaron horas perfeccionando sus estrategias, aprendiendo trucos y mejorando sus habilidades. Santiago, con su experiencia, se convirtió en un gran maestro para Jhoan, pero también aprendió mucho de la manera en que su amigo disfrutaba del juego.
Finalmente, llegó el día del torneo. El evento se llevó a cabo en un gran salón lleno de niños y niñas emocionados, todos listos para demostrar sus habilidades en los videojuegos. El ambiente estaba cargado de energía y emoción. Jhoan y Santiago se registraron y se dirigieron a la zona de competencia.
El primer juego fue, por supuesto, el de las ardillas recolectando nueces. Jhoan y Santiago se sentaron juntos, listos para enfrentar a los otros equipos. Cuando el juego comenzó, Jhoan se sumergió en la pantalla, moviendo su personaje con una precisión y rapidez que impresionó a todos los presentes.
Santiago, mientras tanto, jugaba con determinación, pero también observaba a Jhoan, maravillado por su habilidad natural. A medida que avanzaban en el torneo, el equipo de Jhoan y Santiago se destacaba cada vez más, ganando partida tras partida y acercándose a la final.
En la última ronda, se enfrentaron a un equipo muy fuerte, conocido por su destreza en varios juegos. La competencia fue feroz, y ambos equipos dieron lo mejor de sí. Sin embargo, la calma y la concentración de Jhoan, combinadas con la experiencia y las estrategias de Santiago, les dieron una ventaja decisiva.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.