Había una vez, en un vecindario tranquilo, tres hermanitos llamados Sandy, Gary y Sofy. Sandy tenía rizos marrones y llevaba un vestido amarillo que brillaba como el sol. Gary, con su cabello negro y corto, vestía una camiseta verde, y Sofy, con su larga melena rubia, llevaba un vestido rosa. Un día, decidieron salir a explorar el parque que estaba cerca de su casa. Era un parque lleno de árboles altos, flores de colores y muchos animalitos juguetones.
«¡Vamos a ver qué aventuras nos esperan hoy!», dijo Sandy emocionada. Gary y Sofy asintieron con entusiasmo y comenzaron a caminar juntos por el sendero que llevaba al corazón del parque.
Caminaban y caminaban, admirando las mariposas que volaban alrededor de las flores y los pajaritos que cantaban en las ramas de los árboles. De repente, Sandy vio algo brillante entre los arbustos. «¡Miren eso!», exclamó mientras corría hacia el brillo. Gary y Sofy la siguieron, pero Sandy corría tan rápido que pronto se perdió de vista.
«Sandy, espera!», gritó Gary, pero Sandy estaba muy emocionada por descubrir qué era lo que brillaba y no escuchó. Cuando llegó al lugar del brillo, se dio cuenta de que era solo un trozo de vidrio que reflejaba la luz del sol. Al darse cuenta de que se había alejado mucho, Sandy se sintió un poco asustada. Miró a su alrededor y no vio a sus hermanitos. «Oh no, me he perdido», pensó con tristeza.
Sandy comenzó a caminar de regreso, pero todo el parque le parecía igual. Cada árbol y cada sendero se veía idéntico. Justo cuando empezaba a sentirse desesperada, un grupo de ardillas juguetonas se acercó a ella. «Hola, pequeña», dijo una de las ardillas con una voz suave. «¿Estás perdida?»
Sandy asintió con lágrimas en los ojos. «Sí, no puedo encontrar a mis hermanitos», dijo.
«Nosotras podemos ayudarte», dijo otra ardilla con una sonrisa. «Somos muy buenas encontrando cosas». Las ardillas formaron un círculo alrededor de Sandy y comenzaron a chillar suavemente, llamando la atención de otras ardillas del parque.
Mientras tanto, Gary y Sofy buscaban a Sandy por todos lados. «¿Dónde puede estar?», se preguntaba Sofy preocupada. «Espero que esté bien».
«Vamos a seguir buscando», dijo Gary con determinación. «No podemos dejarla sola».
Las ardillas condujeron a Sandy a través del parque, guiándola por senderos ocultos y mostrando atajos que solo ellas conocían. «Por aquí, por aquí», decían mientras corrían adelante y se aseguraban de que Sandy las siguiera. Después de un rato, Sandy empezó a reconocer algunos lugares del parque y su corazón se llenó de esperanza.
Finalmente, llegaron a un claro donde Gary y Sofy estaban buscando. «¡Gary! ¡Sofy!», gritó Sandy mientras corría hacia ellos. Sus hermanitos la vieron y corrieron a su encuentro, abrazándola con fuerza.
«¡Sandy! Estábamos tan preocupados», dijo Sofy con lágrimas de alegría en sus ojos. «Nos alegra tanto que estés bien».
«Gracias a estas ardillas encontré el camino de regreso», explicó Sandy, señalando a sus nuevas amigas. Las ardillas chillaron alegremente, felices de haber ayudado.
«Gracias, pequeñas amigas», dijo Gary inclinándose hacia las ardillas. «Nos han ayudado mucho».
Las ardillas hicieron una pequeña reverencia y se alejaron saltando, contentas de haber hecho un buen trabajo. Sandy, Gary y Sofy decidieron que era hora de regresar a casa. Habían aprendido una valiosa lección sobre la importancia de mantenerse juntos y de no alejarse demasiado.
Mientras caminaban de regreso a casa, Sandy no podía dejar de sonreír. «Fue una gran aventura», dijo. «Y estoy muy agradecida por las ardillas que me ayudaron».
«Sí, fue una gran aventura», coincidió Gary. «Y ahora sabemos que siempre debemos cuidarnos unos a otros».
«Vamos a contarle a mamá y papá sobre nuestro día», dijo Sofy emocionada. «Les va a encantar escuchar nuestra historia».
Cuando llegaron a casa, los tres hermanitos corrieron hacia sus padres y les contaron todo sobre su día en el parque, las ardillas y cómo habían aprendido la importancia de la amistad y de cuidarse mutuamente. Sus padres los abrazaron y les dijeron que estaban muy orgullosos de ellos.
Esa noche, Sandy, Gary y Sofy se fueron a la cama con una sonrisa en sus rostros. Sabían que, sin importar lo que pasara, siempre estarían ahí el uno para el otro, y que juntos podían superar cualquier obstáculo.
Y así, en su pequeño vecindario, los tres hermanitos siguieron disfrutando de muchas más aventuras juntos, siempre recordando la valiosa lección que habían aprendido en el parque con la ayuda de sus amigas las ardillas.
Fin.
Cuentos cortos que te pueden gustar
Esther y Ana Lau: La Amistad en las Estrellas
Amigas por Siempre: Maite, Amparo y Eva
Unidas las Manos para Reconstruir el Camino al Conocimiento para Tito, Tuti y Tita
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.