En un rincón lleno de luz y música, donde el sol siempre parece brillar con una sonrisa, vivían tres grandes amigos: Luna, Mateo y Simón. Ellos eran niños curiosos y alegres, a quienes les encantaba explorar cada calle, parque y rincón de su ciudad amada: Barranquilla, la ciudad del sol. Esta ciudad no solo era hermosa por su arquitectura colorida y sus festivales llenos de alegría, sino porque sus habitantes tenían un amor enorme por ella y cuidaban cada detalle con mucho cariño.
Una tarde luminosa, mientras paseaban por el Parque de los Fundadores, Luna observó algo que la entristeció un poco. Varios árboles tenían papeles y basura alrededor de sus raíces, y un pequeño grupo de niños que usualmente jugaban allí, parecía desanimado y sin muchas ganas. Mateo, que sabía mucho sobre la naturaleza, explicó: “Es muy importante que cuidemos estos árboles y el parque, porque ellos nos dan sombra, aire fresco y un lugar bonito para jugar.” Simón, siempre con una chispa de entusiasmo en sus ojos, propuso: “¿Y si organizamos algo para que todos los niños del barrio entiendan lo valioso que es nuestro parque y cómo podemos ayudar a cuidarlo? ¡Podemos convertirnos en guardianes del parque!”
Con la emoción contagiosa de Simón, los tres amigos empezaron a planear. Sabían que cuidar Barranquilla no solo era recoger basura, sino también enseñar a más personas a valorar el entorno. Decidieron crear una campaña llamada “La Magia de Cuidar Barranquilla” que incluiría juegos, música, y una gran limpieza en el parque. Para hacerlo más divertido, utilizarían una plataforma digital interactiva que permitiera a los niños y niñas de toda la ciudad unirse desde sus casas o escuelas, aprendiendo sobre la naturaleza y la importancia de la participación ciudadana. Luna, que era muy buena con la tecnología, se ofreció a diseñar el sitio web donde incluirían videos, retos y premios virtuales para motivar a todos a participar.
El siguiente fin de semana, se reunieron en la biblioteca pública para comenzar a armar la página. Mateo investigó sobre las plantas y animales que vivían en Barranquilla y preparó información sencilla y atractiva, mientras Simón escribió cuentos y poemas sobre la ciudad y sus colores. Luna creó juegos donde los niños tenían que limpiar un parque virtual, reciclar objetos y ayudar a los animales a encontrar su hogar. Juntos, hicieron una mezcla perfecta de aprendizaje y diversión. A medida que avanzaban, se dieron cuenta de que la magia de cuidar su ciudad estaba en la colaboración, en unir fuerzas y en compartir el amor por Barranquilla con todos.
Cuando terminaron, invitaron a sus amigos y vecinos a participar en la gran jornada de limpieza y actividades que organizarían en el Parque de los Fundadores. Para su sorpresa, la noticia se difundió rápidamente gracias a la plataforma digital, y niños y adultos comenzaron a inscribirse para ser parte del movimiento. El día llegó y el parque se transformó. Los colores brillaban más que nunca, los árboles parecían sonreír, y el aire estaba lleno de risas y canciones.
Mientras recogían papeles, pintaban bancas y sembraban nuevas plantas, Luna recordó las palabras de su abuela, quien siempre le decía que Barranquilla era como un gran corazón que latía con el amor de sus habitantes. Mateo y Simón sintieron que, con cada esfuerzo, ese corazón se hacía más fuerte y vibrante. Además, comprendieron que cuidar el entorno era una forma de expresar gratitud por todo lo que la ciudad les ofrecía: lugares de juego, amigos para compartir, y la alegría de crecer en un lugar tan especial.
Al final del día, cuando el sol comenzaba a esconderse, los tres amigos y todos los participantes se reunieron para celebrar con música y relatos. Compartieron lo aprendido en la página digital y prometieron seguir trabajando juntos para mantener Barranquilla limpia, hermosa y llena de vida. Luna cerró diciendo: “Cuidar nuestra ciudad no es solo responsabilidad de unos pocos, sino de todos los que amamos Barranquilla. Cuando trabajamos en equipo y participamos, creamos un lugar mejor para vivir y para que todos los niños puedan soñar y crecer felices.”
Desde entonces, la campaña “La Magia de Cuidar Barranquilla” creció y se convirtió en un movimiento que unió a familias, escuelas y comunidades enteras. Luna, Mateo y Simón se dieron cuenta de que la verdadera magia no estaba solo en las herramientas digitales o en las actividades, sino en el amor compartido y el compromiso de cada persona por cuidar su hogar. Ellos aprendieron que, con amistad, colaboración y responsabilidad, cualquier ciudad puede brillar con más fuerza y ser un lugar donde todos se sientan orgullosos de vivir.
La historia de Luna, Mateo y Simón es una invitación a todos los niños y niñas a descubrir que, aunque sean pequeños, pueden hacer grandes cosas cuando trabajan juntos. Cuidar Barranquilla es un acto de amor que fortalece la amistad, enseña respeto por la naturaleza y muestra que cada uno de nosotros tiene el poder de cambiar el mundo, empezando por nuestra propia ciudad. Así, Barranquilla permanece siempre llena de vida, alegría y esperanza, gracias a la magia que nace de cuidar lo que amamos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.