Era una tarde fría de diciembre, y las luces navideñas brillaban en cada rincón de la ciudad. En un pequeño pueblo lleno de árboles adornados con esferas de colores y nieve en el aire, un grupo de amigas mayores se reunió para celebrar la Navidad. Se conocían desde hacía años, compartiendo recuerdos, risas y sobre todo, un amor profundo por la amistad.
Entre ellas, estaba Verónica, la coach del grupo. Siempre con una sonrisa cálida y un consejo sabio en cada momento, ella había sido el pilar que las unía a todas. A su lado, se encontraba Roxy, la compañera de Carolina, una mujer que había llegado al grupo poco después de conocerse, pero que pronto se había integrado con su energía y su generosidad. Y finalmente, Carolina, la mayor de todas, quien con su cabello plateado y su risa contagiante, había sido siempre la líder informal del grupo. Aunque la edad comenzaba a hacer mella en sus cuerpos, sus corazones seguían siendo jóvenes y llenos de vida.
En esta ocasión, se reunían para brindar por la Navidad, por la amistad y, sobre todo, por las historias compartidas de las tantas Navidades que habían vivido cuando eran pequeñas. La casa de Carolina estaba decorada de manera acogedora, con un gran árbol de Navidad en la esquina, adornado con luces doradas y esferas rojas. La chimenea chisporroteaba suavemente, creando una atmósfera cálida y confortable. En la mesa, había tazas de chocolate caliente, galletas de jengibre y una copa de vino para cada una.
—¡Feliz Navidad, mis queridas amigas! —dijo Carolina, levantando su copa y mirando a cada una de las mujeres con una sonrisa en su rostro.
Verónica, con una mirada llena de cariño, levantó su copa también.
—A la amistad, a todas las risas que hemos compartido y a todas las historias que aún nos quedan por contar —dijo Verónica, con su tono suave pero firme.
Roxy, con una sonrisa tímida pero sincera, agregó:
—Y a las Navidades pasadas, que nos siguen acompañando en nuestros recuerdos. ¡Que sigan siendo parte de nuestra vida por siempre!
Las tres brindaron y, mientras tomaban un sorbo de sus copas, un silencio lleno de nostalgia y alegría invadió la habitación. Era el tipo de silencio que solo se siente entre buenas amigas que saben que su tiempo juntas es invaluable.
—¿Recuerdan la primera Navidad en la que nos conocimos? —preguntó Carolina, rompiendo el silencio con su voz cálida.
Verónica asintió, y Roxy sonrió.
—Claro que lo recuerdo —respondió Verónica—. Fue hace más de veinte años, en el café de la esquina. Las tres estábamos allí, sin conocernos, pero el destino nos reunió en ese lugar, en esa mesa, y a partir de ahí nunca más nos separamos.
Roxy asintió, recordando con cariño esos primeros momentos.
—Yo, de hecho, llegué un poco tarde esa vez —dijo Roxy con una risa—. Pero cuando las vi, me di cuenta de que ya había encontrado a las mejores amigas de mi vida. Fue una Navidad especial, aunque no sabíamos en ese momento que sería solo la primera de muchas.
Carolina sonrió al escuchar las palabras de Roxy. Habían compartido tantas Navidades juntas, y cada una de ellas había sido única.
—¿Y qué me dicen de las Navidades de nuestra infancia? —preguntó Carolina, mirando a sus amigas con la curiosidad de siempre—. ¿Recuerdan cómo eran las cosas cuando éramos niñas?
Verónica se acomodó en su silla y comenzó a contar:
—Yo recuerdo que mi familia tenía una tradición muy especial. Todos los años, nos reuníamos alrededor de la mesa para cantar villancicos antes de la cena. Era algo tan mágico, todos los niños cantando y riendo. A veces, mi papá tocaba la guitarra y nos acompañaba mientras cantábamos las canciones más alegres. No importaba si era tarde o si ya estábamos cansados, lo importante era compartir esos momentos de alegría.
Roxy suspiró, recordando sus propias Navidades.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.