Cuentos de Amistad

Un día soleado y tostado en la playa

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Era un brillante sábado por la mañana cuando José Manuel, David, Fran y Crespo decidieron que era el día perfecto para ir a la playa. Habían estado esperando toda la semana para poder escaparse juntos y disfrutar del sol, el mar y la arena, después de varios días de estudio y tareas en la escuela. La amistad entre ellos era muy fuerte; siempre se apoyaban y compartían casi todas sus aventuras, por eso aquel día prometía ser muy especial.

Apenas salió el sol, José Manuel fue a casa de David para recogerlo, y después pasaron por Fran y por último por Crespo. Cada uno llevó algo que consideraba importante: José Manuel llevó la nevera con refrescos y bocadillos, Fran llevó una pelota de playa para jugar, Crespo llevó su tabla para hacer surf y David, por su parte, estaba emocionado porque quería aprender a nadar mejor. Sin embargo, David olvidó algo muy importante, aunque en ese momento no se dio cuenta: la crema solar.

El viaje hacia la playa fue animado. Cantaron canciones, contaron chistes y se hicieron promesas de las cosas que harían apenas llegaran. Cuando por fin arribaron, el mar azul y el grano de arena dorado los recibió con un abrazo cálido. Los cuatro amigos quitaron sus mochilas y rápidamente corrieron hacia el agua. José Manuel y Fran decidieron jugar en la orilla mientras Crespo se aventuraba un poco más para intentar deslizarse sobre las olas en su tabla. David, con una sonrisa amplia, se metió de lleno en el mar, emocionado por sentir el agua fresca en medio del sol radiante.

Pasaron horas jugando, nadando y riendo. Fran organizó una competencia de carreras sobre la arena, mientras que José Manuel se encargó de repartir los bocadillos para que nadie sintiera hambre. Incluso Crespo les enseñó algunos trucos que había aprendido para hacer surf, y todos aplaudían cada intento con entusiasmo. El sol brillaba intensamente, y el sonido de las olas se mezclaba con las risas de los chicos, creando una escena perfecta.

Pero al final de la tarde, cuando empezaron a recoger sus cosas para volver a casa, David comenzó a notar que algo no estaba bien. Su piel estaba roja y le dolía, como si el sol hubiera dejado pequeños pinchazos sobre su cuerpo. Los amigos se dieron cuenta de que David estaba quemado por el sol. José Manuel preguntó preocupado:

—¿David, por qué no usaste crema solar?

David bajó la mirada y respondió un poco apenado:

—Se me olvidó traerla. No pensé que iba a hacer tanto sol, y al ser tan distraído, simplemente me olvidé.

Fran frunció el ceño, preocupado:

—¡Eso no es nada bueno! El sol puede hacer mucho daño si no nos protegemos.

—No te preocupes, David —dijo Crespo con una sonrisa tranquila—. Lo importante es que aprendamos de esto para la próxima vez y que ahora te cuides para que no te duela tanto.

José Manuel, sabiendo que no podían hacer muchas cosas en la playa para aliviar la quemadura, sugirió que era mejor regresar a casa para que David se pusiera crema especial, bebiera mucha agua y descansara. Así que, aunque todavía les quedaba un poco de luz, recogieron rápidamente pero con cuidado sus cosas, sin olvidar nada esta vez.

Durante el camino de vuelta, David se sintió un poco triste, porque sabía que estaba «tostado» por el sol, y a veces le daba un poco de vergüenza. Pero sus amigos no lo dejaron sentirse mal. Fran le puso una mano en el hombro y le dijo:

—David, todos cometemos errores. Lo importante es que somos amigos y siempre estamos aquí para cuidarnos.

Crespo agregó:

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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