En el año 2021, cuando el mundo parecía estar un poco loco por todo lo que estaba pasando, Ximena y Piero encontraron una forma especial de conocerse. No fue en la escuela, ni en el parque, sino a través de la pantalla de un celular, conectados por las redes sociales. Parecía un lugar extraño para comenzar una historia, pero para ellos fue el principio de algo muy bonito.
Ximena tenía once años, al igual que Piero, y ambos vivían en ciudades diferentes. Ella en Majes, una zona tranquila y llena de colores, y él en Candelaria, donde las chacras estaban llenas de plantas, árboles y el aire olía a tierra y a flores frescas. Desde que comenzaron a hablar, entre mensajes y videos, descubrieron que tenían muchas cosas en común: les encantaba la música, las historias de aventuras, y ambos soñaban con viajar y conocer lugares nuevos.
Durante semanas, Ximena y Piero compartieron risas por mensajes, se contaron secretos y pequeñas historias de sus días. Ximena siempre esperaba con emoción el sonido que anunciaba un nuevo mensaje de Piero. Él, más tranquilo y reservado, respondía siempre con palabras sinceras que hacían sentir a Ximena que no estaba sola.
Un día, después de mucho charlar y soñar despiertos con encontrarse, decidieron dar un gran paso: encontrarse en persona. No fue una decisión fácil para ninguno de los dos, pero sentían que ya era tiempo. Piero invitó a Ximena a su chacra en Candelaria, un lugar que él conocía muy bien y que amaba profundamente. Ximena sintió mariposas en el estómago. La idea de viajar, de conocer aquel terreno lleno de árboles y caminos de tierra, le parecía una aventura.
El día llegó y Ximena se subió al bus con su mochila, su corazón latiendo rápido, llena de nervios y emoción. Al llegar, Piero la estaba esperando con una sonrisa calmada, con esa tranquilidad que a Ximena le gustaba tanto. La chacra estaba llena de colores, con flores que parecían saludarlos, y el canto de los pájaros hacía la atmósfera aún más mágica. Pasearon entre los árboles, hablaron de sus sueños y miedos, y poco a poco, las barreras de la pantalla se fueron desvaneciendo.
En un momento muy especial, bajo la sombra de un gran árbol de mango, Piero tomó la mano de Ximena. Ambos comprendieron que esa era la chispa que había estado creciendo desde el primer mensaje. Se miraron a los ojos y se besaron, un beso sencillo pero lleno de todo el amor y la esperanza que sentían. Fue el comienzo de su historia juntos, un amor puro, sincero y lleno de promesas.
Pero como en todas las historias de verdad, no todo fue fácil. Piero tenía un problema que no había contado al principio: luchaba con una adicción que le hacía sentir inseguro y triste a veces. Ximena no entendía bien qué era eso al principio, pero conforme lo conocía más, empezó a darse cuenta de que Piero necesitaba ayuda para superar aquello.
Un día, Piero desapareció. No contestaba mensajes ni llamadas, y Ximena se preocupó mucho. Más tarde, supo que él había sido internado en un centro de rehabilitación para poder sanar y luchar contra esa adicción. Aunque el corazón de Ximena dolía mucho, ella decidió esperar. No quería abandonar a su amigo y compañero de aventuras.
Los días en Majes se hacían largos y tristes sin Piero, pero Ximena encontraba fuerza en el recuerdo de su último beso bajo el mango. Cada noche, miraba las estrellas y le pedía al cielo que Piero estuviera bien y que pronto regresarían a caminar juntos por las chacras.
Mientras tanto, en el centro de rehabilitación, Piero enfrentaba sus miedos y luchaba con valentía. Aprendió a conocerse mejor, a entender por qué había caído en ese problema, y, lo más importante, a creer que podía salir adelante. Todos los días pensaba en Ximena, en ese amor sincero que lo esperaba y le daba ánimo para continuar.
El tiempo pasó, y una tarde, cuando el sol estaba pintando el cielo de colores anaranjados, Piero volvió a Majes. Ximena estaba en la estación, nerviosa y con una sonrisa que parecía no caber en su rostro. Cuando se vieron, corrieron uno hacia el otro y se abrazaron fuerte, como si quisieran que el tiempo se detuviera.
Supieron que juntos podían enfrentar cualquier cosa, que el amor verdadero no era solo compartir momentos felices, sino también estar ahí en las dificultades, apoyándose y dándose fuerza. Piero volvió cambiado, más fuerte y lleno de esperanza, gracias también al amor que lo había esperado con paciencia y fe.
Desde ese día, Ximena y Piero continuaron escribiendo su historia de amor, con más aventuras y sueños por cumplir. Aprendieron que el amor es un viaje que a veces tiene caminos difíciles, pero cuando es sincero y profundo, puede durar para siempre. Y así, caminando juntos bajo el sol de Majes, entre risas y promesas, descubrieron que su amor no tenía fin.
Esta historia nos recuerda que el amor verdadero es valiente, paciente y fuerte, capaz de superar cualquier adversidad. Cuando creemos en alguien y queremos ayudarlo, podemos ser la luz que los guía en los momentos oscuros. Ximena y Piero nos enseñan que, con cariño y confianza, los lazos que unimos pueden durar más allá de cualquier dificultad, para siempre.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.