Ruth siempre había sido una persona reservada. No era tímida, pero tampoco era de las que expresaban fácilmente sus emociones. La vida en la ciudad universitaria era emocionante y caótica a la vez. Ruth compartía un pequeño apartamento con tres compañeras más, y aunque al principio fue difícil acostumbrarse a vivir con otras personas, poco a poco todas fueron formando una pequeña familia.
Una tarde de otoño, mientras caminaba por el parque cerca de su facultad, Ruth se encontró pensando en los cambios que había vivido desde que comenzó la universidad. Venir de un pequeño pueblo a una gran ciudad había sido todo un reto, pero ahora se sentía más fuerte y segura de sí misma. Aun así, había algo que la inquietaba: el amor.
Ruth nunca había tenido una relación seria. Había tenido algunos amores fugaces, pero nada que la hiciera sentir que su corazón estaba realmente conectado con alguien más. Siempre escuchaba a sus amigas hablar sobre sus historias de amor, y aunque a veces se sentía feliz por ellas, en el fondo, también deseaba experimentar ese sentimiento único que parecía estar siempre fuera de su alcance.
Un día, mientras estaba en la cafetería universitaria, vio a un chico que le llamó la atención. No era la primera vez que lo veía, pero en esta ocasión algo dentro de ella cambió. Había algo en su sonrisa, en la manera en que sostenía su taza de café, que la hizo sentir una extraña mezcla de curiosidad y nerviosismo. «¿Cómo se llama?», se preguntó.
Durante las semanas siguientes, Ruth lo veía con frecuencia en el mismo lugar. Él siempre estaba sentado cerca de la ventana, leyendo o simplemente observando a la gente pasar. Cada vez que lo veía, sentía que su corazón latía un poco más rápido. Sin embargo, nunca se atrevió a hablarle. «¿Y si no me escucha? ¿Y si no le intereso?», se decía a sí misma, buscando excusas para no acercarse.
Un día, cuando estaba a punto de salir de la cafetería, el destino decidió intervenir. El chico tropezó accidentalmente con su mochila y casi derramó su café sobre sí mismo. Ruth reaccionó rápidamente y lo ayudó a recuperar el equilibrio. Él le sonrió agradecido, y por primera vez, intercambiaron algunas palabras.
—Gracias, casi hago un desastre —dijo él, sonriendo de nuevo.
—No te preocupes, yo también soy torpe a veces —respondió Ruth con una sonrisa tímida.
El breve encuentro fue suficiente para que Ruth comenzara a pensar más en él. Sus amigas notaron que algo había cambiado en su comportamiento, y no tardaron en hacerle preguntas. «¿Te gusta alguien?», le preguntaron, y aunque al principio lo negó, finalmente admitió que había alguien que ocupaba sus pensamientos.
Pasaron los días, y Ruth seguía viendo al chico en la cafetería. Poco a poco, comenzaron a hablar más, a compartir momentos y risas. Su nombre era Lucas, y estudiaba en la misma facultad, pero en un área diferente. Tenía una pasión por la astronomía, y le encantaba hablar sobre las estrellas y los misterios del universo. A Ruth le fascinaba escucharlo. Aunque no entendía mucho de astronomía, le encantaba la forma en que Lucas hablaba de su pasión, como si cada estrella fuera una pequeña historia esperando ser descubierta.
Con el tiempo, Ruth y Lucas empezaron a pasar más tiempo juntos. Salían a caminar por el parque, compartían café en la misma mesa de la cafetería y, a veces, simplemente se quedaban sentados mirando las estrellas. Ruth comenzó a sentir que su corazón estaba experimentando algo nuevo, algo que no había sentido antes: amor.
Un día, mientras caminaban bajo el cielo estrellado, Lucas tomó la mano de Ruth por primera vez. Fue un gesto simple, pero para ella, significó todo. Sintió una calidez que recorrió todo su cuerpo, y en ese momento supo que estaba enamorada.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.