Cuentos de Amor

Esteban y Karla: Un Amor que Crece

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Esteban nunca había sido alguien que creyera en el amor a primera vista. Era una persona tranquila, dedicada a sus estudios, y pasaba la mayor parte del tiempo en su mundo, entre libros y reflexiones. Le gustaba la rutina, lo predecible, y siempre evitaba el caos de las emociones. Sin embargo, todo cambió el día en que conoció a Karla.

Era un día soleado de primavera cuando sus caminos se cruzaron por primera vez. Esteban estaba en el parque, sentado en su banco favorito, leyendo un libro sobre historia. El lugar estaba lleno de vida: niños corriendo, flores en plena floración y una brisa suave que hacía que todo pareciera perfecto. Mientras levantaba la vista para descansar sus ojos, la vio. Karla estaba caminando con su mochila, buscando un lugar donde sentarse, con una expresión serena, casi soñadora.

Había algo en ella que llamó la atención de Esteban. No era solo su apariencia física, aunque Karla era ciertamente hermosa, con su cabello largo y castaño que brillaba bajo el sol. Era algo más profundo, una especie de energía que irradiaba de ella, una mezcla de tranquilidad y misterio. Esteban no podía quitarle la vista de encima.

Después de unos minutos de dudar, se armó de valor y decidió acercarse. “Hola,” le dijo tímidamente, sintiendo cómo sus manos sudaban por los nervios. “¿Te importa si me siento aquí contigo?”

Karla levantó la vista, sorprendida, pero luego le sonrió cálidamente. “Claro, no hay problema.” Y así, comenzaron a hablar. Al principio, la conversación fue superficial, sobre el clima y el parque, pero pronto empezaron a compartir más sobre ellos mismos. Esteban se enteró de que Karla era apasionada por la música y el arte, y Karla descubrió que Esteban tenía un gran interés en la historia y la literatura. A medida que hablaban, la conexión entre ellos creció, como si sus almas hubieran estado esperando ese momento.

Durante los días siguientes, se encontraron varias veces en el parque, ya fuera por casualidad o quizás por una especie de destino invisible que los unía. Empezaron a pasar más tiempo juntos, y con cada día que pasaba, Esteban se daba cuenta de que sus sentimientos por Karla iban más allá de una simple amistad. Algo en su corazón había cambiado, algo que nunca antes había experimentado.

Por su parte, Karla también sentía lo mismo. Aunque al principio estaba reservada, lentamente comenzó a abrirse a Esteban, compartiendo con él sus sueños y miedos. Le contó cómo siempre había sentido una conexión especial con la música, cómo le gustaba tocar el piano en su tiempo libre, y cómo, a pesar de todo, a veces sentía miedo de no ser lo suficientemente buena.

Esteban la escuchaba atentamente, siempre con una sonrisa en el rostro. Le encantaba ver cómo los ojos de Karla brillaban cuando hablaba de su pasión, y con el tiempo, comenzó a admirarla no solo por su belleza, sino por su fuerza interior y su sensibilidad.

Los meses pasaron, y lo que comenzó como una amistad se convirtió lentamente en algo más profundo. Esteban y Karla empezaron a salir juntos, compartiendo momentos especiales en cada rincón de la ciudad. Paseaban por el parque al atardecer, iban a exposiciones de arte y, en algunas ocasiones, Esteban acompañaba a Karla a conciertos donde ella tocaba el piano. Esteban siempre estaba ahí, apoyándola, animándola, y Karla sentía que, con él a su lado, podía enfrentar cualquier reto.

Una tarde, después de uno de los conciertos de Karla, mientras caminaban por las calles adoquinadas del centro de la ciudad, Esteban tomó la mano de Karla con más firmeza de lo habitual. Ella lo miró con curiosidad, notando que había algo diferente en su expresión. Parecía nervioso, pero al mismo tiempo decidido.

“Karla,” comenzó él, deteniéndose en seco y girando para mirarla a los ojos. “Quiero que sepas que estos últimos meses han sido los más felices de mi vida. Desde que te conocí, siento que he encontrado una parte de mí que no sabía que estaba perdida.”

Karla sonrió, sintiendo su corazón latir más rápido. Esteban hizo una pausa, respiró hondo y continuó: “Quiero estar contigo, no solo ahora, sino siempre. Quiero que sigamos construyendo momentos, aventuras y recuerdos juntos. Karla, ¿te casarías conmigo?”

La propuesta tomó a Karla completamente por sorpresa, pero no de una mala manera. Su corazón se llenó de emoción y alegría al ver la sinceridad en los ojos de Esteban. Aunque no lo había esperado en ese momento, sabía que ella también quería lo mismo.

“Sí, Esteban. Claro que sí,” respondió Karla con lágrimas en los ojos.

Se abrazaron con fuerza en medio de la calle, mientras la luz del atardecer bañaba la escena con tonos dorados y rosados. Fue un momento perfecto, lleno de amor, promesas y sueños compartidos.

A partir de ese día, empezaron a planear su boda con entusiasmo. No querían una gran ceremonia, sino algo íntimo, solo con las personas más cercanas. Para ellos, lo más importante no era la fiesta, sino el compromiso que estaban haciendo el uno con el otro. Se casaron en un pequeño jardín, rodeados de flores y bajo el cielo azul. El amor en el ambiente era palpable, y cada sonrisa, cada mirada compartida, reflejaba la profundidad de lo que ambos sentían.

Después de la boda, Esteban y Karla comenzaron su vida juntos. Vivían en un pequeño apartamento lleno de luz, con grandes ventanas que daban al parque donde se conocieron. Era sencillo, pero estaba lleno de los detalles que representaban su vida compartida: las partituras de Karla sobre la mesa, los libros de Esteban en las estanterías, y pequeñas notas que se dejaban el uno al otro para recordarse su amor todos los días.

La vida de casados fue dulce al principio. Esteban continuaba con su trabajo como profesor de historia en una universidad, mientras Karla seguía tocando el piano y dando clases particulares de música. Cada noche, cenaban juntos, compartiendo las historias de su día y riendo hasta tarde. Todo parecía estar en perfecto equilibrio.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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