Cuentos de Amor

La princesa Regina Cumple Años: Un Día de Celebración y Amor en el Castillo con el Príncipe Emiliano y su Familia unida bajo el Cielo Estrellado de Recuerdos y Amor Eterno

Lectura para 8 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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En un reino lleno de magia y amor, allá en lo alto de una colina ondeaba un castillo hermoso, brillante como el sol, donde vivían dos pequeños príncipes muy especiales: Regina y Emiliano. Hace ocho años, cuando Regina apenas venía en camino, toda la familia estaba llena de alegría y emoción. Sus papás, su mamá Xochitl y su mamá Chayo, junto con sus tíos y tías, y sus queridas abuelas, esperaban con el corazón lleno de esperanza ese día tan especial en que la pequeña princesa llegaría a sus vidas.

El día de la llegada de Regina fue como un cuento. Los rayos dorados del amanecer parecían saludarlos, las flores del jardín despertaban al ritmo de los pájaros y, en todo el castillo, se sentía una felicidad inmensa. Todos corrían a visitarla, a abrazarla, a acariciar sus manitas pequeñitas. Regina venía a llenar el castillo de risas, de sueños y de magia. Cada quien le contaba cuánto la amaba y prometía cuidar siempre de esa niña que había nacido para brillar.

El tiempo fue pasando y la pequeña princesa creció con la ternura del amor que la rodeaba. Ahora, con ocho años, Regina era una niña hermosa, pero no solo por su cara linda o su sonrisa radiante, sino porque su corazón era fuerte y valiente. Su mirada transmitía la fuerza de un alma que podía sobrepasar cualquier obstáculo. Ella tenía al lado a su compañero inseparable, su hermano Emiliano, un príncipe lleno de alegría y coraje, siempre dispuesto a ayudarla y acompañarla en cada aventura.

Juntos, Regina y Emiliano aprendieron a cruzar ríos caudalosos, a trepar montañas altas y a caminar por bosques susurrantes. No había reto que los asustara, porque sabían que podían contar con el amor de sus mamás, Xochitl y Chayo, quienes con palabras dulces y abrazos fuertes les daban el valor para no rendirse. Además, tenían a su lado a sus animalitos inseparables, quienes aunque ahora están en el cielo, siempre cuidan de ellos desde allá, protegiéndolos con su cariño invisible. Estaba Neskuik, el conejito blanco con manchas marrones, que saltaba alegre en los campos de la imaginación; Lola, la perrita juguetona que siempre los acompañaba en sus sueños más bonitos; y Roky, el perrito fiel que con su ladrido suave parecía decir “aquí estoy, sigan adelante”.

En medio de toda esa felicidad, Regina también siente el amor de sus hermanos mayores que ya están en el cielo: Arnoldo y Jesús, quienes miran por ella con un amor eterno que cruza las estrellas. Y por supuesto está su papá, Omar, que aunque no esté siempre a su lado, vive en su corazón y en cada latido le recuerda que es fuerte y valiente.

Un día muy especial, el castillo se llenó de luces y colores porque era el cumpleaños de Regina. Los jardines estaban adornados con guirnaldas hechas de flores frescas y las mesas se llenaron de ricos postres y frutas de todos los tonos, que parecían salidos de un sueño. Todos los que la amaban, desde las abuelas hasta los tíos, llegaron para celebrar a la princesa que había traído tanta alegría a sus vidas. Emiliano lucía un traje azul brillante, arreglado especialmente para acompañar a su hermana en su día.

Regina llevaba un vestido color lavanda que brillaba bajo el sol, y su corona de flores frescas la hacía verse como una verdadera princesa de los cuentos de hadas. Pero lo que más brillaba era su sonrisa y el amor que sentía en su corazón. Esa mañana, las dos mamás, Xochitl y Chayo, le contaron una historia maravillosa mientras la vista desde la ventana mostraba las nubes pintadas de rosa y naranja. Le hablaron de la fuerza que hay en el amor de la familia, del valor para ser siempre uno mismo y de la magia que nace cuando todos están unidos.

“Mi valiente princesa”, dijo Xochitl mientras acariciaba suavemente la mejilla de Regina, “tú tienes en tu corazón la luz de las estrellas y el poder de mil soles. Recuerda que puedes cruzar todos los obstáculos porque no estás sola, nosotros estamos contigo.”

Chayo tomó las manos de Regina con ternura y añadió: “Y tus hermanos que te cuidan desde el cielo, junto con Neskuik, Lola y Roky, mandan sus besos y su protección. Siempre estará contigo la fuerza del amor eterno.”

Emiliano, que escuchaba muy atento, abrazó fuerte a su hermana y prometió que juntos seguirían siendo valientes y cariñosos, cuidándose como verdaderos príncipes y princesas. Esa tarde, después de disfrutar de la comida, de cantar con alegría y recibir muchos abrazos, Regina y Emiliano salieron al jardín para jugar. Allí, entre juegos y risas, nació una aventura inesperada.

Mientras corrían detrás de una mariposa azul que parecía querer llevarlos a un secreto mágico, Regina notó que un pequeño camino de luces brillantes aparecía entre los árboles. “¿Vamos a explorar?”, preguntó emocionada. Emiliano asintió con una sonrisa. Así, los dos príncipes siguieron el camino brillante. Pronto llegaron a un claro donde un árbol enorme parecía susurrarles historias antiguas.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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