Juana era una recluta en aquel lugar donde todo parecía muy serio y muy ordenado. Aún recuerda la primera vez que vio a Nicolás, el chico que, sin ella saberlo en ese momento, sería su compañero de vida. “Cuando te vi,” pensó Juana, “dije que cabo tan lindo, ¡Dios mío!”. Nicolás tenía esa mirada tranquila y una postura que hacía que todos lo vieran como un joven muy responsable y serio. Juana quería acercarse a él para hablar, pero le daba un poco de pena porque él siempre parecía concentrado y callado, como si estuviera pensando en algo muy importante. Sin embargo, el destino quiso que no se quedaran mucho tiempo con esa distancia.
Un día, llegó una oportunidad inolvidable: fueron al polígono. Allí, entre risas nerviosas y manos un poco temblorosas, Juana y Nicolás pasaron varias horas juntos. Mientras preparaban el equipo, Nicolás puso su música favorita, una canción de Morat que sonaba alegre y llena de vida. Juana se acercó un poco y él le preguntó con una sonrisa: “¿Te gusta esta música?”. Juana se sorprendió y no pudo evitar reírse, porque justo había estado pensando lo mucho que le gustaba esa canción. “¡Jajaja!”, recordó cómo aquella pregunta rompió el hielo y fue el inicio de una gran amistad.
Después, Nicolás ayudó a Juana a barrer el piso del lugar donde se encontraban, algo que parecía sencillo, pero para Juana ese momento fue muy especial. Era la primera vez que hacían algo juntos que no fuera estrictamente parte de su entrenamiento, algo que les permitió hablar de sus gustos, sus sueños y de otras cosas que ellos guardaban en el corazón. A partir de ese día, Juana empezó a notar que Nicolás no era tan serio como parecía, sino que era un chico amable, divertido y con un buen sentido del humor, aunque no siempre lo mostrara.
Una de las escenas que Juana nunca olvidaría fue cuando él la acompañaba a prestar centinela. Eran turnos largos en la noche, y muchas veces se sentaban bajo un árbol o sobre una pared mientras esperaban, mirando las estrellas y hablando de cosas simples que los hacían reír y sentirse cómodos el uno con el otro. Juana recordaba con cariño esos instantes, como si fueran pequeños tesoros que guardaba en su memoria.
También hubo una vez graciosa que todavía les hacía reír cada vez que la recordaban. Fue la primera vez que ambos fueron juntos al baño mientras estaban en su entrenamiento. Ambos eran jóvenes y un poco tímidos, por lo que la experiencia fue un poco torpe. Pero el momento más divertido sucedió cuando el sargento los descubrió y los regañó, aunque al final no pudo evitar sonreír al ver que ellos estaban nerviosos y asustados. “¡Jajajajaja!”, decía Juana cada vez que pensaba en aquel día, porque aunque parecía una situación seria, para ellos se convirtió en una aventura que fortaleció su amistad.
Con el paso del tiempo, las aventuras siguieron llegando, cada una más especial que la anterior. La complicidad entre ellos crecía, y con ella, también los sentimientos que empezaban a florecer sin que ellos siquiera se dieran cuenta. Hasta que llegó un día especial: el 31 de octubre, el día de Halloween. Ese día, todo parecía mágico y lleno de colores y risas. Juana y Nicolás bailaron mucho, disfrutaron de la música y la alegría que envolvía ese momento, y esa noche terminó de abrir un nuevo capítulo en su historia.
Después de aquella noche especial, ambos decidieron pasar tiempo juntos en un lugar diferente, un motel donde pudieron seguir hablando y conociéndose aún más, sin prisas y sin preocupaciones. Las horas parecían pasar rápido mientras compartían secretos, sueños y anécdotas, fortaleciendo la amistad que ya empezaba a convertirse en algo más dulce y profundo. Desde entonces, no dejaron de hablarse por WhatsApp, enviándose mensajes de buenos días, dibujos, canciones, y pequeñas bromas que los hacían sentir cerca a pesar de la distancia.
Poco tiempo después, llegó el día en que ambos fueron a FUSA, un lugar que para ellos se convirtió en testigo del inicio formal de su relación. Ese día, algo especial ocurrió, algo que encendió una llama dentro de sus corazones, una chispa de amor que los hizo sentirse más unidos que nunca. Desde aquel momento supieron que lo que compartían era algo único, algo que ninguno de los dos quería dejar ir.
La alegría y felicidad que sentían se hizo más fuerte cuando, finalmente, en un día lleno de emoción y nerviosismo, Nicolás le pidió a Juana que fuera su novia. Ocurrió un 8 de diciembre, un día que para ellos siempre será recordado con mucho cariño. Juana pudo sentir cómo sus sentimientos se convertían en algo real, en un compromiso lindo y sincero. “Amo a Nicolás,” pensó Juana, mientras le decía que sí con una gran sonrisa y el corazón latiendo muy rápido.
Juntos, Juana y Nicolás han aprendido que el amor puede comenzar en los lugares más inesperados, incluso en un lugar lleno de uniformes, reglas y momentos serios. Su historia demuestra que detrás de la seriedad, detrás de esa imagen de reclutas responsables, puede haber un corazón lleno de alegría y sueños compartidos. Lo más importante es tener el valor de acercarse, de hablar, de mostrar quién eres realmente, porque a veces de las cosas más simples empiezan las mejores historias.
Juana recuerda cada detalle de esos momentos con cariño y sabe que todas esas pequeñas aventuras, risas y experiencias compartidas son el verdadero tesoro de su vida. Y aunque todavía les esperan muchos días por vivir y muchas historias por contar, ambos saben que mientras estén juntos, todo será más fácil y más divertido.
Así, Juana y Nicolás continúan su camino, creciendo como personas, apoyándose el uno al otro y disfrutando cada instante de su aventura llamada amor. Porque el amor, como aprendieron, no siempre aparece en momentos perfectos o lugares soñados; a veces, aparece cuando menos lo esperas, en medio del deber y la rutina, y se convierte en lo más importante de tu vida. Y en el corazón de Juana siempre queda esa frase que nunca olvidará: “Cuando te vi, dije, ‘¡qué cabo tan lindo, Dios mío!’”.
Y así fue como nuestro amor comenzó en un lugar inesperado, detrás de la seriedad de un uniforme, hecho de risas, música, aventuras y momentos para toda la vida.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.