Había una vez, en un pequeño pueblo costero, una niña llamada Juls. Él tenía el cabello corto y castaño, y le encantaba jugar al aire libre, especialmente en verano. Este año, sin embargo, las cosas habían cambiado mucho para Juls y su mamá, Ines. Ella tenía el cabello largo y oscuro, y trabajaba muy duro para cuidar de Juls. Desde que se había separado del papá de Juls, Ines tuvo que volver a trabajar durante la temporada de verano para poder mantenerlas a ambas.
Para ayudar a Ines, la abuela de Juls, Yaya Mey, había venido desde Canarias. Yaya Mey tenía el cabello gris y siempre vestía con ropa cómoda y acogedora. Aunque Juls quería mucho a su abuela, no le gustaba que fuera ella quien la acostara a dormir en lugar de su mamá. Por eso, cada noche Juls dormía en la cama de Ines hasta que ella regresaba del trabajo, y así podían dormir juntas.
Cada mañana, Ines y Juls pasaban tiempo de calidad juntas. Iban a la piscina, jugaban en el parque y disfrutaban de deliciosos helados. Pero cuando llegaba la hora de que Ines se fuera a trabajar, Juls se ponía triste. Ines sabía lo difícil que era para Juls estar sin ella, así que ideó una manera especial de recordarle cuánto la quería.
Antes de irse al trabajo, Ines siempre dibujaba un pequeño corazón en la mano de Juls. «Este corazón es para que recuerdes que te amo infinitamente y que siempre vuelvo a casa», le decía Ines con una sonrisa. Juls miraba su mano y asentía, sintiéndose un poco mejor.
Durante el día, mientras Ines trabajaba, no podía dejar de pensar en Juls. Se imaginaba lo que estaría haciendo en cada momento: jugando con sus juguetes, leyendo un libro con Yaya Mey o quizás dibujando. Ines deseaba que el verano pasara rápido para poder pasar más tiempo con Juls.
Yaya Mey también hacía todo lo posible por hacer feliz a Juls. Juntas hacían manualidades, horneaban galletas y se contaban historias de cuando Yaya Mey era joven. A pesar de estos momentos divertidos, Juls seguía echando mucho de menos a su mamá durante las tardes y las noches.
Una noche, mientras estaban en la cama esperando a que Ines regresara, Juls le dijo a Yaya Mey: «Extraño mucho a mamá cuando no está. Pero ella me dijo que esto es solo temporal y que cuando termine el verano, podremos estar juntas otra vez y hacer muchos viajes divertidos.»
Yaya Mey la abrazó y le dijo con suavidad: «Es cierto, querida. Tu mamá está trabajando muy duro para que puedan disfrutar juntas después del verano. Y aunque no esté aquí físicamente, siempre está contigo en su corazón. Eres muy valiente y tu mamá está muy orgullosa de ti.»
Las palabras de Yaya Mey reconfortaron a Juls. Sabía que su mamá la amaba y que todo este esfuerzo era para ellas. Al mirar el corazón dibujado en su mano, sonrió y se sintió más tranquila.
Finalmente, el verano llegó a su fin. Ines había trabajado arduamente y ahora tenía más tiempo para estar con Juls. Decidieron que harían un viaje especial para celebrar. Juntas, planearon una visita a las montañas, donde podían hacer caminatas, observar las estrellas y contar historias junto a la fogata.
El viaje fue maravilloso. Ines y Juls disfrutaron de cada momento juntas. Exploraron nuevos lugares, conocieron animales del bosque y construyeron recuerdos que durarían para siempre. Juls se dio cuenta de que, aunque había sido difícil estar sin su mamá, valió la pena esperar.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.