Jazmín tiene dos años y medio y es una niña muy feliz y curiosa. Vive en una casita con un jardín grande y bonito, donde siempre le encanta jugar. Pero no juega sola, porque tiene dos compañeros inseparables para sus travesuras: su gato Bam y su perro Milo. Desde muy temprano en la mañana, cuando el sol apenas empieza a asomarse entre las ventanas, Jazmín ya está lista para salir a descubrir cosas nuevas junto a sus amigos peludos.
Bam es un gato que parece saber todos los secretos del mundo. Tiene un pelaje suave y negro, y unos ojos verdes que brillan como esmeraldas. Milo es su perro fiel, con orejas grandes y movimiento alegre de cola que contagia felicidad a todos. Pero lo que hace las aventuras de Jazmín aún más divertidas es que no están solos. En realidad, tienen un montón de perros que los siguen y juegan con ellos, como una gran familia. Allí están Luz, Manchita, Luno, Uma, Rubí, Rubén, Simba, Jero e India. Son perros de todas las formas, tamaños y colores, y todos ellos llenan cada día de alegría y emoción.
Jazmín siempre se acuerda de Canela, una perrita muy especial que se fue al cielo de los perros. Canela era la abuela de todos ellos, la que les enseñó a ser amigos y a quererse mucho. Aunque Canela ahora brilla como una estrella en el cielo, todos la recuerdan con cariño, y a veces, cuando el viento sopla suavemente, parece que Canela los está viendo y sonriendo.
Pero además de los perros, está la gran familia de amigos de Bam, que son muchos. Salami, Gurrumino, Rocky, Agato, Mora, Lana, Guantes, Calesi, Chizito, Pelusa, Chester, Sakua y Nina forman un grupo de gatos que acompañan a Bam a todas partes. Ellos saben dónde están los mejores escondites, dónde cae la sombra para descansar en las tardes calurosas, y quién tiene la lata de pescado más rica para compartir. Los gatos y los perros, aunque son diferentes, saben que cuando están juntos la vida es mucho más divertida.
Una mañana de verano, el sol salió muy brillante y cálido cuando Jazmín se despertó. Saltó de la cama, se puso su vestido favorito con flores de colores y salió corriendo al jardín. Bam la esperaba bajo el manzano, acomodado entre las ramas bajas, mientras Milo movía su cola emocionado junto a Luz y Manchita, que ya hacían carreras.
—¡Vamos, amigos! —dijo Jazmín con una sonrisa—. Hoy haremos una búsqueda del tesoro.
Todos los animales la miraron curiosos. Una búsqueda del tesoro, en el jardín, podía ser algo muy especial. Jazmín había escondido pequeñas pistas y sorpresas por todos lados la noche anterior, con la ayuda de mamá, que le había dado un mapa dibujado muy sencillo.
Primero, se pusieron a buscar el primer mensaje: estaba escondido entre las flores de la maceta amarilla. Jazmín lo encontró y leyó en voz alta:
—»Para empezar la aventura, hay que buscar donde el agua canta.»
—¿Dónde canta el agua? —preguntó Milo, olfateando.
—¡Claro! En la fuente del jardín —respondió Jazmín—. Vamos rápido.
Al llegar a la fuente, encontraron el segundo mensaje, que decía:
—»Ahora sigue la huella que el sol dejó sobre la piedra.»
Bam, con su aguda vista, mostró una pequeña sombra que el sol dibujaba sobre una piedra plana cerca del árbol. Allí estaba la siguiente pista escondida entre unas hojas secas. Y así, poco a poco, el grupo fue moviéndose por el jardín, entre risas, saltitos y ladridos alegres.
De repente apareció Rubén, el perro más grande y fuerte del grupo, que con su voz grave pero cariñosa dijo:
—¡Yo vi algo extraño cerca de la puerta del corral!
Jazmín fue corriendo y allí encontró un paquetito envuelto en papel de colores. Era el tesoro: unas galletas para perros y unas latas de atún para los gatos.
Los perros se sentaron felices alrededor, y los gatos se acercaron despacito, porque aunque les encanta jugar con los perros, también les gusta mantener un poquito de distancia para jugar a los escondites.
Mientras todos comían y compartían, Jazmín miró al cielo y dijo:
—Seguro Canela está muy feliz de vernos tan juntos y contentos.
Entonces, decidieron ir a visitar el lugar más secreto y especial del jardín: el pequeño refugio que Jazmín y la familia habían construido para los animales. Allí había una casita para Bam y sus amigos gatos, y una caseta grande para los perros. Pero no solo eso, también había un carril donde Jazmín y Milo practicaban saltos y carreras.
Esa tarde, la diversión no paró. Jazmín enseñó a los perros un juego nuevo: el escondite. Ella se escondía detrás de los arbustos o la silla de mimbre, y los perros tenían que encontrarla guiados por sus olfatos agudos. Luz, Manchita e India eran las mejores encontradoras, mientras Jero se dedicaba a hacer piruetas para llamar la atención. Los gatos preferían observar desde lo alto de la cerca o el techo, y a veces se lanzaban sigilosos para tocar las orejas de Jazmín o atrapar mariposas que pasaban.
Salami, el gato más travieso, propuso algo divertido: hacer una carrera para ver quién llegaba primero a la sombra del viejo roble. Lana, Calesi y Nina aceptaron el reto y comenzaron a correr, agazapadas, como si fueran pequeñas panteras. Jazmín gritaba de alegría animándolos, y aunque ella no corría tan rápido, le gustaba mucho verlos saltar y jugar.
Al caer la tarde, cuando ya el sol se escondía y la luz era dorada, Jazmín se sentó en el regazo de su mamá, que la esperaba para la merienda. Milo se acostó a sus pies, y Bam ronroneó apoyado en su hombro. Los perros y gatos se acomodaron alrededor, cansados pero felices de un día lleno de juegos y aventuras.
Antes de que Jazmín se durmiera, le pidió a mamá que le contara un rato la historia de Canela. Mamá le habló de la perrita que fue muy valiente y amorosa, que cuidó siempre de todos, y que ahora estaba en un lugar hermoso, donde podía correr libre y jugar con las estrellas. Jazmín cerró los ojos y imaginó a Canela saltando y corriendo feliz en el cielo, cuidando siempre de su gran familia.
Así, Jazmín aprendió que la amistad es posible entre todos, grandes y chicos, perros y gatos, y que lo importante es compartir, reír y cuidar los unos de los otros. Cada día con Bam, Milo, Luz, Manchita, y todos sus amigos peludos se convierte en una aventura maravillosa al sol, llena de amor y travesuras que guardará siempre en su corazón.
Y así, en esa casita con jardín, Jazmín, su gato Bam, su perro Milo y sus muchos amigos encontraron que la verdadera magia está en estar juntos, jugar, cuidar y soñar, día tras día, bajo el sol brillante que les regala un mundo de alegrías infinitas.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.