Cuentos de Animales

Hermanos inseparables en un mundo de fantasía y aventuras compartidas

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

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Había una vez, en un bosque lleno de árboles gigantes y flores de mil colores, dos animales que eran hermanos inseparables. Ulises, un pequeño ciervo de suaves patas y una naricita fresca, y Ruth, una encantadora coneja con orejas largas y suaves como el algodón. Juntos, vivían en una acogedora madriguera al pie de un gran roble. Desde el amanecer hasta que la luna aparecía en el cielo, Ulises y Ruth compartían aventuras emocionantes y momentos de diversión.

Un día, mientras exploraban las colinas cerca de su hogar, Ulises dijo emocionado: “¡Ruth! He escuchado rumores sobre un misterioso lago que brilla con los colores del arcoíris. ¿Te gustaría buscarlo?” Ruth saltó de alegría. “¡Sí, sí! ¡Vamos a encontrarlo!” Y así, comenzaron su travesía hacia el fabuloso lago arcoíris.

Caminaron y caminaron, subiendo y bajando colinas. Durante su travesía, se encontraron con un grupo de mariposas danzarinas que llenaban el aire de alegría. Las mariposas, de colores brillantes, giraban a su alrededor como si estuvieran celebrando una fiesta. Ulises les preguntó: “¿Saben dónde está el lago que brilla con los colores del arcoíris?” Una mariposa, muy amable, respondió: “Sí, lo sabemos. Sigan el sendero de flores amarillas junto al arroyo, y llegarán al lago. Pero tengan cuidado, porque en el camino hay un pequeño troll que a veces juega travesuras”.

Ulises y Ruth se miraron con curiosidad. “¿Un troll?” preguntó Ruth. “No te preocupes,” dijo Ulises, “no vamos a dejar que un pequeño troll nos detenga. ¡Vamos!” Así que, siguiendo las indicaciones de la mariposa, se dirigieron hacia el arroyo, cantando y riendo mientras corrían por el sendero de flores amarillas.

El sonido del agua fluyendo los acompañaba y los pájaros cantaban alegres melodías. A medida que se acercaban, comenzaron a ver la luz del lago reluciendo a lo lejos. Pero, de repente, escucharon un ruido peculiar. Era un pequeño troll, con una piel verde y arrugadita y una gran sonrisa en el rostro. “¡Hola, amigos!” dijo con voz jovial. “Soy Trolencio, el guardián de este sendero. ¿Qué hacen por aquí?”

Ulises, un poco inseguro, contestó: “Estamos buscando el lago que brilla con los colores del arcoíris”. Trolencio se rió y dijo: “Oh, el lago está muy cerca, pero primero tienen que resolver un acertijo. Si lo logran, podrán pasar. Si no, tendrán que bailar conmigo”.

Ruth, siempre divertida, dijo: “¡Nos encanta bailar! Pero, ¿cuál es el acertijo?” Trolencio sonrió y les dijo: “Escuchen atentamente: En un jardín de flores, yo crezco y florezco, soy dulce y brillante, ¿quién soy yo?”

Ulises y Ruth se miraron, tratando de pensar. “¡Una flor!” dijo Ruth con alegría. Pero Trolencio negó con la cabeza y dijo: “No, no. Piensen un poco más”.

Ulises cerró los ojos y se concentró. “¡Ya sé! ¡Es una fruta! ¡Una fresa!” Trolencio se rió a carcajadas. “¡Correcto! Pueden continuar su camino, pero no se olviden de bailar un poco para celebrar”.

Así que, antes de seguir, Ulises y Ruth se pusieron a dar vueltas y mover sus patas y orejas al ritmo de una canción imaginaria. Trolencio se unió a ellos, haciendo piruetas en su lugar. Después de un rato de danza, el pequeño troll les dijo: “Ahora sí, pueden ir a ver el lago arcoíris”.

Emocionados, los dos amigos cruzaron el sendero que llevaba al lago. Cuando llegaron, se quedaron maravillados por lo que veían. El lago brillaba con magníficos colores: rojo, azul, verde, amarillo y morado. ¡Era como un sueño! El agua reflejaba el cielo y las nubes, y alrededor había flores que parecían bailar al son del viento.

“¡Es hermoso, Ulises!” exclamó Ruth. “Mira cómo brilla todo!” Ulises dio un salto de felicidad. “¡Vamos a jugar!” Y enseguida corrieron hacia la orilla, chapoteando en el agua fresca y riendo a carcajadas.

Mientras jugaban, se dieron cuenta de que el lago no solo era bello a la vista, sino que también tenía poderes mágicos. Al tocar el agua, podían ver sus sueños reflejados. Ruth vio una imagen de ella saltando en una pradera llena de zanahorias gigantes, mientras que Ulises vio a muchos otros ciervos jugando felices alrededor de un gran árbol.

“¿Ves, Ruth? ¡Podemos traer nuestros sueños a la realidad si nos esforzamos!” dijo Ulises con entusiasmo. Decidieron que, a partir de ese día, harían todo lo posible para alcanzar sus sueños.

De repente, escucharon un grito. “¡Ayuda! ¡Por favor, ayúdenme!” Era un pequeño pájaro que había caído al agua y no podía salir. Sin pensarlo dos veces, Ulises y Ruth saltaron al agua. Ulises nadó hacia el pájaro, mientras Ruth lo animaba desde la orilla. “¡Tú puedes hacerlo, Ulises!” gritaba.

Con suavidad, Ulises se acercó al pájaro. “No te preocupes, te sacaré de aquí”, dijo. Con movimientos gentiles, logró agarrar al pájaro con sus cuernos y, usando toda su fuerza, lo llevó de regreso a la orilla. Ruth lo ayudó a salir del agua.

“¡Gracias! Me llamo Pico y estoy muy agradecido por su ayuda. No sé qué habría hecho sin ustedes”, dijo el pajarito, con lágrimas en los ojos. “Te llevaremos a un lugar seguro donde puedas descansar”, dijo Ruth.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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