Había una vez, en un hermoso bosque lleno de árboles altos y flores de colores brillantes, un grupo de amigos que eran muy especiales. Estos amigos eran Benny el Oso, Tini la Coneja, Tara la Ardilla, Max el León y Sammy la Iguana. Cada uno de ellos tenía su propia personalidad y juntos vivían momentos mágicos en su hogar, el Bosque de los Amigos Peludos.
Benny el Oso era grande y fuerte, con un pelaje suave y marrón. Aunque podía parecer un poco aterrador, era muy dulce y le encantaba ayudar a sus amigos. Tini la Coneja era pequeña y ágil, con orejas largas y una cola esponjosa. Siempre saltaba de alegría y le encantaba hacer reír a todos. Tara la Ardilla era traviesa y juguetona, con un lindo rostro y una cola peluda que agitaba felizmente cuando estaba emocionada. Max el León, el rey de la selva, tenía una melena hermosa y era muy valiente, pero también era muy amable. Y Sammy la Iguana, con su escamosa piel verde, era más tranquila pero siempre sabía cómo dar buenos consejos.
Un día, mientras los amigos jugaban en el claro del bosque, Tini la Coneja saltó cerca de una gran roca. “¡Miren, amigos! ¡Hay algo brillante cerca de esa roca!”, exclamó emocionada. Todos se acercaron para ver qué era. Benny, con su gran curiosidad, levantó la roca y su sorpresa fue enorme. Allí había un mapa, ¡un mapa del tesoro!
“¿Qué dice?” preguntó Tara la Ardilla, moviendo su cola con entusiasmo. El mapa tenía dibujos extraños y un camino que llevaban a un lugar marcado con una gran X. “¡Es un tesoro escondido!” dijo Max el León, mostrando su gran sonrisa. “¡Debemos encontrarlo!”, agregó Tini, saltando de felicidad.
Benny, siempre el más sensato, dijo: “Pero deberíamos ser cuidadosos. Nunca hemos ido más allá del río. No sabemos qué podemos encontrar.” Todos concordaron, pero la emoción de la aventura era más fuerte que el miedo.
Así que sin pensarlo más, Benny, Tini, Tara, Max y Sammy decidieron seguir el mapa juntos. Empezaron a caminar por el bosque, cantando y riendo, mientras el sol brillaba por entre las copas de los árboles. Pasaron por un arroyo donde las mariposas danzaban y los pájaros cantaban. Tini saltó detrás de una mariposa y se perdió un poquito, pero rápidamente regresó con sus amigos.
Después de un rato, llegaron al río, que era más grande de lo que habían imaginado. “¿Cómo cruzamos?” preguntó Tara, mirando hacia el agua. Max, siempre valiente, dijo: “Puedo saltar a la otra orilla y ayudarles a cruzar a todos.” Y así lo hizo. Con un gran salto, el león cruzó el río, y luego, uno a uno, ayudó a sus amigos a saltar con seguridad.
Al otro lado del río, encontraron un hermoso campo lleno de flores y frutas. “¡Miren cuántas fresas!” exclamó Sammy la Iguana. Todos comenzaron a recoger fresas para comer. El sabor era delicioso y refrescante. Mientras se deleitaban con las fresas, Tara dijo: “Me pregunto qué más hay en este mapa.”
Benny, mirando el mapa, dijo: “¡Sigamos! Creo que el tesoro está cerca.” Así que continuaron caminando, siguiendo las marcas del mapa, y de pronto se encontraron ante un gran árbol antiguo, con hojas que tocaban el cielo. El árbol tenía un tronco grueso y sus raíces parecían salir del suelo como si quisieran jugar.
“¡Aquí es!” gritó Tini, apuntando al mapa. “La X está justo allí bajo el árbol.” Todos comenzaron a excavar con sus patas y garras, y después de un rato, escucharon un sonido metálico. “¡He encontrado algo!” gritó Benny, sacando una caja pequeña y polvorienta. Con mucho cuidado, abrieron la caja, y dentro encontraron joyas brillantes, monedas doradas y un hermoso collar de perlas.
“¡Es un tesoro maravilloso!” dijo Max emocionado. Todos miraron el tesoro y sonrieron, pero Sammy la Iguana, que siempre pensaba un poco diferente, les dijo: “Amigos, este tesoro es hermoso, pero creo que el verdadero tesoro es la aventura que hemos tenido juntos.”
Todos se miraron y sonrieron porque sabían que Sammy tenía razón. Habían disfrutado de un día increíble, habían superado miedos y habían trabajado juntos como amigos. Así que decidieron qué hacer con el tesoro. “Podríamos compartirlo con todos los animales del bosque”, sugirió Tini. “¡Sí!” dijeron todos a la vez.
Regresaron al claro del bosque y llamaron a los demás animales. Cuando llegaron, les contaron sobre su aventura y les mostraron el tesoro. Benny, Tini, Tara, Max y Sammy compartieron las joyas y las monedas con todos sus amigos, llenando el bosque de risas y alegría.
Esa noche, bajo las estrellas brillantes, todos celebraron una gran fiesta. Bailaron, cantaron y disfrutaron de la compañía mutua. Mientras miraban las estrellas, Benny dijo: “Hoy hemos aprendido que lo más importante no es el tesoro que encontramos, sino las aventuras y los momentos que compartimos juntos.” Y así, todos estuvieron de acuerdo. Desde aquel día, el Bosque de los Amigos Peludos se llenó de más risas y buenos momentos, porque sabían que la amistad era el mejor tesoro de todos.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.