Antonio era un niño muy pensativo y curioso. Le encantaba hacer preguntas y buscar respuestas a todo lo que le rodeaba. Siempre se preguntaba por qué el cielo era azul, cómo funcionaban las estrellas y qué significaban los sueños. Un día, mientras paseaba por el parque, Antonio encontró un gran árbol con ramas que se extendían como si fueran brazos, invitándolo a acercarse. Decidió sentarse bajo el árbol, esperando encontrar algo nuevo que aprender.
Mientras descansaba, Antonio se quedó dormido y comenzó a soñar. En su sueño, el parque se transformó en un lugar mágico, lleno de luz y color. Frente a él, aparecieron cinco figuras que irradiaban sabiduría. Una mujer sabia llamada Marcela, con largos cabellos oscuros y una túnica, se acercó primero. A su lado, un hombre mayor con barba y una toga, llamado Platón, sonreía amablemente. Un hombre de mediana edad con cabello rizado y una túnica, Aristóteles, le seguía. También estaba Carlos, un joven con una túnica, que parecía tan curioso como Antonio. Por último, Santiago, otro joven pero con una túnica más sencilla, completaba el grupo.
Antonio se frotó los ojos, sorprendido de ver a estas figuras tan antiguas y sabias frente a él. «¿Quiénes son ustedes?» preguntó con asombro.
Marcela se inclinó y le sonrió. «Somos filósofos, Antonio. Cada uno de nosotros ha dedicado su vida a buscar respuestas a las preguntas más profundas de la vida. Queremos compartir nuestros conocimientos contigo.»
Antonio se sintió emocionado y un poco intimidado, pero su curiosidad era más fuerte. «Me encantaría aprender de ustedes», dijo.
Platón fue el primero en hablar. «Antonio, déjame contarte sobre mi teoría de las Ideas. Yo creo que el mundo que vemos es solo una sombra de un mundo más perfecto y eterno. Imagina que todo lo que ves aquí es solo un reflejo de lo que realmente existe en un mundo de ideas puras.»
Antonio se quedó pensativo. «¿Entonces, todo lo que veo no es real?»
«No exactamente», respondió Platón. «Es real, pero es solo una copia imperfecta de la verdadera esencia que existe en el mundo de las Ideas.»
Aristóteles intervino. «Antonio, mi maestro Platón y yo tenemos diferentes opiniones. Yo creo que el conocimiento se obtiene observando el mundo que nos rodea. Todo lo que vemos, tocamos y experimentamos es real y es a través de nuestras observaciones que aprendemos.»
Antonio miró a Aristóteles, intrigado. «¿Entonces, es mejor observar y aprender del mundo?»
«Sí, exactamente», respondió Aristóteles. «La observación y la experiencia nos enseñan mucho sobre la naturaleza y la realidad.»
Carlos, que había estado escuchando atentamente, intervino. «Antonio, también es importante aprender de los demás y trabajar juntos. La cooperación y el diálogo son esenciales para entender el mundo.»
Antonio asintió, viendo cómo cada filósofo tenía una perspectiva diferente pero igualmente interesante. Santiago, que había estado en silencio, finalmente habló. «Y no olvides, Antonio, que la ética y el buen comportamiento son fundamentales. Debemos vivir nuestras vidas con virtud y justicia.»
Antonio se sintió abrumado pero también emocionado. Había tanto que aprender de estos filósofos. Decidió hacer una pregunta que siempre había tenido. «¿Por qué a veces me siento triste sin razón?»
Marcela respondió con suavidad. «Antonio, las emociones son una parte natural de ser humano. A veces, la tristeza puede aparecer sin una razón clara, pero siempre debemos recordar que es una emoción pasajera. Es importante hablar sobre nuestros sentimientos y no tener miedo de buscar ayuda cuando la necesitamos.»
Antonio asintió, sintiéndose comprendido. Luego, recordó otra pregunta que siempre le había intrigado. «¿Por qué soñamos?»
Platón respondió. «Los sueños son una ventana a nuestro subconsciente, una forma en que nuestra mente procesa nuestras experiencias y pensamientos. A veces, los sueños pueden enseñarnos cosas sobre nosotros mismos que no conocemos mientras estamos despiertos.»
Aristóteles agregó. «Y a veces, los sueños pueden ser simplemente una mezcla de nuestras vivencias diarias. No todos los sueños tienen un significado profundo, pero pueden ser una forma de explorar nuestra imaginación.»
Antonio sonrió, sintiendo que sus preguntas estaban siendo respondidas de manera clara y comprensible. Decidió hacer una última pregunta. «¿Cómo puedo ser una buena persona?»
Santiago respondió con firmeza. «Ser una buena persona significa actuar con integridad y honestidad. Debes tratar a los demás con respeto y amabilidad, y siempre esforzarte por hacer lo correcto, incluso cuando sea difícil.»
Carlos añadió. «También es importante ser compasivo y estar dispuesto a ayudar a los demás. La bondad y la empatía son esenciales para construir un mundo mejor.»
Marcela concluyó. «Y no olvides ser fiel a ti mismo, Antonio. La autenticidad y el amor propio son la base para vivir una vida plena y feliz.»
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.