Cuentos de Aventura

Aventura en la Plaza Torcaza

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Era un hermoso día de sol, y la Plaza Torcaza estaba llena de risas y alegría. Plaza, una niña de cabello recogido en dos coletas, vestía un brillante vestido amarillo. Ella siempre estaba lista para la aventura. Ese día, sus amigos Hamacas, Calesita, Tobogán y Sube Y Baja también estaban allí, ansiosos por jugar.

Hamacas era un niño travieso que siempre llevaba una gorra roja y una camiseta a rayas. Le encantaba balancearse en los columpios. “¡Vamos a ver quién puede balancearse más alto!”, gritó mientras corría hacia los columpios. Plaza lo siguió, riendo. Calesita, una niña con rizos dorados y un vestido colorido, estaba en el carrusel, girando con emoción. “¡Miren, miren! ¡Soy una princesa en su carruaje!”, exclamó feliz.

Mientras tanto, Tobogán, el más aventurero del grupo, se preparaba para deslizarse por el tobogán. “¡Abran paso, aquí voy!”, gritó mientras subía rápidamente. Sube Y Baja, una niña alegre con una diadema de flores, lo animaba desde abajo. “¡Tobogán, tú puedes hacerlo! ¡Deslízate como un cohete!”, le decía.

La plaza era un lugar mágico. Había un gran árbol en el centro que daba sombra, un montón de flores de todos los colores, y, lo más importante, una hermosa fuente de agua. Cada vez que el agua salía disparada, los niños reían y saltaban para mojarse un poco.

“¡Vamos a jugar a los piratas!”, sugirió Plaza. A todos les encantaba la idea. “Tú puedes ser la capitana, Plaza”, dijo Calesita. “Y nosotros seremos tu tripulación”. Plaza se puso la gorra de Hamacas, que le quedaba un poco grande, y comenzó a dar órdenes. “¡Navegamos hacia la isla del tesoro! ¡Tomen sus espadas!”, gritó.

Con palos en la mano, los niños comenzaron a pelear contra los monstruos imaginarios. “¡Cuidado, monstruo de tres ojos!”, dijo Tobogán mientras saltaba para atacar. “¡No dejaré que nos detengas!” Todos reían y corrían por la plaza, haciendo ruidos de espada y luchando contra los monstruos.

Después de una intensa batalla, los niños se detuvieron a descansar bajo el gran árbol. “Estoy cansada, pero fue muy divertido”, dijo Sube Y Baja, mientras se tumbaba en el césped. “Sí, pero ¿qué tal si ahora jugamos a la carrera de obstáculos?”, sugirió Hamacas. “¡Buena idea!”, gritaron todos al unísono.

Los niños comenzaron a correr, saltando sobre bancos, esquivando flores y deslizándose por el tobogán. Plaza, que era muy rápida, tomó la delantera. “¡Soy la ganadora!”, gritó cuando llegó a la meta, justo al lado de la fuente. “¡Tú siempre ganas!”, le respondió Calesita, riendo.

De repente, mientras todos estaban emocionados por la carrera, empezaron a escuchar una melodía suave que provenía de la fuente. Era la canción de “Los Angelitos Resfriados”. La música llenó el aire con notas alegres, y los niños se detuvieron a escuchar. “¡Es la canción de la fuente!”, exclamó Tobogán, moviendo sus pies al ritmo de la melodía.

“¡Vamos a bailar!”, propuso Plaza. Todos se pusieron a bailar, moviendo los brazos y las piernas al compás de la música. La plaza se llenó de alegría mientras los niños giraban y reían. La fuente parecía bailar también, ya que el agua saltaba al ritmo de la canción.

De repente, Hamacas tuvo una idea. “¡Hagamos una coreografía!”, dijo. “Podemos movernos en círculos y saltar al mismo tiempo”. Todos estuvieron de acuerdo y comenzaron a practicar sus movimientos. Plaza contó hasta tres y, al llegar a uno, todos saltaron al unísono.

La fuente brillaba bajo el sol, y los colores del agua reflejaban la felicidad de los niños. “¡Esto es lo mejor!”, gritó Calesita. “Nunca me había divertido tanto”. Mientras continuaban bailando, se dieron cuenta de que otros niños en la plaza también se unían a ellos, disfrutando de la música y la danza.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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