Era un día normal en la escuela de Amanda. La sala estaba llena de risas y colores, como siempre. Amanda estaba sentada en la mesa con sus amigos Luca y Molly, mientras la maestra cantaba una canción alegre para comenzar la clase. Pero Amanda sentía algo especial en el aire, como si ese día fuera diferente a los demás.
De repente, justo en la ventana de la sala, apareció un pequeño y brilloso colibrí mágico. Tenía colores que cambiaban como el arcoíris y movía sus alas muy rápido, haciendo un dulce sonido. Amanda, sorprendida, se acercó a la ventana y el colibrí le habló con voz suave y mágica:
—Hola, Amanda —dijo el colibrí—. Hoy es un día muy especial, porque las vacaciones están por comenzar. Y hay una misión que solo tú puedes cumplir.
Amanda se frotó los ojos para asegurarse de que estaba viendo bien. Luca y Molly también miraban fascinados al colibrí. Amanda preguntó con voz suave:
—¿Qué misión, colibrí?
—Una misión mágica para encontrar el tesoro del kinder —respondió el colibrí—. El tesoro está en todos los recuerdos bonitos que tú y tus amigos han vivido este año. Si me ayudas, descubriremos juntos ese tesoro.
Amanda sonrió emocionada. Ella quería ayudar al colibrí, así que tomó la mano de Luca y de Molly. Los tres niños comenzaron a caminar por la sala, guiados por el pequeño colibrí mágico que iba delante de ellos.
La primera parada fue cerca del rincón de la lectura. Allí, Amanda recordó una risa compartida con sus amigos mientras leían un cuento divertido. Se escucharon risas felices que vinieron del rincón y Amanda dijo:
—¡Sí! Esa risa fue una de las mejores de todo el año. ¡Nos reímos mucho cuando el pato del cuento hacía travesuras!
Luca y Molly también recordaron aquella risa. El colibrí sonrió y les dijo:
—Muy bien, Amanda. Ese es el primer recuerdo del tesoro. Sigamos para encontrar más.
Los niños siguieron caminando por el salón y llegaron al mural que estaba lleno de dibujos de todos los niños. Amanda vio su dibujo coloreado de un sol brillante. Se acercó y tocó el dibujo con cariño.
—Este es otro recuerdo —dijo Amanda. —Yo dibujé esto cuando aprendimos sobre el verano.
Molly señaló su dibujo también, un árbol con muchas frutas, y Luca mostró uno con un caracol. El colibrí explicó:
—Cada dibujo es un recuerdo especial. Los colores y las formas son parte del tesoro mágico del kinder.
Contentos, siguieron su recorrido por la clase, ahora llegando al lugar donde la maestra ponía la música para jugar y cantar. Amanda reconoció la canción que tantas veces habían cantado juntos.
—¡La canción! —dijo Amanda—. Esa canción que aprendimos para bailar y cantar los días de fiesta.
Luca comenzó a cantar una parte y Molly se unió. Amanda se puso a bailar mientras el colibrí revoloteaba alegremente.
—Las canciones también son parte del tesoro —dijo el colibrí—. Ellas nos hacen sentir felices y nos unen todos como amigos.
Luego los niños se fueron hasta la alfombra donde siempre se daban abrazos cuando estaban tristes o contentos. Amanda recordó un abrazo muy fuerte que le dio Molly el día que estaba un poco triste porque extrañaba a su mamá.
—Ese abrazo me ayudó a sentir mejor —dijo Amanda—. Es un recuerdo muy bonito.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.