Había una vez, en el mágico País de las Maravillas, un niño llamado Jhoan, hijo de la temida Reina de Corazones. Aunque su madre era una figura poderosa, Jhoan se sentía atrapado bajo sus estrictas reglas y la presión de vivir a la altura de su legado. A menudo, soñaba con ser libre, explorar el mundo y descubrir quién era realmente.
Un día, mientras paseaba por los exuberantes jardines del castillo, Jhoan se encontró con su amiga Dulce, una niña valiente y llena de vida. Tenía el cabello largo y rizado, y siempre sabía cómo hacer reír a Jhoan, incluso en los momentos más oscuros.
—¡Hola, Jhoan! —saludó Dulce, sonriendo—. ¿Qué tal tu día?
—No tan bueno como quisiera —respondió Jhoan, mirando el suelo—. Mi madre dice que debo ser un príncipe perfecto y que nunca debo desobedecer sus órdenes.
Dulce frunció el ceño, comprendiéndolo.
—A veces es difícil ser quien somos cuando otros esperan tanto de nosotros. Pero yo creo que eres increíble tal como eres, Jhoan.
Jhoan sonrió, sintiéndose un poco mejor.
—Gracias, Dulce. Pero, ¿no sería genial poder vivir una aventura, lejos de aquí?
Dulce pensó por un momento y luego su rostro se iluminó con una idea.
—¡Tengo una idea! ¿Y si encontramos algo mágico? Como un reloj que nos permita viajar en el tiempo. Podríamos ver cómo era el País de las Maravillas antes de que tu madre lo gobernara.
Jhoan se sintió emocionado.
—Eso suena asombroso. ¡Vamos a buscarlo!
Los dos amigos decidieron que era hora de explorar. Se adentraron en el bosque encantado que rodeaba el castillo. El bosque estaba lleno de árboles altos y criaturas curiosas. Los pájaros cantaban melodías alegres mientras Jhoan y Dulce se aventuraban más adentro.
Después de un rato, llegaron a un claro donde encontraron un viejo reloj de bolsillo. Tenía una esfera dorada y un brillo especial que capturó su atención.
—Mira, Dulce, ¡aquí está! —exclamó Jhoan, levantando el reloj con emoción.
Cuando lo abrieron, vieron que las manecillas giraban rápidamente, y una luz brillante salió de él, envolviéndolos. En un instante, se encontraron en una parte diferente del tiempo, rodeados de colores vibrantes y una atmósfera mágica.
—¡Lo hicimos! —gritó Jhoan, mirando a su alrededor—. ¡Estamos en el pasado!
Dulce se asomó a un grupo de animales que danzaban y jugaban en un claro cercano. Había un conejo blanco que corría de un lado a otro y un sombrerero que preparaba una fiesta de té. Jhoan y Dulce se sintieron como si estuvieran en un sueño.
Mientras exploraban, comenzaron a escuchar risas. Siguieron el sonido y se encontraron con una reunión de personajes extravagantes, donde vieron a la joven Bridget, la madre de Jhoan, rodeada de amigos. Ella era divertida y amable, riendo y compartiendo historias.
—Mira, Dulce. ¡Es mi madre! —dijo Jhoan, sorprendido—. Nunca la había visto así.
Dulce sonrió al ver la felicidad en el rostro de Bridget.
—Ella parece tan feliz. Tal vez aquí es donde podemos aprender más sobre ella.
Los dos amigos se acercaron a la reunión, y Jhoan sintió una conexión especial al ver a su madre en su juventud. Quería saber más sobre quién era y qué había cambiado en el tiempo.
Mientras observaban, de repente, un rayo de sombra atravesó la reunión. Era Uliana, la hermana menor de Úrsula, quien miraba con desdén.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó, cruzando los brazos—. No son bienvenidos.
Bridget se dio cuenta de la tensión y se acercó a Jhoan y Dulce.
—¿Quiénes son estos niños? —preguntó, su voz llena de curiosidad.
—¡Hola, señora! —saludó Dulce—. Somos amigos de Jhoan, su hijo.
Bridget sonrió, pero de inmediato notó la presencia de Uliana.
—¡Uliana! No deberías ser tan grosera. Todos merecen ser tratados con respeto, incluso si no los conoces.
Uliana frunció el ceño, pero se contuvo. Jhoan se sintió aliviado al ver que su madre defendía el respeto y la amabilidad.
Mientras la fiesta continuaba, Jhoan y Dulce se sentaron a un lado para observar y aprender. A medida que pasaba el tiempo, Jhoan notó algo extraño: Uliana estaba hablando en voz baja con una figura oscura en las sombras, un ser que parecía tener intenciones maliciosas.
—¿Qué está haciendo? —preguntó Jhoan, sintiendo una punzada de preocupación.
Dulce se inclinó hacia él, mirando con atención.
—Parece que está planeando algo. No podemos permitir que haga daño a tu madre.
Ambos decidieron acercarse un poco más para escuchar.
—Con esta estatua de hielo, convertiré a Bridget en una figura de hielo durante el baile escolar —susurró Uliana al ser oscuro—. Nadie podrá detenerme.
Jhoan se sintió aterrorizado. Sabía que debía actuar rápido para proteger a su madre.
—¡Dulce! Debemos avisar a Bridget antes de que sea demasiado tarde.
Ambos se movieron sigilosamente, intentando acercarse a Bridget y advertirle del peligro. Cuando llegaron a ella, Jhoan la miró a los ojos, tratando de encontrar las palabras correctas.
—Mamá, tienes que tener cuidado. Uliana está planeando convertirte en una estatua de hielo.
Bridget frunció el ceño, sorprendida por la advertencia.
—¿Qué? Eso no tiene sentido.
Pero antes de que pudiera decir algo más, la figura oscura salió de las sombras y se acercó, lanzando un hechizo hacia Bridget.
—¡Detente! —gritó Jhoan, corriendo hacia su madre mientras Dulce se interpuso para protegerla.
En ese momento, un destello de luz apareció de repente, y Merlín, el sabio mago, apareció con su bastón brillante.
—¡Alto! —exclamó Merlín, usando su magia para desviar el hechizo de Uliana.
—¿Qué hacen estos niños aquí? —gritó Uliana, furiosa.
Merlín miró a Jhoan y Dulce, y comprendió lo que había pasado.
—Vinieron a proteger a Bridget, y han demostrado un gran valor. Sin embargo, deben tener cuidado con el tiempo y sus decisiones.
La batalla mágica entre Merlín y la figura oscura se intensificó. Jhoan y Dulce se sintieron inspirados por el valor de Merlín. En ese momento, Jhoan decidió que debía actuar.
—¡Dulce! —dijo—. Necesitamos usar el reloj. Tal vez podamos regresar y detener esto antes de que suceda.
Dulce asintió, aunque sintió un pequeño miedo en su corazón.
—Sí, pero ¿cómo?
Jhoan miró el reloj de bolsillo, pensando en cómo podría usarlo para cambiar el curso de los eventos.
—Debemos concentrarnos y desear regresar al momento exacto antes de que Uliana ataque a mi madre.
Mientras Merlín luchaba con el ser oscuro, Jhoan y Dulce se unieron y comenzaron a girar el reloj. Un brillo intenso envolvió a los dos amigos, llevándolos de regreso al tiempo.
De repente, se encontraron de vuelta en el claro del bosque, justo antes de que comenzara la fiesta. Jhoan sintió un alivio inmenso al darse cuenta de que aún había tiempo.
—¡Rápido, debemos encontrar a Bridget! —dijo Jhoan, mientras corría junto a Dulce hacia la fiesta.
Cuando llegaron, vieron a Bridget riendo con sus amigos, despreocupada. Jhoan sabía que debían actuar antes de que Uliana apareciera.
—¡Mamá! —gritó Jhoan—. ¡Debes tener cuidado!
Bridget se volvió, sorprendida por la urgencia en la voz de su hijo.
—¿Qué sucede, Jhoan?
Jhoan explicó rápidamente lo que había escuchado de Uliana y la amenaza que se cernía sobre ella.
—No puedo dejar que te conviertan en una estatua de hielo.
Bridget miró a su hijo con preocupación, pero también con amor.
Cuentos cortos que te pueden gustar
La Noche Mágica del Parque de los Sueños
Sinfonía de Luz en Nearon: La Magia de Memi
La Aventura de Juanito y Pepito
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.